lunes 23 de noviembre de 2009

MI AMIGO SOCIALISTA


Alguien dijo que un buen político debe responder siempre, pero nunca contestar. Hoy, esto es tan cierto como preocupante. Y es que responder sin contestar es tanto como decir que los problemas importan un bledo y lo único que interesa es salir bien en la foto. O también que lo vital es depositar sus reales en un sillón y no la gestión. Y más grave aún, es tanto como rebajar la democracia al juego de quién engaña mejor.
Mi amigo socialista es así. Ha sido entrenado para responder o escapar, pero nadie le ha enseñado a contestar. Tiene preparada una colección de soniquetes para eludir los apuros. Si habla de corrupción, menciona Gurtel pero nunca Santa Coloma. Si habla de manipulación, habla de las encuestas de los otros y no de las propias. Si habla de procesados, menciona a los doscientos populares pero ni pío de los casi trescientos socialistas. Si habla de sueldos excesivos, apunta a Gallardón y no menciona el de González Cabañas. Si habla de guerra civil, siempre se refiere a las víctimas republicanas y a los verdugos nacionales, santos y demonios. Probablemente, como la patética Almudena Grandes, piensa que las monjas estaban encantadas mientras eran violadas.
Eso sí, los que pensamos que los golfos no tienen siglas, que en política hay demasiada mentira, que la guerra fue una atrocidad entre hermanos, que los partidos tienen mucho de pesebre, que hay buenos y malos en un lado y otro, somos inmediatamente catalogados como mordisqueadores de ambos lados, como la gente de UPyD. La verdad es que, sin querer, me está halagando al ubicarme en las proximidades de la coherencia de Rosa Díez o Fernando Savater y no en la monovisión de la vida política. Y quizás su visión despreciativa de este partido se cimente en que la subida de esta formación y sus principios ponen en peligro su apetitosa teta.
Pero yo le tengo aprecio a mi amigo socialista. Quizás sea porque me recuerda en alguna medida a mi mujer. Cuando ella trabaja y yo cuido a las niñas, ella es la agotada. Y cuando yo trabajo y ella cuida a las niñas, también.

domingo 15 de noviembre de 2009

Discriminación semántica


Puestos a prohibir, que está de moda la prohibición y todo lo regulan menos el tráfico de tontos, hay que prohibir también determinados manejos de la lengua castellana. La miembra del Gobierno doña Bibiana, seguramente, suscribirá esta vez mi aserto. O igual le doy una idea para que pueda amenizar el cotarro político en los dos próximos meses y amordazar el agudo malestar porque, según Europa, somos los más pobres, los más maleducados, los más parados, los más golfos, etcétera… de toda la pandilla.
Tome nota doña Bibiana de estas infamias lingüísticas contra lo femenino, de ese gusto del populacho por menoscabar al género débil -que me río yo de esto- y lustrar al género fuerte -que me sigo yo riendo-. Vea usted, por ejemplo, que “zorro” se interpreta como espadachín justiciero y “zorra” como puta, que el “perro” resulta ser el mejor amigo del hombre mientras que la “perra” es también una puta -a veces más amigas del hombre que el mismo perro-, que el “aventurero” es el hombre osado, valiente y temerario mientras que la “aventurera” es firme proyecto de puta, que “uno cualquiera” se entiende como persona indeterminada pero “una cualquiera” se refiere a una puta, que el “hombrezuelo” es un varón insignificante o de corta talla mientras la “mujerzuela” es considerada definitivamente una puta, que el “golfo” define un enclave marino mientras que la “golfa” es cercana a puta, o que el hombre que vende sus servicios es llamado “consultor” mientras la mujer que vende sus servicios es una puta.
Hay que acabar radicalmente, doña Bibiana, con esta disfunción semántica según el género, arrancando lenguas maliciosas o declarando ingrato a Cervantes, persiguiendo esas fórmulas siempre oprobiosas para las damas y halagadoras del macho, enaltecedoras del hombre y despreciativas de la hembra. Pero sobre todas las interpretaciones vejatorias, hay que exterminar urgentemente la que más atañe a su rango; mientras los Ministros son “hombres públicos”, las “mujeres públicas” son catalogadas, una vez más, como putas.

lunes 9 de noviembre de 2009

JEREZ BAJO CERO


Jerez de la Frontera atraviesa la crisis más profunda que he conocido. La ciudad de la opulencia se ha convertido en un descuidado amasijo de cenizas, mugre y parados.
-¿De qué sirve el carril bici si no puedo comprarme ni una bicicleta? -me decía uno-.
La crisis actual ha dejado de ser “psicológica”, como decían frívolamente algunos, para invadir los estómagos de los jerezanos. Todo se vende y se alquila, todos los bancos -los de tomar asiento- están ocupados, hay demasiada gente infeliz y crispada. Por menos de esto, con cualquier otro gobierno, habría barricadas por las calles. Pero no. Los sindicatos han evidenciado que sólo se activan para abatir gobiernos de derechas y que lo demás importa un carajo -muy jerezano esto-.
Entretanto, la respuesta gubernamental es reiterativa; torpezas, remiendos, mentiras y una hoja de ruta errática. Hasta una ex-ministro socialista comentaba pública y recientemente que sería mucho más eficaz que no hicieran nada. Duro pero cierto.
-Se han quitado el uniforme de gestor y se han vestido de Reyes Magos –me decía otro-.
La crisis llamada de los bancos y los ladrillos es la general, el gran aviso de un orden podrido. Pero en Jerez, además, sumamos los últimos coletazos de la decadencia vinatera y el desmantelamiento industrial de sus últimos capítulos supervivientes. Si no se vende vino, no hay vides, no hay etiquetas, no hay transportes, no hay toneleros, no hay tapones y no hay botellas. Es de cajón.
-Hay que reinventar el vino de Jerez –me comenta un jerezano creyente-.
Y lleva razón. Yo sigo creyendo en el vino de Jerez porque es un producto único, pero levantado a partir de una promoción explosiva y aupado en estructuras y caras nuevas, bien distintas a las que han protagonizado su debacle.
Pero, además, nos haría falta una segunda pata, para no caernos de nuevo. Hay que relanzar el turismo. Me pregunto cómo se puede ser tan torpe de no saber vender un producto tan apetitoso, variado y distinto como la provincia de Cádiz, de convertir nuestra tierra en un destino de referencia.
-Aquí siempre apostamos a lo Morales y nunca a lo Florentino –me dice un hincha-.
Y una tercera pata, para consolidarnos, que debe tomar como eje nuestro verdadero patrimonio inmaterial; la creatividad y las ideas. Las instituciones deben trasladar su veneración por los sillones a los emprendedores, a los empresarios en todas sus dimensiones, llevarlos en volandas y no sembrar de obstáculos sus caminos.
-Las instituciones están para hacernos la vida más llevadera y no para hacernos la puñeta –me dice mucha gente-.
Tenemos un futuro esperanzador pero pasa por medidas reales y no estéticas, de profundo calado, y que exigen unidad y buena fe. Si para colmo, además de lo dicho, hacemos una triple regeneración, política, económica y ética, de este país y de esta ciudad, mejor que mejor.

jueves 5 de noviembre de 2009

El vuelo de los moscardones


También en el mundo literario hay de todo, como en botica.

Primero, en el escalón inferior, casi en el fango, están los “juntaletras”. Esta raza seudoliteraria y que emputece la categoría escribe únicamente con un horizonte monetario o por revestir de cierta intelectualidad su muy bajo cartel. Obviamente, como escribir es un desempeño más exigente que enseñar el culo o presentar un programa de inmundicias, sólo consiguen vender a sus referentes naturales en el mundo corriente, aunque sean un ejército, pero jamás trascender. En estos casos, más que nunca, aunque reciban premios, escritor viene de escribir. A secas.

En segundo lugar, equiparable al anterior, están los “escritores de pasillo”. Estos, al menos, se lo curran. Pero no escribiendo cosas maravillosas de manera maravillosa sino a base de piernas. Vayas donde vayas siempre están allí, hasta debajo de las mesas. Saben exactamente donde se encuentran los resortes clave para encaminar sus publicaciones, abren a la primera las puertas oportunas e incordian lo suficiente para plasmar su mediocridad manifiesta en libros. Son publicadores por aburrimiento. Y es que, de no hacerlo así, serían inéditos meritorios y perpetuos.

El tercer grupo está formado por los “escritores de camarilla”. Son pandillas de amigotes y coincidentes que manejan el cotarro literario con una estrategia endogámica y vergonzante. Tal día son jueces y premian a fulano; al día siguiente, favor por favor, fulano les premia a ellos. Yo he presenciado varias de estas maniobras, en varios premios, ejecutadas sin rubor, delante de mis narices. Muchos de estos, casi todos, se encaraman a la cúspide literaria pero luego los leo y releo, procurando encontrar una pizca de magia, y no encuentro nada, ni una frase, que pueda salvarse del fuego purificador de la papelera.

El cuarto grupo, que no es estanco sino que suele encastrarse en el antedicho, es el de los “escritores de teta política”, es decir, quienes han utilizado y utilizan muy presuntas confluencias ideológicas para obtener honras literarias. Luego, muy habitualmente por no decir siempre, son burgueses ortodoxos disfrazados de progresía que, cuando no se les ve, cambian la pana por la seda. El sustento de esta facción es esa gran mentira por la cual la cultura es patrimonio de las izquierdas, sin que haya lugar para principios distintos o para quienes, como yo, piensan que las ideologías están cubiertas de malvas.

El quinto y último grupo son los ESCRITORES, con mayúsculas, esos que maravillan únicamente con lo que escriben, sin poses, ni disfraces, ni escándalos, ni carnés. La verdad, no hay demasiados, sólo un puñado. Ya queda uno menos con la desaparición de don Francisco Ayala -un respeto-. Yo no hablé con él infinidad de veces, como esos tantos y endémicos necrófagos que aparecen repentinamente para mostrar una equiparación imposible, sólo mantuve una conversación de mediana intensidad. Ocurrió en el fragor de la noche granadina, hace quince años, celebrando la onomástica de un escritor masacrado. Hablamos poco y bien, como estilaba Ayala, también del entramado literario descrito, y con su exquisitez habitual, con su socarrona corrección infinita, apostilló “debemos escribir al margen del vuelo de los moscardones”.

sábado 31 de octubre de 2009

Cataluña es España

De niño no tenía duda, de mediano surgieron algunas, de mayor casi lo descarté y, hoy, precisamente hoy, puedo afirmar rotundamente que Cataluña es España.

Lo curioso es que ese escepticismo acerca de la españolidad de Cataluña jamás se ha nutrido de mis numerosas convivencias con los catalanes, ni de las percepciones en mis asiduas visitas a Barcelona, sino que era una sensación falsificada por el ruido político y los medios de comunicación. Luego, con ellos o allí, junto a la gente de a pie, las proclamas políticas se convertían en humo; mera propaganda.

Pero hoy ha desaparecido toda duda. Cataluña es muy española.

Y no van a torcer este sentimiento las demagógicas posturas al pairo de Pepe Carod o las más recientes de Juanito Lapuerta -ellos tienen derecho a elegir su nombre y yo tengo derecho a traducirlo como me salga de los cojones-, porque los países no son inventos de conveniencia política o económica sino espacios comunes, identidades similares, unidad de intereses y acuerdos de solidaridad. De estos aspectos germinan las banderas que luego se hacen sentimiento. De este modo, las banderas que provienen de la invención provechosa o son obra del fundamentalismo de ikastola, son siempre negras.

Y vuelvo, que me evado, al titular; Cataluña es España.

