Los ajustes
en las arcas municipales están levantando las primeras ampollas. Nadie puede
estar contento cuando se trata de recortar porque, de una manera u otra, de
manera más directa o indirecta, todos acabamos tocados.
En
cualquier caso, sí es deseable que esos sacrificios sean rigurosamente
repartidos y alcancen el máximo de igualdad. Sé que no es fácil de conseguir
con una precisión milimétrica pero sí es deseable que las tijeras se ajusten al
máximo a este principio.

Sólo hay
una receta posible; buscar recursos para aumentar los ingresos y buscar
fórmulas de aminorar los gastos.
En el
capítulo de ingresos se debe presionar al Estado para que los Ayuntamientos
dispongan directa e íntegramente de los recursos asignados a los servicios que
prestan obligatoriamente, sin el filtro menguante de la Junta. También para
modificar la Ley de Financiación de las Administraciones Locales y que se
ajusten a la realidad las transferencias a municipios, hasta ahora enmascaradas
por la recaudación vía sector inmobiliario. Y por supuesto, arbitrar medidas
eficaces de vigilancia para que las “meriendas de negros” recientes no se
repitan mañana.
También hay
que ofrecer a las empresas, principalmente a la pequeña y mediana, también a
los emprendedores con proyectos viables, un lecho de flores para que hagan
realidad sus proyectos y empeños. Pero no debe tratarse de un apoyo estético
sino un casi mimo.
Lo que no
es recomendable hacer bajo ningún concepto, en ninguna administración, es hacer
un plus de recaudación vía impuestos, ni directa ni indirectamente, es decir,
ni a través de IVA u otros ni por el conducto de saquear bolsillos a través del
ORA o del azote de las multas indiscriminadas. La vaca ya no da más leche, como
el bolsillo de los ciudadanos.
En el
capítulo de gastos, en Ayuntamiento de Jerez debe seguir criterios,
sencillamente, de responsabilidad, valentía y sentido común. La situación es
tan grave que todo debe valer.
En lo
relativo a gastos de personal, el cacareado capítulo Uno, se debe prescindir de
lo prescindible y paliar el tijeretazo con una eficiencia que presumo muy
dudosa. Esto se traduce, hablando en plata, en la adecuación de los sueldos a
los nefastos tiempos que corren –siempre partiendo de unos mínimos- y en que no
haya más personal que el estrictamente necesario para el buen funcionamiento de
los servicios al ciudadano. Todos los enchufados que menudean por el
Ayuntamiento, todos aquellos que mágicamente no cumplen los requisitos de
capacitación o titulación para el puesto que desempeñan, todos esos apellidos
machaconamente repetidos en las nóminas municipales, deben ser estudiados y
devueltos al mundo de los mortales. Es triste prescindir de gente, con familia
y necesidades, pero más triste es que la tropa enchufados se costee por quienes
ya casi nada tienen y lucen su desesperación en las colas del SAE o INEM –otra
duplicidad con tufo a golfada-.

En lo restante,
hay que asumir las empresas municipales rentables y concesionar las que no lo
son, hay que vender si es preciso patrimonio inservible en aras de la actividad
económica –como los pórticos de la plaza de Arenal para destino comercial-, hay
que pedir a los sindicatos la misma responsabilidad que demandan, con sus miles
de orondos liberados, y recordarles que todas esas contrataciones masivas que
hoy son el grueso del problema de la ciudad fueron permitidas por ellos a
cambio de las correspondientes “tajadas” coparticipativas.
Y así hasta que consigamos equilibrar la balanza.
No cabe
duda de que hay que tomar medidas urgentes y de que los jerezanos deben hacer
un gran esfuerzo de solidaridad, más allá de sus intereses, que de momento no
he visto.
Pero lo que
no es justo, y no tengo siglas, que estemos santificando a quienes apalearon a
Jerez con sus excesos y caprichos, que seamos indulgentes con quienes no
prestaron los primeros auxilios y que nos ensañemos ahora con quienes intentan
salvar al moribundo.
La mirada
del bizco.