Durante años he leído en la prensa catalana las noticias referentes a la corrupción y aprovechamientos ilícitos que imperan por todos los rincones de España, siempre desde una óptica ajena, con un deje despectivo, como queriendo evidenciar las diferencias entre Cataluña y España. Les faltó decir abiertamente que “Cataluña estaba hecha de otra pasta”, aunque estuviera entre líneas. Todo fachada.

Está en la calle, sin embargo no en los titulares de prensa ni en los panfletos políticos, las “honorables” actividades inmobiliarias de sus “Honorables”. Pero chitón. Aparecen guiños que delatan importantes tejemanejes de fuerzas vivas, muy vivas, y sin embargo son minimizados por la prensa y los encubridores políticos. Marcando distancias.

Pero hoy, por fin, son España. Y van a vestir de rayas a muchos que han sido manos derechas e izquierdas del gobierno nacionalista catalán, a bombo y platillo, sin disimulos. Y es curioso que esto suceda cuando ya no prestan sus servicios de gobernabilidad, para los unos y los otros.

Lo cierto es que se diluye un hecho diferencial de calado. La ética catalana se ha equiparado a la hispana. Su impoluta clase política se ha rebajado a la altura de las bajezas generales. Ya se ha abierto la puerta de la habitación oscura que era el refugio de los intereses nacionalistas de los Jordis, Joseps, Artur,… que ya son Jorges, Pepes y Arturos.

Todos los españoles somos ya igual de golfos.

jueves 1 de octubre de 2009

SALVO ESPAÑA

El Fondo Monetario Internacional, por fin, anuncia el final de la recesión. Salvo en España, Nosotros estamos abocados a esperar un año más, como poco. Un país con un 20% de parados, hasta el momento, tiene poco impulso de reactivación.
Lo cierto es que los países de nuestro entorno, para salir de la crisis, y así lo recomendaban todos los expertos salvo Solbes –magnífico soldado de tiempos de paz-, apostaron por la austeridad y la congelación de los impuestos para dejar más sangre en el “anémico cuerpo económico”. Salvo en España. Aquí se ha despilfarrado para salvaguardar votos y se suben los impuestos para pagar el agujero. Presumo que no han reparado en que la inmensa mayoría de los parados no quiere limosnas sino trabajo.
Todos los países, hasta los de naturaleza más reticente como Estados Unidos y Francia, pretenden impulsar la instauración de determinados principios de moralidad en la banca, unos nuevos modos económicos más controlados -esa banca que es privada en los beneficios y pública en los perjuicios-. Salvo en España. Aquí se tapan con dinero público los socavones bancarios, se deniega la financiación a familias y empresas mientras los cabecillas de yate y “Moetchandon” se embolsan 52 millones de euros en concepto de jubilación.
En la inmensa mayoría de los países se ha apostado por la seriedad y el rigor, en forma y fondo, entre bambalinas y en escena, algo así como la prudencia de no soltar carcajadas en un entierro. Salvo en España. Aquí un espectáculo nada pudoroso; corrupción, acusaciones, opulencia política,… Incluso ZP lanza un guiño de modernidad con la fotito de sus elegantes hijas con Obama. Y como fondo el fragor del circo, para entretenernos. Las zarandajas de doña Bibiana –la hija de tal y sobrina de cual- o los discursos retorcidos de Pajín -hija de tal-, como si el buen criterio político fuera genético. Pero soluciones juiciosas, cero; argumentos de peso, cero; solo el “anda que tú” y el engañabobos. Un tropel de decisiones y paso atrás, una noticia y un desmentido, que eso llena mucho. Como los impuestos. Nos dicen primero que van a pedir un esfuerzo a los que más tienen para ayudar a los menos pudientes y luego reconocen que el sacrificio lo van a sufrir las clases medias. O mienten o no saben.
Un servidor, que vota validez y no partidos -los prohibiría-, tiene el consuelo de que no durará mucho este imperio de la torpeza. Salvo bombazo.

sábado 26 de septiembre de 2009

ANUNCIO

Se suspende la sección "DIARIO DE PRISIONES" por falta de espacio.

sábado 19 de septiembre de 2009

Cuento educativo para las autoridades educadoras

“Elmuth fue elegido Alcalde de un pequeño pueblo, no más de 20.000 habitantes. Recién llegado al cargo, llevó a cabo el oportuno análisis de la situación que heredaba y dos datos le dejaron especialmente preocupado; había una sola librería y deficitaria y, por otra parte, el índice de fracaso escolar entre los estudiantes de la localidad superaba el 50%.
Elmuth meditó sobre aquello; sabía que la educación y la cultura de hoy representaban el desarrollo y el bienestar del mañana. De modo que, antes que tratar cualquier otra cuestión, estimó que debía tomar medidas para remediar aquel problema y comenzó a trabajar sobre ello.
Elmuth convocó en reunión urgente a los padres, profesores y alumnos e invitó igualmente al único y ruinoso librero del pueblo.
-Tomen cómodo asiento, porque nadie saldrá de aquí hasta que encontremos una solución al problema.
Elmuth escuchó a todas las partes, los argumentos de cada profesor, de cada alumno y de cada padre, también las quejas del librero. Cada cual tenía una teoría distinta acerca de esas terroríficas cifras de fracaso escolar y de la poca predilección por la lectura porque cada uno de ellos sufría un problema distinto en sus carnes: desinterés, poca motivación, inasistencia a clase, desatención, falta de método, desorganización, repelencia por la lectura…
El último en intervenir fue un profesor novato, que aún no era prisionero de las rutinas diarias.
-El problema es que nadie se ha preocupado de enseñarles a estudiar y de enseñarles verdaderamente a leer. De ahí viene todo.
Elmuth tenía un hijo en edad escolar que, afortunadamente, estaba incluido en esa minoría que llevaba sus estudios holgadamente y que tenía cierto interés por la lectura. Meditó sobre lo dicho por aquel profesor novato y lo aplicó a su hijo; casualmente, había inculcado en él una mínima organización en el trabajo, le había enseñado a fraccionar el estudio de un examen, había practicado con él la lectura desde muy pequeño con el ánimo de que comprendiera lo que leía, le había enseñado a resumir, a esquematizar,… Elmuth sospechó que las claves del fracaso escolar de su querido pueblo estaban en que no sabían estudiar ni leer.
Elmuth fundó la Escuela Municipal de Técnicas de Estudio que, gratuitamente, despacio, desigualmente, iba enseñando a los niños y menos niños los atajos del estudio, los trucos para transformar una experiencia ingrata en grata, a estudiar más, de manera más agradable y en menos tiempo, al descubrimiento de la magia de la lectura.
Los resultados fueron sobrecogedores; la inmensa mayoría de los alumnos que aprendieron aquello experimentaron, ya en el primer año, una muy notable mejoría en su desempeño escolar. Pero hubo más. También la inmensa mayoría de los profesores, los que antes daban sus clases con resignación y desinterés, pareció rejuvenecer, o redescubrieron su vocación de enseñanza.
Transcurridos diez años, cuando falleció Elmuth, las cifras de fracaso escolar habían descendido al 7%, había una veintena de librerías solventes, y el pueblo, antes paralizado, seguramente por ese triunfo de la educación, fue distinguido por las autoridades nacionales como “modelo” de desarrollo para otras poblaciones.”
Este suceso, o cuento, o reportaje, sin lugar a dudas, no ocurrió en España.

martes 28 de julio de 2009

Lopera

Hace varios meses -ya lo referí en su momento en mi blog-, cuando Pilar Sánchez propuso a Nuchera como posible comprador del Xerez, estaba yo por tierras sevillanas y en la grata compañía de amigos estrechamente vinculados al Real Betis y muy conocedores del “universo Lopera”. Hablando de fútbol, los béticos de zozobra y yo de barrunto de ascenso, me comentaron con una seguridad aplastante que el tal Nuchera jamás compraría el Xerez, que había irrumpido para “bichear”, al más puro estilo Lopera.
-No apostamos por no “sangrar” a un amigo; pero si te empeñas en invitar…

Así que apunté ese comentario en mi blog, para que quedara constancia, lo referí en algunas tertulias y dejé que el tiempo corriera para su confirmación, como ocurrió inmediatamente. Ya Joaquín Morales, en los días posteriores al presunto interés de Nuchera, dejó caer que le llegaba mucha gente sin un verdadero propósito de compra, a buen seguro refiriéndose a estos personajes que, hay que recordarlo, como el convicto Fouto, llegaron de la ingenua mano de nuestra Alcaldesa.

Pero luego el tiempo destapa las maniobras torticeras, descubre la basura bajo las alfombras y aparecen explicaciones meridianas a lo aparentemente confuso.

De repente, aparece un hombre de paja, un tal Porras, que por razones higiénicas -eso argumenta- denuncia ciertas irregularidades en la ampliación de capital llevada a cabo por ese otro deleznable escapista llamado Gil Silgado y demanda el descenso administrativo del Xerez.

¿Y quién está detrás? ¿O nos tenemos que creer esa idiotez del impulso altruista de este prostituto leguleyo?

Pues no. Primero, porque el “alquilado” comete la ligereza de apuntar al Betis como beneficiario de ese descenso cuando no le correspondería en caso de confirmarse esa sandez. Y segundo, cuando el Betis se apresura a manifestar la defensa de unos derechos cimentados en los usos mafiosos a los que nos tiene acostumbrados Lopera –lo de señor sería inmerecido-. De modo que es evidente quién se esconde tras los arbustos.

Poco después, aparece una segunda pieza a encajar en el puzle. Lopera tiene uno de sus enfermizos arrebatos y, desde Montecastillo, quizá para disimular la manifiesta ineptitud que está hundiendo al Betis, declara que “es una injusticia que su Betis esté en Segunda mientras Xerez o Gijón -Sporting, si no le importa a Su Reverente Eminencia- están en Primera”.

Y un tercer dato de enjundia –menores hay muchos más- para apuntalar una correcta interpretación de lo ocurrido. Sale a la luz el intento de compra de la plaza del Xerez en Primera División por parte del impresentable dueño del Betis –para Presidente hacen falta otros requisitos legitimadores ausentes- y la rotunda negativa del vituperado máximo accionista del equipo jerezano quien, a pesar de la que le cae encima, mantiene la palabra empeñada con los jerezanos.

Por último, para encajar con precisión todas las piezas, es preciso efectuar un encefalograma de Lopera, saber quién es y de dónde viene, concretar su turbia catadura. No es ningún secreto en Sevilla –pregunten- que el tal Lopera inició su poderío bajo la fórmula de “usurero prestamista de los desesperados”, o sea, “te presto, te hundo y me quedo con la empresa”. Luego dio el salto al sector del “pelotazo inmobiliario” aunque sin alterar su torcida filosofía empresarial. También es muy reseñable para comprender su personalidad esa incongruente religiosidad tan frecuente en nuestra profunda Andalucía, adiestradores de gorilas sin escrúpulos y, a la vez, paseantes de sacras estampitas. El perfil definitivo es un individuo mesiánico, catedrático en bajas prácticas, con el séptimo sentido de la manipulación, incapaz de aceptar negativas y reveses, estrábico de la moralidad y, eso dice, bético. También conviene aclarar que el patrimonio bético, tras la llegada de este personaje, es cero; absolutamente todo es propiedad de un entramado de empresas oscuras que, como ya saben, están siendo escrutadas por la judicatura.

La correcta ubicación física y temporal de estos datos dispersos nos descubren un paisaje evidente.

Lopera quiere asegurar una plaza en Primera División para un Betis asomado al precipicio y, de paso, asegurarse una baza triunfal y redentora en caso de catástrofe que le elevaría a los altares béticos para siempre. Y actúa según su “credo”.

Primero. Manda a Nuchera a bichear, a conseguir todos los números del Xerez, los analiza y los guarda hasta mejor momento.

Segundo. Oferta la compra de la plaza del Xerez en Primera División para cubrirse las espaldas, a un Joaquín Morales que, no lo olvidemos, a pesar de la cercanía del sueño, vive acosado y amenazado por ciertas facciones xerecistas que -quién sabe- pudieran ser partes activas de los retorcidos planes del desarreglado mandatario bético.

Tercero. A pesar de ello, Joaquín Morales le da calabazas.

Cuarto. Lopera, tras besar píamente sus estampitas, destapa el plan B, es decir, por las buenas o por las malas; la historia de su vida.

Quinto. Se le escapa la pataleta de Montecastillo, dando pistas de cuál va a ser su actitud y la del cretino mandado que tiene como testaferro; el tal León.

Sexto. Aparece por arte de birlibirloque un abogado de alquiler que solicita el descenso administrativo del Xerez. Esto supone, a la vez, una remota opción de que suene la flauta y una venganza que tara los planes de fichajes del club.

Ni Andalucía ni tampoco los béticos de bien se merecen personajes de esta calaña. Un tipo que, además, proyecta una deformada imagen de nuestro pueblo. Un sobresaliente representante de esa porción humana que es manifiestamente desechable. Un megalómano de jaculatoria que es capaz de hundir a la afición más entrañable del mundo en las nieblas de la antipatía colectiva. En definitiva, un palurdo emulador de los Corleone que es incapaz de comprender que el triunfo es la consecuencia directa de una gestión bien hecha y de un juego de once contra once con una pelotita por medio.

lunes 6 de julio de 2009

El Bautizo Civil

La enésima chorrada de la progresía, es decir, de los que confunden el progreso con la estética de la mutación, o mejor, de los que intentan distraer a la gente para que no vea los fangos, es el bautizo civil.
Y es que claro, el síntoma inequívoco de modernismo es hacer pedazos los iconos, los hábitos estables, y así trasladar a la gente la sensación de que nada es imperecedero, de que pueden con todo y que no hay nada ni nadie que les frene. Todo esto se traduce en transformar obligatoriamente, vistiendo la innovación de colores chillones, grotescos y embaucadores de infelices para que la gente les suponga unas cotas de poder que no ganan en el campo de batalla. Muchos animales adoptan esta estrategia intimidatoria, se hinchan para imponer respeto cuando no orinan por las esquinas.
De modo que la maniobra protectora de la laicidad, legítima por otra parte, a veces, es convertida por unos pocos avispados en el esperpento de la intromisión insultante o de las soberanas patochadas.
Y el bautizo civil es una de ellas, la más grotesca de los últimos tiempos en dura competencia con otras. La sombra alargada de la iglesia, que con la defensa de sus valores irrumpe en las decisiones civiles, empieza a ser molesta y se impone domeñarla a través del ridículo. La verdad es que no encuentro explicación más convincente a esta majadería absurda y entrometida. En cualquier caso, no se me antoja muy democrático solventar las discrepancias con la iglesia mediante sornas y pantomimas de sus ritos y valores.
De modo que nuestros rectores han confundido el bautismo con la partida de nacimiento, lo que no es ni grave, en todo caso la más venial de sus equivocaciones. Pero supongo que pronto, puestos a secularizar, propondrán la circuncisión profana, la ablación clitoriana municipal, los funerales civiles, las misas ateas y la solemne confirmación de la fe ciudadana ante el concejal de turno. Mientras, la iglesia contraatacará haciendo bandos divinos, presentando sus santas listas a las elecciones, ocupando las concejalías de las buenas costumbres o inundando con curas de vuelta las Diputaciones.
Y todo ello, cuando el ambiente no se presta a demasiadas tonterías.

domingo 5 de julio de 2009

Brotes Verdes

A alguien le ha dado por poner de moda este término para insinuar el final de la crisis. Pero lo del brote verde no es un invento acuñado por los socialistas; yo ya se lo escuché a un labrador hace un puñado de años y no se refería precisamente a ninguna clase de cultivo. Me dijo, textualmente, “hoy me ha dado el brote verde y he puesto a la parienta contra la pared”. O sea que no.
Brote es el comienzo de algo y el verde simboliza la esperanza; creo suponer que por ahí van los tiros. Pero yo, por más que escruto el paisaje, por mucho que vigilo los indicadores, por más que sondeo los comentarios oscuros de los tabancos, esos que todo lo saben y casi siempre llevan razón, sólo veo brotes verdes en un bote de espárragos que tengo en la nevera. Verdes.
El parangón de la crisis económica, entonces, debiera representarse por esta secuencia agraria; campo fértil, nacimiento de malas hierbas, labrador dejado y torpe, imperio de las malas hierbas, campo arruinado y, por fin, sin abonos, porque la naturaleza es así de generosa, brotes verdes. No he escuchado hablar a nadie de la totalidad de este proceso, ni a los banqueros ni al gobierno. Sólo de brotes verdes.
Además, hay elementos que invitan a la desconfianza. Porque claro, si los brotes verdes los pregonan quienes desencadenaron, disimularon o no supieron paliar la crisis, cunde la sospecha. Y es curioso que sólo vean brotes verdes precisamente ellos, el presidente del Banco Central Europeo, el mismo que destapó la crisis con las subidas abusivas de los intereses, o el señor Zapatero y su séquito, que si no vio unas enormes malas hierbas difícilmente podrá identificar unos brotes verdes, o los estadísticos a sueldo, que cambian fácilmente un dos por un tres para invitar al optimismo, o los banqueros o sucedáneos, especuladores que ahora nos reprochan haber aceptado la casa que ellos nos vendieron, o esa fracción de españoles que no ha sufrido la crisis sino que se ha visto beneficiada por el abaratamiento de los precios.
Yo salgo a la calle todas las mañanas y sigo pisando un baldío, un panorama parado y, lo más grave, mucha gente resignada y de mirada baja. Y se gasta a cuentagotas, escurriendo la calderilla del monedero. Y en los bares, en los puestos de la plaza, en todos los comercios, siempre hay uno o más dependientes en la puerta, mirando al cielo para ver cuando escampa. Y si a cualquiera de ellos le preguntas por los brotes verdes, como muy poco, te manda al carajo.

lunes 22 de junio de 2009

Experimento malandrín

Arrastrado por mi interés sociológico, que no es demasiado pero sí muy maligno, he llevado a cabo un experimento de lo más interesante cuyos resultados, con todos mis respetos, quiero dedicar a doña Bibiana Aido, a la que yo llamo cariñosamente “aidalid de la igualdad”.

Verán ustedes qué experimento más sustancioso.

Entre internet y prensa escrita, he elegido al azar diez ofertas de trabajo con alguna exigencia curricular. No ha sido fácil en los tiempos que corren pero, al final, con un derroche de tenacidad, lo he conseguido.

Seguidamente me he tomado la molestia de confeccionar cuidadamente dos currículum que fueran distintos, dispares pero igual de imaginarios.

El primero de ellos correspondía a un hombre cuarentón, casado y atestado de hijos. La fotografía del aspirante denotaba un aspecto anodino, una de esas personas que viven para sus empresas y se encorvan por reincidentes pleitesías. En cuanto a los méritos, todos. Este tipo manejaba la informática y los idiomas y disponía de titulaciones y estudios que duplicaban los requisitos demandados por las diez empresas contratantes.

El segundo candidato espurio correspondía a una mujer treintañera, que se declaraba soltera y sin hijos, además de moderna y abierta -esto último entrecomillado-. La fotografía de impresión; un tres cuartos de una mujer atractiva y exuberante, de sonrisa sugerente y equívoca, de las que se piden a los Reyes Magos en vez de gayumbos. La aspirante reconocía cierta inexperiencia para los distintos puestos y con titulación y conocimientos exiguos para lo demandado, pero apuntaba que suplía con tesón y entrega -más comillas- dichas carencias.

Para acabar, he enviado ambos currículum a las diez demandas referidas, cuidando hasta la procedencia y la fecha de envío por si sospechaban y escudriñaban los matasellos.

Los resultados de mi experimento han sido rotundos. Transcurridas dos semanas, he recibido diez llamadas, de nueve hombres y una mujer representantes de las empresas demandantes, pero todas ellas interesadas en el insuficiente perfil de la candidata y ninguna apuntando a nuestro sobrado candidato.

Las conclusiones de mi experimento saltan a la vista, son abundantes y todas de corte sexista. Sin embargo, habrá un buen número que se tape un ojo y reconozca prácticas machistas mientras soslaya un aprovechamiento indebido y presumiblemente habitual de los ardides femeninos.

lunes 15 de junio de 2009

De Primera

Que el Xerez ascienda a la Primera División del fútbol español es un logro que rebasa lo meramente deportivo y, más aún, cuando lo hace por primera vez en su historia. La plenitud viene, además, cuando resulta vencedor en esa competencia vecinal con Cádiz, agria, verbalmente sangrienta y razonablemente irrazonable.

Jerez vive hoy momentos mágicos y quizás irrepetibles.

A las guapas siempre le salen novios y el Xerez no es una excepción. El novio más inverosímil no tardó en aparecer para apuntarse a la foto. Ha sido el Presidente de la Diputación, señor González Cabañas, antijerecista, antijerezano y gaíta fundamentalista, que viéndolas venir aceleró un convenio de colaboración que, aún sin ascenso, legítima y coherentemente correspondía a la ciudad. Lo cierto es que ha logrado una compuesta pose para salir en la foto sin que se le notara el fastidio, incluso rubricó el convenio como si fueran letras.

La Alcaldesa, Pilar Sánchez, ha demostrado siempre su xerecismo al mismo tiempo que una desafección con el presidente efectivo del club, Joaquín Morales. No dudo de su buena voluntad, que está fuera de duda, pero buscó compradores para la entidad a los que les faltaba el parche en el ojo. Primero o después, no lo recuerdo exactamente, trajo al señor Nuchera, un bético de la cuerda de Lopera que sólo buscaba titulares gratis y los consiguió, como ha reconocido ufano en sus círculos sevillanos. Otro de los milagreros de la Alcaldesa, debidamente tapado, fue el señor Fouto, expresidente del Mérida, que meses después ha sido condenado a una muy generosa ración de rejas. Estos ejemplos son suficientemente aleccionadores, entre otras cosas de que nuestra Alcaldesa debiera vigilar sus amistades.

Lo cierto es que el Xerez, desde que me alcanza la memoria, ha estado en manos de ciertos golfos y maleantes que vinieron de la mano del virrey jerezano, Pedro Pacheco, o ha tenido candidatos de cuestionable reputación como los que nos visitaron este año de la mano de nuestra Alcaldesa. Pero es que tampoco ha habido jerezanos con los suficientes redaños para mojarse obligando a una búsqueda en lo más hondo del cubo foráneo. Lo indiscutible es que ha tenido que ser Joaquín Morales, un señor de Dos Hermanas, con sus errores y aciertos, el que prometió dar la cara por el Xerez y la ha dado hasta el final. Los xerecistas debiéramos reconocer que, a pesar de insultado y amenazado, este señor ha cambiado nuestra historia. Creo que ha llegado el momento de las disculpas, una inacabable fila que vaya desde el Ayuntamiento a Chapín.

Bajo la batuta del señor Morales, a pecho descubierto o parapetado tras Carlos Osma o el de los “tiritos”, con una gestión deportiva brillante y adecuada a los tiempos de hambruna, trajo a quien tenía que traer, a Esteban Vigo, para que comandara un proyecto tardío pero ilusionante. El director comercial de una de las compañías más grandes del mundo, que sabe de esto un rato, me dijo en cierta ocasión. “Yo no quiero vendedores estrella sino gente ilusionada que reme en la misma dirección”. La ejecutoria de Esteban Vigo me ha recordado mucho la filosofía de este señor. Todos los jugadores, del primero al último, desde la cresta de Antoñito a la jerezanía de Pedro Ríos y Mendoza, desde la solvencia de Aythami al pundonor de Mario Bermejo, desde las sublimes curvas abdominales de Viqueira a la calvicie de Chema, todos ellos, han interpretado a la perfección este mensaje y han sido un equipo en vez de una banda. Ahí están los frutos.

También, en estos momentos mágicos, se me aparecen los recuerdos de quienes no están, de los que soñaban con este momento de gloria imposible, con una utopía inalcanzable. Por cercanía, recuerdo a mi padre cuando, destinado en los Estados Unidos, llamaba todos los domingos para interesarse por nosotros y, de paso, o más que nada, saber cómo había quedado el club de sus amores. Sería importante que todos los protagonistas de este ascenso fueran conscientes de la dimensión de estos reconocimientos póstumos, de la grandiosidad de su logro, de esta ilusión colectiva que llega hasta las estrellas. Sería de ley que los jerezanos fuéramos capaces de agradecerlo a base de afecto sin falsificaciones. Al señor Morales, el primero, y luego a toda la retahíla.

Ahora nos queda reir y soñar, y también la ejecución de la segunda parte del soniquete; hacer una ciudad de primera. Aquí se traspasan las responsabilidades del balón al bastón, de Chapín a Consistorio, porque sólo siendo una ciudad de primera conseguiremos consolidarnos en la categoría y que el equipo sea un digno reflejo de la ciudad. Es su turno, Alcaldesa.

martes 9 de junio de 2009

Lecturas comentadas

La finalización de unas elecciones, aparte de un descanso, es el tramo más divertido del insufrible proceso. Y si no, pasen y vean.

El señor Griñán, neopresidente de la Junta tras el virreinato, aplica los resultados a Andalucía mientras la señora o señorita Pajín acusa al PP de extrapolar dichos resultados a nivel nacional. Para arreglarlo, en Jerez, doña Pilar Sánchez nos dice que el PP tiene varias “varas de medir. Gracioso que ni en esto se pongan de acuerdo.

El señor González Cabañas, en su prescindible categoría de Presidente de la Diputación y tótem del PSOE gaditano, para protegerse el ombligo, nos dice que la pérdida de diez puntos respecto al PP es un gran éxito electoral. Que me lo explique. Luego acaba diciendo, y es que este señor no tiene arreglo, que han ganado a pesar de que todo el PP ha ido a votar y el PSOE no. (Enorme carcajada)

He escuchado decir públicamente a algunos, que me consta son engordados por el PSOE, que los resultados dan miedo por el triunfo de la “derechona” y, a renglón seguido, apostillar que el PSOE es el ganador indiscutible de estas elecciones. ¿En qué quedamos? A mí, particular y sinceramente, teniendo principios de izquierda, me da mucho más miedo la consolidación de esta “falsa izquierda” o “izquierdona”, reconvertida en clan político de intereses más que en cualquier otra cosa. Aparte de eso, lo de la “derechona“ me suena mal, a irrespetuoso, a manipulación para que se asocie al PP con déspotas del franquismo, a malas artes, a una carencia de estilo incuestionable en los modos socialistas. ¿Será una nueva concepción del talante?

Mi lectura de los resultados es algo más imparcial, al menos mientras no me pongan un sueldo como han hecho con otros “opinadores” públicos.

A nivel general, los resultados son preocupantes. Los altos índices de abstención podrían interpretarse como un pasotismo ciudadano respecto a las obras, modos y rostros de la clase política. Y esto es un asunto extremadamente peligroso, más de lo que creen. Prueba de lo dicho son los resultados de la ultraderecha en muchos países. Háganselo mirar, los unos y los otros, antes de que sea tarde y se carguen el invento. También, la abstención puede deberse a que los políticos no hayan vendido Europa en toda la campaña, ni una palabra, se han centrado en trajes y aviones, en un debate nauseabundo, el más maloliente de los que he vivido en democracia.

Respecto a este asunto, contestando a un antónimo pero buen amigo, he de decirle lo de siempre; los golfos no tienen siglas, por mucho que te empeñes por conveniencia. Si fuéramos íntegros y honestos, debiéramos condenar a todos los golfos, independientemente de las siglas, compañeros y oponentes políticos. Este sectarismo a la hora de calificar las golferías sólo demuestra que los políticos a la vista y los de la sombra no son ni lo uno ni lo otro.

A mi juicio, los resultados electorales hay que interpretarlos de manera más desapasionada. El PSOE ha perdido pero ha ganado y el PP ha ganado pero ha perdido. Con esto quiero decir que el desgaste del perdedor PSOE con la que está cayendo ha sido mínimo, y las ganancias del ganador PP, viviendo una crisis pésimamente gestionada, han sido pírricas. O lo que es lo mismo, el electorado en crisis, porque hay muchos españoles que ni la notan, ha castigado al PSOE mientras no muestra excesiva confianza en este PP. Otro asunto que ambos, si son consecuentes de puertas adentro, debieran estudiar.

Respecto a Jerez, creo que no se pueden traspasar estos resultados al panorama local. Las políticas locales son otra cosa bien distinta y las comparativas de los resultados de las elecciones así lo demuestran (véase Cádiz, señor González Cabañas, y no sólo vea las películas de final feliz). En efecto, no creo que ni uno sólo de los votantes de estas elecciones europeas haya visualizado la gestión de Pilar Sánchez o de María José García Pelayo a la hora de vaciarse en la urna.

Por último, es ineludible destacar los resultados del UPyD de Rosa Díez que, sin medios, como hormiguitas, con lo puesto, pueden acabar por consolidarse como protagonistas de la nueva política española. Principalmente, y esto es una percepción estrictamente personal, puede ocurrir así precisamente por presentarse como la única esperanza de cara a una regeneración política más que necesaria. También he escuchado hilarantes comparaciones de este Partido con aquella candidatura de Ruiz Mateos, que merece todo mi respeto, pero ese intento de minusvaloración, querido amigo Pepe, sólo es el resultado del miedo a la ruptura de la endogamia política y el perjuicio de sus más directos beneficiarios.

Y un apunte más, que no he querido publicar antes por si, como Pepiño Blanco, influía en el resultado de las elecciones americanas. Ahora sí es momento de decirlo. Yo fui amigo personal y compañero de carrera del candidato socialista, Juan Fernando López Aguilar, antes llamado “guanche”, en sus tiempos con chanclas y ahora de Armani. Conociéndole día a día durante cinco largos años, sabiendo de su vacua procacidad, de sus capacidades y de su única aspiración de notoriedad, dudo que tuviera en su mano la solución de uno sólo de los problemas que atraviesa la Unión Europea.

lunes 8 de junio de 2009

CARTA ABIERTA AL SR. BRENES

Estimado Sr. Brenes:

Quiero felicitarle por sus muchos éxitos al frente de la Educación gaditana, éxitos que saltan a la vista nada más pasear por las calles. Desde su llegada, gracias a su habilidosa gestión, los colegios gozan de un estado impecable. ¿Qué culpa tiene su Excelencia de que se caiga medio techo de un colegio? ¿O que pueda abrirle la cabeza a un niño, cuando los hay a patadas?

Su otro gran logro, diestrísimo Sr. Brenes, ha sido sobrellevar con infinita paciencia las protestas de esos tantos padres que caprichosamente no duermen por la escolarización de sus hijos, y me refiero a padres y madres, no vaya a ser que se soliviante su Bibiana. Ciertamente, para esas madres es usted santo de devoción; fíjese que no hay conversación en la que no mencionen a usted y a su familia gracias a sus arbitrios.

Por cierto, Sr. Brenes, ha debido usted malinterpretar mis constantes y abundantes denuncias de este sistema de escolarización arbitrario, fraudulento, sectario, irrespetuoso e inconstitucional que ustedes han engendrado. Y digo esto porque, casualmente, gracias a sus consignas, ha separado a mis hijas, de edades similares, y ha mandado a la menor de ellas al peor y más conflictivo colegio de la provincia. Justo castigo a la libertad de expresión de un demócrata de toda la vida. Solo puedo responderle, con idéntico respeto, que mi hija jamás será escolarizada allí mientras no sean compañeras de las suyas o de las de sus secuaces, aunque tenga que marcharme de este cortijo en que ustedes han convertido Andalucía. Entretanto me permito recordarle que, afortunadamente, está tipificado el delito de prevaricación.

Nos vemos pronto, se lo aseguro.

domingo 7 de junio de 2009

Jornada de reflexión

Reflexionar sobre el voto es muy cansado. Más aquí en España.

Se trata de buscar un argumento que te arranque del sillón dominical y una fuerza moral que te empuje hacia la urna para decidir más bien poca cosa. Así que no es una experiencia apasionante.

Y más complicado aún cuando no sabes realmente qué votas y el muestrario de candidatos no invita al sacrificio. No obstante, y no como otros, respeto la jornada de reflexión y reflexiono.

Veamos las opciones.

He de reconocer que mi ideario básico se inspira en la izquierda, aunque sólo sea en el terreno de la teoría que nunca llega a cumplimentarse. Pero tampoco es importante hoy día. Las izquierdas gobiernan y se comportan como derechas y las derechas, de vez en cuando, se centran y llegan a parecer ante el elector lo que no son. Así que no haré caso a mis principios profundos y nada encasillados, para seguir un criterio personal, de confianza.

Es difícil confiar en los que te mienten a diario, en los que han convertido el diálogo en el arte del engañabobos y el insulto. Me refiero a todos los colores. Aún así, hago un esfuerzo por buscar en los mensajes brotes positivos, verdades, respuestas, reconocimientos y honestidad y sólo me suponen pesimismo, mentiras, incumplimientos, reproches y corrupción. Nada pues en este aspecto que me proporcione confianza.

Buscaré, como último recurso, en los beneficios personales que unos y otros me han deparado.

El PSOE es el primer descartado en mis divagaciones electorales. Por muchas razones. Desde que gobiernan esas siglas, por llamarlos de alguna manera respetuosa, mi vida ha cambiado sustancialmente. A ZP le debo mi ingreso en el paro, cobrar una miseria y que me sienta un perseguido como fumador, como hombre, como persona, como escritor, como contribuyente, como padre con hijos en edad escolar y como propietario. Gracias a su sagacidad política, mi vida se ha cargado de tensiones, e incluso de intolerancia; algo impensable y que no estoy dispuesto a perdonar. Mientras yo camino por esos fangos, la Pajín se pajea, el Zerolo se corre, Bibiana se fotografía, Pepiño depone, Rubalcaba conspira y ZP torpea y viaja en Falcon. La puntilla me vino con la designación como cabeza de lista del antes “guanche”, ahora Juan Fernando López Aguilar, antes con chanclas y ahora de Armani, compañero de carrera, probablemente el más lerdo de una clase de cuatrocientos pero que tenía la facilidad innata de hablar mucho sin decir nada. Así que están ustedes multilateralmente nominados.

El PP, por riguroso orden reflexivo, es la segunda opción que he tachado. Siendo la gran fuerza de la oposición y dedicándose por definición más a censurar que a construir, no tengo una razón poderosa para el descarte sino la suma de muchas sensaciones. Me parece una alternativa aburrida, plagada de tontuelos aventajados que juegan a ser figurones, un partido que aún no se ha planteado deshacerse de esos personajes ineludibles que no suman sino que restan votos y que siguen hospedando, si bien de mala gana, a la ultraderecha española, lo cual da opción a María Antonias, Sopenas (penas ambos) y otros cretinos, a servir a la muy leal causa del engañabobos, habiendo candidatos a patadas. En lo personal, la política de ZP me birló el trabajo en connivencia con un empresario, lógicamente del PP, que sigue ganando barriga en tiempos de crisis. Así que les recomiendo una profunda renovación y, mientras, aún sobreponiéndome al morbo de la Cospedal, están ustedes nominados.

IU será candidato de mi voto el día que deje ese onanismo encallecido, empiece a ser verdadera izquierda y dejen de ser la dama auxiliar del PSOE. Como esto no ocurrirá nunca, como además contienen ustedes en sus siglas a iguales radicales que los otros, con sus odios cronificados, me huelo que están ustedes eternamente nominados.

Sólo UPyD, el partido de Rosa Díez, me sugiere la honestidad, la congruencia y la razón suficientes para el abandono de mi holganza dominical. Pero he de reconocer que al pensar que mi voto, como otros tantos con criterio y razón, es tapado por el de un cretino o un amancebado, me desaparecen de nuevo las buenas intenciones. No obstante, no es poco que no estén ustedes nominados.

De modo que, a la vista del panorama, por más que reflexiono, mucho me temo que este domingo se desarrolle en estrecha proximidad con el sofá y la tele y en una recomendable lejanía de las urnas legitimadoras de desmanes.

martes 2 de junio de 2009

NUEVO FASCISMO

Siempre he tenido la teoría de que, cuando concurren varias casualidades, dejan de serlo.

En mi caso personal, tengo muchas razones para dejar de creer en las casualidades y empezar a pensar en términos conspirativos, en persecución, al más puro estilo franquista. Si no, ahí van algunas muestras.

Casualmente, después de mis intervenciones en distintos medios poniendo en duda la utilidad de las Diputaciones y la evidente antijerezanía del señor González Cabañas, apenas dos semanas después, he recibido un manojo de multas del ORA, procedentes de la Diputación, producidas cuando estaba en curso la renovación de mi tarjeta de residente. Este hecho sospechosamente consecutivo, no sólo confirma mi convencimiento de la naturaleza inútil de la Diputación y de quien la comanda, sino que además delata el absolutismo fascista de muchos de nuestros dirigentes. Causa y efecto.

Pero hay más casualidades.

He mantenido un largo contencioso con la Delegación de Educación acerca de ese engendro fraudulento por el que asignan los colegios y que mandó a mis hijas, de edades similares, a dos colegios distintos y fuera de nuestras legítimas preferencias –eso dice la Constitución-. En realidad ha sido un contencioso unilateral, porque yo hacía mis alegaciones y recursos en tiempo y forma y ellos ni siquiera contestaban, ni encontraban el expediente, saltándose la ley a la torera como suelen hacer. Todo ello mientras el señor Pepiño Blanco defendía el sistema público y reconocía tener a sus hijos en colegios privados, mientras el señor ZP tenía a los suyos en colegios de monjitas, y así todos, uno a uno, una ley para la casta política y otra para el resto de los españoles. Pues bien, tras manifestar repetidamente mis consistentes dudas sobre la capacidad del señor Brenes, fronteriza a la nulidad, tras expresar públicamente mi rechazo a un sistema basado en el fraude, la manipulación, la incongruencia, la ilegalidad y el engaño, algún personajillo descendiente de mala madre ha vuelto a destinar a mis hijas en dos colegios distintos, la última de ellas, con apenas cinco años, al centro menos deseable de toda la provincia de Cádiz. Y ahí me ha dolido, señor Brenes. Sólo puedo asegurarle que a ese colegio irán, en todo caso, su dudosa descendencia o su clandestina madre, pero no mi hija.

Pero sigo con otras casualidades o causalidades, que hay más.

Siempre he mantenido una opinión crítica acerca de este “gobierno de tontos en un país de tontos”, aunque antes expresadas en términos más amables. Ya definitivamente no. Y de muestra un botón, u otra consecuente casualidad tras mis opiniones. Resulta que mi antigua empresa pagó determinadas cuotas de la Seguridad Social cometiendo algún error formal. La Agencia Tributaria me lo hizo saber, lo comuniqué a la empresa y las anomalías fueron subsanadas oportunamente. Pero, ya con todo solucionado, la Agencia Tributaria embarga mis cuentas, la devolución de Hacienda e incluso mi casa. Es decir, no sólo me embargan por un asunto que ellos mismos reconocen como solucionado sino que además no lo hacen con los precursores de las irregularidades sino con el más débil e inocente, con quien nada tiene que ver con sus respectivas inutilidades. Y ahora, me dicen, tengo que esperar meses a que me devuelvan lo embargado, con lo que está cayendo. Pero claro, hay que recaudar para costear el avioncito de ZP y hacer escalerillas.

Hay seis casualidades más, pero creo que son suficientes de momento para plasmar este régimen de libertades, ese talante democrático y esa evidente persecución fascista de los discrepantes.

Pero, los señores del exceso, muy demócratas ellos, ya no deben preocuparse más por mí. Estoy decidido a tomar el camino más viable; el exilio. Lo hicieron otros en tiempos de Franco y la cosa ha cambiado bien poco; sólo las caras. Estoy determinado a ser el primer exiliado de la democracia española, huyendo de la desvergüenza política, de la torpeza, del adocenamiento, de la mala fe, de los cortijeros de nuevo cuño, de la manipulación de la buena gente, de los socialistas de Hermes y Armani, de las prácticas caciquiles, de las persecuciones sibilinas a quienes, hasta el momento, se han limitado a usar la libertad con respeto.

Hoy pienso distinto, y reconozco que me iré asqueado de este país sucio y mafioso. Estoy en ello, gestionando y planificando minuciosamente el modo de hacerlo de la manera más mediática, escandalosa y sonrojante.

¿Alguien se apunta?

lunes 25 de mayo de 2009

Nueva sección "Diario de prisiones"


Esta sección merece poca explicación.
Voy a elaborar un listado con una relación de los detenidos por abusos en el desempeño de su cargo político. ¿Y qué pretendo con ello? Varias cosas; la primera, visualizar la podredumbre que los partidos inoculan en la democracia; luego, explicar el empeño que muestran los partidos a que participemos en todas las elecciones (legitimidad popular para seguir haciendo lo mismo); también, confirmar que los golfos no tienen siglas; y último, que la presencia de delincuentes en la política supera ampliamente la media nacional en otrros ámbitos.
Y dos advertencias a nuestros abnegados dirigentes con presuntas vocaciones de servicio: la paciencia tiene límites y, aunque lo parezca, no todos somos tontos.

viernes 22 de mayo de 2009

Doña Bibiana y la vida

Conocí a doña Bibiana Aido, cuando aún era Bibiana a secas, en una conversación de veinte minutos tras un acto cultural. Aún no era Ministro, y digo Ministro porque se trata de un cargo y los cargos no tienen “pilila”. Ya entonces me pareció, fundamentalmente, una de esas personas que viven por y para la significación, a cualquier precio. Y no suelo equivocarme en mis adivinaciones porque tengo un truco infalible; presto mayor atención a la elocuencia de los ojos que a las palabras. No falla. Lo cierto es que detecté en ella cuatro delaciones incontestables; la altivez, un propósito desmedido de autoventa, el brillo de la codicia política y una muy presunta sabiduría infinita. O sea, todas las falsarias potencialidades de los políticos de hoy en día. Incluso cometí la malicia de tenderle una “trampilla”; le pregunté sobre un asunto recién inventado y ella me contestó con mucha suficiencia lo que le dio la gana.

A doña Bibiana le regalaron un invento de Ministerio para el desfogue y para contentar a sus influyentes padrinos políticos, la cartera de igualdad. Pronto doña Bibiana la transformó en lo contrario, en una cruzada contra el ser humano rabudo, o mejor, en una batalla por la predominancia femenina caiga quien caiga. Y es así. De hecho, todas sus actuaciones se han inspirado en dos parámetros; el alcance mediático y la fobia por el entrecomillado sexo fuerte (véase la foto muy ilustrativa).

Porque en vez de luchar por el más flagrante hecho discriminatorio que sufre la mujer, la desigualdad económica en iguales desempeños, lo de dame pan y llámame tonto, ha tomado el camino del ruido que es políticamente más provechoso. A doña Bibiana le pasa como a mi hija de cinco años; si no es el foco de atención, se hace notar y de qué manera.

Doña Bibiana ha arrinconado en su gestión algunos aspectos esenciales. Por ejemplo, que hay muchos hombres que tratamos a las mujeres con igualdad, respeto y, a veces, con acojone; o que hay muchos hombres maltratados por mujeres, yo conozco un puñado; o sencillamente que hay hombres. Su única ocurrencia a favor del “ser rabudo" ha sido poner un teléfono a los maltratadores para que, antes de la “yoya”, llamen. Espectacular.

Pero doña Bibiana lo sabe todo y, tras la mentecatez de aquello de “miembros” y “miembras”, tras la reinvención de "la píldora del día después", viendo que el contenido de sus atribuciones no da para mucho más y para evitar su estatus obviamente prescindible, se ha enfrascado con el aborto, que eso da juego y le garantiza comentarios, fotos y portadas de periódicos. Porque esas son las únicas aspiraciones de la de Alcalá, muy personales y poco sociales.

Pues bien, mientras los especialistas y las eminencias en todas las disciplinas debaten sobre el momento preciso del inicio de la vida humana, doña Bibiana, que lo sabe todo, sentencia que el feto es vida no humana. Y se queda tan pancha.

Tal afirmación sólo puede partir desde dos presupuestos; la idiotez o la enfermiza codicia por la significación. Porque, para empezar, si el feto está vivo es vida y si es un producto biológico de hombres y mujeres es humano. No hay dudas. Otro tema bien distinto es que, a esas alturas, sea considerado como persona o no. Pero tampoco en eso hay problema; tropiezo a diario con muchos seres humanos que a los cincuenta siguen sin ser personas y nunca lo serán, y muchas de esas "no personas" aparecen en televisión, u ocupan escaños en el Congreso, o ponen bombas, o matan policías por la espalda, o trafican con drogas destrozando la vida de millares de personas, o presiden bancos que nos arruinan a causa de sus errores, o impulsan guerras que matan a pueblos enteros,… Y sin embargo todos siguen ahí, sin inmutarse, sin que nadie les amenace con el exterminio.

A mi juicio todos somos seres humanos desde que dejamos de ser huevo y empezamos a ser pollito. Y no es una convicción religiosa sino moral. Pero hay otro matiz, quizás más trascendente, que diferencia a las personas de los seres humanos a secas. Ustedes, doña Bibiana, la familia socialista y los dirigentes políticos en general, deben de tomar partido acerca de esta cuestión, congruentemente, y si deciden que un feto no es persona de momento y, por tanto, es una vida desechable, actúen en consecuencia con otras "no personas", con los etarras y demás terroristas, con los asesinos, con los violadores, con los traficantes, con algunos que se sientan entre ustedes y traicionan el valor más sagrado de la democracia, más que la vida, el cacho de confianza que hay en cada voto, y así un largo etcétera.

Pero eso es imposible, principalmente porque la difusa moralidad predominante, gracias a las inculcaciones gubernamentales, ve lícito el asesinato de un feto y, sin embargo, vería como una atrocidad la ejecución de De Juana Chaos. Pero además, lo primero da votos y lo segundo los quita.

jueves 7 de mayo de 2009

LA PLAGA (Relato corto de Carlos Jurado)

Se iniciara el asunto en la calle La Pedrosa, el cuatro para más señas, una trocha de fango que corría si no volaba por la vera de la muralla del Barrio de los Muertos. Era un muy atinado nombre el aludido para aqueste arrabal infesto pues, apenas se soterraba un tanto, aparecían cráneos y osamentas con orondos gusanos que nadaban por charcos y cienos tripulados por ratones de mucho arrojo. Algunas osamentas llevaban atavío de trapos que fueran capas y sombreros, otras hacían lucimiento de anchas sonrisas, pero las más eran apenas huesos y ralos cabellos. La plebe menuda, por la falta de otros recreos, se hacían chusmas con la felona costumbre de armarse con aquestos huesos, hacer de barbas los difuntos cabellos y se solazaban luchando con costillares de escudo y peronés de florete.

Había una casa en la dicha calle La Pedrosa con magnas mugres y hedores que fuera reconocida en la vecindad por el nada escueto sobrenombre de "Casa habida en la calle La Pedrosa, cuatro para más señas, que aún sin número puede bien reconocerse por las hediondas vaharadas infestas que afloran de su interno". Asumido tan luengo título, nadie en el Barrio de los Muertos osaba mencionarla.

En sus adentros habitaba Iuniperus, monaguillo antes que fraile, que fuera expulsado de la Orden de los Hermanos Acónitos Pretenses a sazón de sus concupiscentes hábitos y, también, de sus porfiados anhelos por las blancas posaderas del amador del Cardenal. Prometió luego Iuniperus eludir el aseo, la indumentaria y la limpieza hasta que fuera resarcido por tamaña tropelía. Hacía ya de aquesto varios lustros.

La casa ampliamente denominada, la morada por Iuniperus, era harto simple; planta baja y una para lo que fuera de menester y un negro sótano al que se bajaba por escalera sin barandas ni asas, de alternantes peldaños y fuente de mil quebrantos. Allí justo naciera este relato, porque se hicieron cienes de miles los ratones que campaban y hacían pecados sin tregua, que se sumaban y multiplicaban, y que por no caber escapaban por las llagas de los muros haciendo nutrida banda de trasnoche por el barrio y el resto del castillo.

El Señor del lugar, Ferminio de Ampostas y Ureñas, púsose de mucho escándalo por llegarle los ratones a las zonas nobles, las urbanas se entiende. Primero hiciera una admonición escrita y severa a Iuniperus para que esmerara el aseo del tinglado de ratones pero el buen fraile, que era perezoso como la sangre azul, viendo la ardua faena, ahorcóse con salchichón semicurado. Luego el don Ferminio hizo contrata de centenar de gatos de mucha ansia que hicieron seguidos festines y que murieran siete veces por reviento. Después hizo apremio a un flautista de mucho cuento para que menguara la ratonería de melódica manera. Hamel -Hamelín para los allegados- hizo musicales intentos por atraerse y alejar la plaga del castillo hasta que en omisión le royeron la flauta, la musical se entiende.

Y hubo de ser un avispado teutón versado en plagas y exterminios quien zanjara el desaguisado y acortara aqueste relato. Era hombre de parca talla, cuadrado bigotillo, flequillo diagonal y por Adolfo nombrado. Los tratados no escriben detalles y tretas con las que este teutón bigotudo hizo rauda dispersión de los roedores pero el más viejo del lugar, y más sabido, Pericio Vérculo, hijo y nieto de prostitutas adivinatorias, en una tabernaria indiscreción al olor de un mal vino, contó el sucedido. Dijo el sabihondo que el tal Adolfo hizo astuta confidencia a los ratones de más chisme prometiendo alquiladoras ratonas de balde, queso de bola con denominanza y correspondiente placa de plata al primero y primo ratón que le trajese un cernícalo, que habíalos a puntapiés en las torres, lienzos y ruinas. Los ratones, buenos roedores pero animales de poco seso que pronto digerían los ardides, transformaron entonces su ser plácido en el pérfido de los humanos y, en la codicia, se mataron entre ellos o fueron desayunados por los cernícalos.

Quedaron pues los justos ratones para la mesura natural, para aparecer y asustar damas, para gritos de mucho asco, y el tal Adolfo saludó brazo en alto y marchóse a exterminar a otra parte.

miércoles 6 de mayo de 2009

Señor escritor

Me refiero a José Luis Sampedro, a quien tuve el honor de conocer en uno de los congresos de la Fundación Caballero Bonald y que me maravilló como persona cuando ya lo había hecho como escritor. Ayer recibí de mi muy buen amigo y también escritor Rafael Benítez Toledano esta proclama de Sampedro en defensa del amigo libro, de la biblioteca como catedral de la lectura y en contra de los peseteros de la SGAE.
Yo, como Sampedro, también descubrí la magia de la lectura en una habitación infesta que hacía las inmerecidas veces de biblioteca. Y como él, no me siento capaz de castigar a quienes me leen de alguna manera, en todo caso agradecimiento. No todo es dinero.

POR LA LECTURA
Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.
Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.
Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque obtiene algo a cambio o es objeto de una sanción. Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura? Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.
Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!
José Luis Sampedro

lunes 4 de mayo de 2009

La Fiesta del Trabajo

Este año la Fiesta del Trabajo ha tenido matices especiales, un sabor extraño. Quizás porque, en estos precisos instantes, debiera haber sido suspendida por rubor o aplazada hasta mejor ver. El mismo San José Obrero, de haber vivido en nuestros días, estaría haciendo cola en el SAE. Difícilmente se puede festejar o celebrar algo de lo que carecemos. Viene a ser algo así, ya que los jerezanos somos especialistas en desfiles, como sacar en procesión a Santa Estigmata o a San Sepúlvedo. ¿Qué no existen esos santos? Ya, por eso.
Con igual legitimidad, podríamos haber celebrado la fiesta del Rolls Royce, o del yate de lujo, o apurando más, de los números azules en la cuenta corriente, algo que hoy sólo está al alcance de unos pocos. Como el trabajo.
Un día, pues, de celebración de nada, que mejor podríamos denominar hasta nueva orden como el “día del parado”, actualizándola a los tiempos que corren.
La Fiesta del Trabajo ha transcurrido como un día más de asueto para los más de cuatro millones de españolitos que ya estamos de asueto permanente. Y he recordado con nostalgia aquellos “Primeros de Mayo” reivindicativos, luchadores, aunque estuvieran comandados por sindicatos que peleaban por la libertad enarbolando la bandera soviética o el ideario de Fidel Castro. A pesar del absurdo, era gratificante, alentador, percibir la sensación de respaldo que brindaban.
Pero hoy ni eso. Cuatro gatos por lo del bocadillo y el meneo indispensable para cubrir el expediente y que no se diga. Los sindicatos, adocenados, ya casi tan verticales como los del mismo Franco, han debido extraviar su vocación obrera para convertirse en palmeros de este gobierno. Entretanto los patrones, el PSOE, siguen perdiendo sus siglas por el camino. Y ya sólo le queda la P.

jueves 30 de abril de 2009

Nueva sección "El Engañómetro"

Hoy inauguro una nueva sección en el blog que considero, además de divertida, de sumo interés.
Se trata de descubrir y medir las notables y habituales divergencias entre lo que nuestros políticos prometen o predicen y lo que luego hacen o sucede, ya sea mediante promesas electorales o a través de valoraciones y previsiones. Los resultados serán elocuentes de la sinceridad u oportunismo del mensaje político de cada cual.
Este estrecho seguimiento será muy gráfico para que podamos desenmascarar y cuantificar la "gran mentira" en la que han convertido el juego político español y el fraude constante que sufre el ciudadano.
La mecánica es muy simple. Voy a hacer, a través de un seguimiento diario, una recopilación de las promesas y previsiones más relevantes de políticos y fuerzas vivas (más bien muertas), con una referencia de su autor y fecha, para luego añadir reseñas con las respuestas o acciones actualizadas de cada dato. Para entendernos, una anotación de lo que los políticos dicen y otra de lo que hacen.
He de reconocer que este juego detectivesco tiene altos porcentajes de "mala leche" pero estoy convencido de que removerá alguna conciencia o reportará alguna dosis ética a los extintos principios del compromiso político y la honestidad programática sin los cuales este invento es cuñado de la democracia venezolana.
Por cierto, se admiten y agradecen todas las aportaciones, ya afecten a una sigla u otra, siempre y cuando tengan alguna relevancia y su cumplimiento sea susceptible de alguna clase de medición.
Nos vamos reír.

domingo 26 de abril de 2009

EL DESGOBIERNO Y LA CEGUERA (I)

Es difícil no hablar del paro. Muy difícil. Quizás porque es el tema que muchos, no todos, tenemos atascado en la garganta y necesitamos escupirlo.
Esta mañana, en los bares jerezanos, no se hablaba de otra cosa. Y, curiosamente, las voces profundas de este país, el ejército de los llanos, por primera vez, se han desprendido de corsés ideológicos para coincidir en la aplicada torpeza de quienes nos desgobiernan. Ya no es cuestión de izquierdas ni derechas sino de gestión e imaginación. No saben lo uno y carecen de lo otro.
Además, otro descubrimiento. Esa misma gente de abajo, los presuntos protagonistas de la soberanía popular, empieza a ver más allá de las proclamas falsas de nuestros desgobernantes, de esos que esperan sentados a que amaine y decirnos entonces que, por fin, han tenido éxito sus costosas baterías de estériles soluciones, o de esos que cambian torpes por inútiles para, al menos, enredar y dar tiempo a que se aleje, por sí sola, la tormenta. No pasan de ahí. Y la tormenta no se mueve.
Pero el tiempo se acaba, pronto no se admitirán más dilaciones. Porque se puede camelar a quien lleva la tripa llena pero el hambre hace al ser humano más reflexivo, desconfiado y agresivo. Y ahora, señores del desgobierno, hay más de un millón de familias hundidas en la puerca miseria y pronto decidirán que sus hijos seguirán comiendo a diario, por las buenas o por las malas. Y hay también otros muchos, los cuatro millones de parados, que muy pronto dejaran el sillón para salir a la calle. Ahora se ve venir.
Temo estas turbulencias ambientales. Me dan miedo. Quizás, porque ha sido extremadamente difícil y laborioso llegar hasta aquí, instalar un sistema de libertades democráticas, para que ahora unos patanes se carguen el invento de un plumazo. O porque ese soñado gobierno según los intereses del pueblo se ha ido transformando en esclavo de los intereses de los partidos y de quienes los forman. Y eso es poco menos que una dictadura.
Pudiera y debiera pasar en este país lo del “Ensayo sobre la ceguera” de Saramago; una nación entera que, hastiada de torpes y golfos, no acude a las urnas para deslegitimar a quienes les desgobiernan a sus espaldas y para el beneficio propio. Un país entero que despierta de la ceguera. Y, haciendo de Nostradamus, no lo veo tan lejos. No suelo fallar. ¿O qué creen ustedes que estarán pensando en San Fernando, Alcaucín, Valencia, Sanlúcar y un inacabable etcétera de “democráticas” poblaciones españolas? ¿Saben ustedes ya que muchos españoles resignados piensan que votar es tanto como autorizar las fechorías del “demócrata” de turno, ya sea azul fucsia o rojo amoratado? Yo siempre he preferido esos cacos esquineros a los ladrones encubiertos. Por los menos los veo venir.
Pero hay otra señal peligrosa; la resignación. Gente acostumbrada a votar al menos malo, o al menos golfo, o a éste para quitar a este otro. Esta perversión del alto cometido del voto, esa resignación, es un síntoma evidente de que estamos enterrando este bendito invento.
Yo ustedes también estaría acongojado. Históricamente, los cambios políticos drásticos no se han producido por los méritos y bondades de lo venidero sino por los deméritos y desmanes de lo vigente: y por eso secundo a la Lola de España cuando dijo, “si nos queréis, iros”. Pero todos, sin excepción, para que así surjan nuevos rostros no prostituidos que lleven a cabo una regeneración intensa de este sistema para evitar en lo sucesivo gobiernos de torpes, golfos y oportunistas.

miércoles 22 de abril de 2009

Este país de mierda

A pesar de haber dejado pasar muchos minutos para reponerme de la ira inicial, sigo pensando que este país es una mierda. Así de claro y de rotundo. Mi patriotismo, el que me mamé y consolidé luego, ha caído fulminado bajo el devastador paso del enorme nido de tontos, golfos y oportunistas que ocupan nuestro suelo. No exagero nada. Casi me estoy pensando si pedir asilo político en otro país más desarrollado y honesto, caso de Burundi o Burkina Faso.
Mi irritación es de corte personal pero muy expresivo del panorama desolador, patético, vergonzante, que nos rodea.
Y contaré lo mío, sin rubor, para que puedan aplicarlo al paisaje. La empresa que alimentaba a mi familia decidió darnos patadas en el culo a 50 trabajadores, justo en el mismo día en que doce directivos se embolsaban 50 millones por barba en concepto de incentivos. Para colmo, este sistema necio me reclama una deuda de esa misma empresa con la Seguridad Social y, antes de preguntar, embarga mis cuentas e incluso lo intenta con mi casa. Para que se vea y se note ese socialismo justiciero con el que yo soñaba y reconvertido ahora en un clan de políticos burgueses, sectarios y estéticos.
Me viene a la memoria que, hace algún tiempo, Caballero Bonald manifestó su interés porque yo trabajara en su Fundación, un deseo que se amparaba en cuatro razones fundamentales: ser escritor, ser el único pariente sanguíneo que vive en Jerez, mi conocimiento profundo de su obra y también de su contexto vital y ser medianamente útil. La respuesta oficial fue rotunda; eso es nepotismo, para entendernos, enchufe. Y mientras, iban contratando un ejército de amigos inútiles, de parientes imposibles, de políticos amordazados, para ser ubicados frente a mesas vacías y con la única responsabilidad de vaciar cafés en el bar de la esquina. Pero es que yo no tengo carné.
Pero hay más datos. La bendita Caja de Ahorros donde tengo la hipoteca, una de esas que fueran bautizadas como Monte de Piedad para camuflar lo que eran y son, usureros y golfos dulcificados porque financian a políticos y partidos, habiendo bajado el precio del dinero y el puto Euribor, me ha subido el interés dos puntos. Y no hay nadie, absolutamente nadie en este país, que tome a las Cajas y Bancos de las bajuras, o de los huevos, y les hable de ética elemental. No, se les da dinero para que tapen sus agujeros disimuladamente y no trascienda que han fracasado los presuntos mecanismos de presunto control presuntamente estatal. Seguimos siendo la versión próspera y embustera del tercer mundo.
Pero hay más puñetas, diarias y domésticas. Mis hijas estudian en dos colegios distintos sin que ninguno de ellos se corresponda con el que nosotros deseamos y deparando un trastorno inaceptable a la hora de llevarlas y recogerlas. Han creado, pues, un sistema para que los falsificadores, los tramposos con medios, los mentirosos, tengan a sus hijos en el colegio deseado mientras los honrados son arrinconados en los arrabales escolares. Y todo por el capricho educativo de algún tonto de baba que, muy socialista él, defiende la enseñanza pública mientras tienes a sus hijos en colegios privados, preferentemente en el extranjero. Más le valdría a dicho memo y memos adláteres que se dejaran de Educación para la Ciudadanía y volcaran sus esfuerzos, si hay alguno, en simplemente educar; que se preocuparan de las alarmantes cifras de fracaso escolar, de la mala educación del alumnado, de la violencia en las escuelas, de reponer la autoridad en el profesor y de subvencionar bozales para muchos padres. Pero no. Como dijo alguien, “si les enseñas a mirar, verán lo que no deben”.
Entretanto, la respuesta nacional sonroja. Cada cual barre descaradamente para casa y degenera esta democracia de pacotilla en una partitocracia fundamentada en la devolución de favores. ZP, por ejemplo, agradece los servicios prestados a González Sinde en la farsa de la “ceja” con un ministerio y ésta traslada ese reconocimiento al cine de Almodóvar y demás amigotes. Vomitivo.
Y el corto de ZP sigue sin poner remedio a la crisis, sencillamente porque no sabe e insiste en rodearse de torpes muy afines. Mientras tanto, el extinto Aznar, que fuera un buen presidente del Gobierno hasta que alcanzó naturaleza celestial y empezó a diñarla, que mejor estaría callado por el bien de su partido y que es culpable consorte de la debacle inmobiliaria, insiste en que paguen los más débiles una crisis provocada y agravada por los poderosos. Menos cobertura social para el pobre limpio y más ayudas para el poderoso sucio.
Pero es que no se salva nadie. ¿Dónde está la voz del pueblo? ¿Dónde las quejas de los cuatro millones de parados? ¿Y las del millón y pico que ya no cobran una peseta? ¿Y los sindicatos? ¿No será que les importa un bledo la gente, sino conservar sus barrigas? Si estuviera el PP gobernando habría barricadas por las calles. Seguro.
¿Y vale la pena este pueblo conformista? Sólo los borregos o los masoquistas o los ignorantes pueden respaldar a políticos que, tras muchos años de confianza, a pesar de los millonarios fondos solidarios, sólo han logrado que España siga siendo el más lamentable rincón de Europa, que Andalucía sea el circo de España, y que Cádiz sea la más mísera versión de Andalucía.
¿Qué soy muy duro? Depende de para quien. Estoy seguro de que un parado, sin ingresos y con el suficiente criterio para adivinar que están insultando nuestra inteligencia, suscribirá todo lo que digo. Como también estoy seguro de que los colmados, los políticos que saben de la crisis por la prensa y demás seres “solidarios”, se sentirán ofendidos. Pues me alegro.

viernes 17 de abril de 2009

Don Hipólito y el aparcamiento

Al Delegado Provincial de Salud, Hipólito García, le acaban de otorgar el simbólico galardón de “la ocurrencia del mes”, eso sí, en una dura pugna con otros muchos y meritorios candidatos del clan político.
Ante la escasez de plazas de aparcamiento en nuestro descabellado Hospital, obra sobre obra para empeorar, el susodicho responde que se buscan terrenos complementarios para aumentar el aforo y así responder a las necesidades de la ciudadanía. Los políticos tienen esa notoria habilidad para revestir de sensibilidad las oportunidades de negocio y un parking lleno, durante casi todo el día, a precios de atraco, enciende siempre ese falsario altruismo de color metalizado.
Luego, el galardonado, que seguramente había amanecido sembrado, añade que la mayoría de las habitaciones tienen dos camas dejando en paños menores a sus jefes que, desde hace tres legislaturas, andan prometiendo habitaciones individuales. Como el pleno empleo. Seguramente, no han enseñado al Delegado las camillas por los pasillos en horas punta, casi como si se tratara de un Hospital de campaña tras un ataque enemigo.
La ocurrencia merecedora de la distinción vino luego cuando el mandamás sanitario afirmó sin ningún rubor que “hay 500 plazas de aparcamiento, una por cama, más que en un hotel”. Seguramente el “ocurrente del mes” ignora que los enfermos no suelen dejar el automóvil estacionado antes de pasar por el quirófano, por ejemplo. Pero aunque fuera así, muy graves o sobrados tendrían que estar para someterse a ese atraco consentido. Y es que los que mucho hablan, por simple proporcionalidad, tienden a colar la pata y los políticos, de todas las alturas, superan con creces la media nacional.
En realidad, don Hipólito, es bueno saber que las plazas de aparcamiento de nuestro inane Hospital son ocupadas por quienes trabajan allí, o por quienes van a someterse a alguna prueba puntual, o por aquéllos que acuden a interesarse por los enfermos. Y ninguno de éstos, al menos que se sepa, ocupan cama.
Respecto a los hoteles, última parte de esa gloriosa ejemplificación propia de Maleni, he de decir que, cuando los novios se alojan en su luna de miel, o aparece una familia, o acude un grupo de amigos, no es costumbre que lo haga cada uno en un coche sino, más bien, apilados en los indispensables. Así que, para enterarnos, lo de las churras y las merinas.
Para acabar, señor Delegado, por si me lee, que es bueno leer de vez en cuando, también escuchar hacia abajo, reitero que la solución de los mil y un problemas del Hospital de Jerez, además de la más barata, no pasa por remendar los remiendos sino por la demolición. Pero claro, usted me contestará algo así como que no se puede echar abajo el Hospital y restaurar la Iglesia de Santiago.

jueves 9 de abril de 2009

Casuales remodelaciones

ZP ha remodelado, del verbo remodelar. Sus manos de avezado alfarero han cambiado la apariencia de su gobierno, eso sí, con ese pulso habitualmente tembloroso. El resultado es un muñecote deforme, de grandes manos y pequeñas cabezas, que no obstante contenta al partido, asunto que parece ser lo realmente importante.
ZP ha proclamado que esos retoques se justifican en la necesidad de impulsar las medidas que nos van a trasladar a un marco de recuperación económica, en la preparación del nuevo escenario que sobrevendrá tras este ciclo “desacelerado” y en provocar un cambio de ritmo, como si la crisis fuera una guitarra. Miedo me da.
Y me da miedo y desconfianza porque su “ojo clínico” está, como poco, próximo al estrabismo. Espero fervientemente que no repita el tino o la falacia oportunista que le condujeron a pronosticar el pleno empleo, o a desmentir la crisis, o a precisar las fechas de la recuperación, o a instaurar el control parlamentario de los movimientos de las tropas españolas, o a regalar cuatrocientos euros a los más pudientes, o a prometer la prórroga de las prestaciones de los desempleados, o a proteger a los más débiles respecto a la fullera banca, o a crear un Ministerio del Deporte, o a asegurar que vencería a ETA con diálogo, o a desairar la América de Bush para luego lamer la mano de Obama, entre otros muchos dislates o promesas al viento. No crean, ése era poco más o menos el programa electoral con el que se ganó la confianza de los españoles.
La verdad de la remodelación es otra bien distinta y, sin duda, más contundente que sus difusas justificaciones de pacotilla. Es la consecuencia de sentir por primera vez el fuego en el trasero. Primero, ha escocido la rotunda patada trasera de Galicia. Segundo, hay razones y datos fiables que auguran un batacazo en las próximas elecciones europeas. Tercero, dentro del mismo partido, empiezan a brotar ronroneos sobre la destreza política del susodicho y sus cercanos. Cuarto, hay que trasladar a la ciudadanía que esas cuatro pinceladas cosméticas son una señal vital de su inerte preocupación por el caos vigente.
La verdad es que no sé si me preocupa más la remodelación en sí o las caras que entran y salen. Y es que yo, por mucho que insistan, no creo en las casualidades reiteradas.
Como comprenderán no hay impulso alguno en que Maleni “la nítida”, tras una inacabable relación de torpezas, traslade sus tortuosas explicaciones a otro ámbito menos dañino. Como tampoco hay dinamización en que el profesor Solbes “portero del limbo”, tras su desidioso y obligado combate con la crisis, vaya a gastar sus habilidades económicas en inofensivas salas de conferencias. Y no hay ritmo posible con que el señor Chaves “el taifa”, por fin, logre despegarse del sillón justo en el momento más mísero y delicado de la historia andaluza y, casualmente, en el instante en que se han acabado los fondos comunitarios que le mantenían vivo. ¿O tiene alguna relación con la negociación de la “limosna histórica”?
Para mayor escarnio, han rodado las cabezas de los ministros de gestión más consensuada y, casualmente, más ajenos al aparato del partido. Al contrario, como confirmación de la conversión de democracia en “partitocracia”, los peces gordos del partido han pasado a los ministerios. El “omnipresidente” Chaves ocupará plaza en el cementerio de elefantes, a la vera de su casualmente ahijada Bibiana. Por su parte, Pepiño “negro” recibirá la justa compensación al rol político de “víbora”, cargo no oficial pero cierto que en su momento ocuparon Álvarez Cascos o Alfonso Guerra. A partir de ahora, se llamará don Pepe y nos gratificará con las monsergas de su coherencia, como cuando defendió las excelencias de la educación pública para luego decir que sus hijos estudiaban en un colegio privado y bilingüe.
También es casual, no piensen mal, que Ángeles González Sinde sea recompensada tras promover la injerencia del sindicato de actores en la campaña electoral con aquella farsa interesada de la ceja, insultando además, a casi la mitad de los españoles. También casualmente, meses después, los cejudos fueron premiados con una suculenta tajada del melón de los derechos de autor. Otra casualidad.
Pues bien, no se fíen de nada de esto, porque para ZP “el difuso” la remodelación persigue el impulso de las medidas que nos van a trasladar a la recuperación económica, la preparación del escenario posterior a la crisis y acelerar el ritmo de nuestro despertar. Lo demás son puras casualidades.

miércoles 25 de marzo de 2009

"Palomino Fino"

El Blog “Palomino Fino” es una iniciativa brillante, útil, esperanzadora, pero sobre todo diáfana. La pretensión de mi reciente pero buen amigo Paco Camas de construir un contrapeso no oficial al uso político del “lanzamiento de trastos” y hacerlo mediante una fórmula de diálogo sincero y tolerancia tan en desuso, ha sido bien acogido por los variopintos contertulios del “Rincón Malillo”, el fecundo gallinero de Radio Jerez. Pero es así. Siendo cada cual de su padre y de su madre, desigualmente venenosos, afiliados o no afiliados, procuramos demostrar que la razón suele frecuentar las afueras de los rígidos encasillamientos de los partidos.
Es muy apreciable, por tanto, venga de donde venga, cualquier esfuerzo por sumar en una España de restas y saldos. No podemos asistir impávidos, y menos resignarnos, a esta nueva guerra civil fría que se consolida, a las siglas que prohíben pensamientos fuera de sus decálogos, a gallos que dialogan escupiendo disimulos, a la bajeza irresponsable de quienes sólo pretenden adornarse de buenos para ganar asientos. Si democracia es libertad y diálogo, no vivimos en democracia. Si democracia es solidaridad y talante, habitamos en la mentira. Si democracia es representación, sobran máscaras y traidores de los más llanos.
Alguien dijo que la democracia nace virgen y va perdiéndose por el camino. La nuestra corre el riesgo de convertirse en una dictadura tapada, en designación más que en representación. Por eso es saludable que jerezanos distintos y diversos demos ejemplo de democracia al clan político haciendo foros no eunucos de diálogo, convirtiendo las altisonantes instancias en charlas distendidas de café, oyendo y escuchando sin negaciones anticipadas, porque es posible estar en lo cierto o en el error con independencia de credos hechos etiquetas. Hablemos pues, se lo debemos a la gente de buena fe. Aún quedan algunos.

jueves 19 de marzo de 2009

El O.R.A. pro nobis

El ORA, para el que no lo sepa, quiere decir Ordenanza Reguladora del Aparcamiento. Lo aclaro porque hay graciosos que lo traducen como Ordenanza Recaudatoria Arbitraria.
A veces, o a menudo, los “guasas” llevan razón y, en términos reales, el ORA es una manera como otra cualquiera de meter la mano en el bolsillo del ciudadano mediante abusos legalizados.
Desgraciadamente no es el único intento. Vivimos en una forma de Estado que, poco a poco, se va transformando en una mezcla de régimen feudal y policial. Feudal, porque hay pagar tributos por lo que al señor feudal se le antoje o invente; policial, porque sentimos continuamente un aliento en el cogote; si fumas, si corres, si riñes a tus hijos, si aparcas,… La casta política está legitimada para machacar el césped pero, a nosotros, nos prohíben pisarlo.
En este régimen de libertades estéticas y recortadas, de palabras altisonantes y pocos hechos, pronto nos cobrarán un impuesto por respirar, o por andar por las aceras, y llevaremos al contratado de turno pegado a nuestras espaldas y tomando nota de nuestros suspiros o midiendo nuestros pasos. Al tiempo.
Y es así. Estamos incurriendo en un exceso reglamentario y legal de naturaleza innecesaria sólo por exprimir aún más al ciudadano, cuando es bien sabido que la verdadera libertad se consigue a base de mucha educación y pocas leyes. Aquí, al contrario.
A mí, y supongo que a todos los que ocupamos la acera de los paganos, me subleva ese afán recaudatorio salvaje de las administraciones, y más aún cuando vivimos en una atmósfera de hinchados sueldos a asesores que no asesoran, de comisiones a intermediarios mangantes y meritorios, de enchufes a amigotes y allegados inservibles o de administraciones y organismos inútiles que deben ser clausurados.
Los Parking son tres cuartas partes del ORA pero en manos privadas, primos segundos del impuesto revolucionario. Si vas en coche al centro de Jerez, o al hospital, o te viola uno o lo hace el otro. Porque además de sortear mil gorrillas que te perdonan la vida, nadie se salva de dejar seis euritos en concepto de aparcamiento. Cuando recuperas el coche, tienes la pesarosa sensación de haber sido atracado a punta de navaja y todo por el simple hecho de haber aparcado en un suelo o subsuelo que, además, es prorrateadamente nuestro.
El ORA es uno de esos muchos atracos consentidos. Cobran al ciudadano por utilizar una calle que es suya y cuyo mantenimiento ya ha pagado holgadamente con otros impuestos.

lunes 9 de marzo de 2009

Escuelas para padres

Además de la crisis y del paraguas de la corrupción hay otros temas que preocupan, quizás no tan intensamente pero sí de una manera sostenida en el tiempo. Uno de ellos es el imperecedero asunto de la educación, la del colegio y la de fuera del colegio, la docente y la cívica, la cultura en general y la sabiduría para conocer que vivimos en sociedad.
Y no vamos por el buen camino.
Todos los eslabones educativos -administración, expertos, docentes, padres y alumnos-, paradójicamente al unísono, hacen lo imposible por esbozar una generación que, probablemente, llegue a ser la más inculta e incívica de las que se recuerdan. Algunos políticos se frotan las manos. ¿Catastrofista? Para nada. En todo caso los que me tachen de tal, seguramente, sean políticos astrales o culpables camuflados. Sin duda, los de a ras de tierra, los amueblados, estarán de acuerdo conmigo.
Verán.
Al sistema educativo lo único que le preocupa es salvar las cifras de fracaso escolar a base de indulgencias, mostrar una estética progresista a sabiendas de los retrocesos y cuidar la imagen seudoliberal penalizando las collejas.
A los expertos les ocupan otros temas vitales para la correcta educación de la muchachada como, por ejemplo, “los valores intrínsecos de la psicopedagogía en la colateralidad educacional y su pragmática en los escusados escolares”. O algo similar.
Por su parte, los profesores sólo piensan en solventar sus clases como corderos camino del matadero y demasiado tienen con procurar no salir desorejados tras la jornada lectiva. Y con razón, porque los que intentan ejercer de maestros y educadores son expedientados rápidamente o, en su defecto, agredidos.
Mientras, los alumnos van a su aire, coqueteando con los muchos derechos y rechazando las pocas obligaciones. Muchos de ellos están más ocupados del piercing y la cresta que de ser medianamente cultos y cívicos, o están abducidos por esa estética americana del culo al aire y la botellona bajo el brazo mientras pintan las paredes con “llanquis go jome” y beben cocacola.
¿Y los padres?
Ellos son, sin discusión, los grandes culpables del desaguisado y nadie les dedica jamás un renglón. Aquí no falla ese tópico “a tal padre, tal hijo”. Y me refiero y señalo a los que consienten a los hijos, a los que cesan en sus atribuciones, a los que se dejan pisotear, a los que ceden por comodidad, a los que se dedican a la germinación indiscriminada y no a la educación, a los que se enorgullecen de su “animalito”, a los que justifican las “animaladas”,… Los hay a patadas, tantos como energúmenos en las escuelas que, con los años, ya maduros, seguirán demandando la “sopa boba” y ya no habrá padres conseguidores. Entonces veremos.
Quizás caminamos por un camino equivocado y la gran solución al gran problema de la educación no esté en mejorar las escuelas de los hijos, que ni eso, ni en la nueva FEN, ni en otros onanismos, sino en instaurar escuelas para los padres.

martes 3 de marzo de 2009

Procedimientos "urgentes"

No dudo de la honorabilidad de nadie; ni de Sánchez, ni de Pelayo, ni siquiera de Pacheco. Es más, me gustaría que la gestión de todos ellos fuera mirada con lupa para que luego, sin juicios paralelos, salieran vivos y coleando, resplandecientes y sacando pecho de la investigación.
También lamento la defunción definitiva de la presunción de inocencia, cuando una denuncia, o una sospecha insustancial, llevan implícita una pena mediática y de deshonor. El gran culpable de este óbito proviene de una crisis ética palpable; una sociedad educada en el valor del amarillismo y el cotilleo, una clase política acostumbrada a usar el rumor como arma política de desgaste y unos medios de comunicación que, rebasando su responsabilidad social, hipotecan veracidad a cambio de ventas.
Pero el tejado gestor español tiene grietas que permiten goteras. De momento, todos ponen “tiestos” para recoger el agua pero nadie “recauchuta” el tejado. Y ahí se produce el trasvase de políticos hacia las comisarías, muchos, a diario, de manera preocupante, para luego cambiar el traje de “Armani” por el uniforme a rayas.
Hay que desmontar sin discusión la rendija de la tentación. Para que no haya malas interpretaciones, debemos vigilar cercanamente esos procedimientos de urgencia, o los fondos reservados, o esas particiones de los importes de una obra para asignar al capricho, o la libre designación de los cargos que sirve para enchufar a los más o menos amigotes, todo ello dentro de una legalidad tramposa.
Pero hay una realidad mucho más grave. Todos esos recovecos legales no nacen de la nada sino que han sido fabricados intencionadamente por la casta política y servir de subterfugio para hacer legítimos los chanchullos. Por ahí se cuelan nuestros 100.000 cargos electos (que sobran dos “ceros”) para convertir la democracia en puro “dedo”, para colocar a los amigos, compromisos, compañeros y camaradas cesantes, para devolver favores pasados a los “ladrilleros” o, en general, para hacer del cargo un cortijo.
Estoy seguro de que todos los políticos jerezanos, y los andaluces, y los españoles también, honorables como son a carta cabal, apoyarán la reparación de nuestro “tejado” decididamente, sin reservas, de forma más rigurosa si cabe, mañana lo más tardar, para que así nadie pueda cuestionar jamás el buen nombre de estos abnegados y mal ponderados protagonistas de nuestro engendro social.

lunes 23 de febrero de 2009

Sucedido

Me cuenta un guasón gaditano y “gaíta”, chirigotero, del “cai” y antisevillano hasta la médula, que un pequeño almacenista de materiales de la construcción, al que conozco de pasadas, solvente antes de la "desaceleración", con fama de pagador y fiador, con una plantilla satisfecha, ha pillado la cuesta abajo sin frenos. Empezó soportando algunos impagos y ha terminado impagando a diestro y siniestro.
Me dice el gaditano, mientras me machaca con el martillito carnavalero, que el empresario “desacelerado” pasa las mañanas ante su mesa de despacho para dar largas a sus adeudados y que, por las tardes, a veces noches, incluso madrugadas, se sienta ante la barra del único bar que le fía y hace un meritorio apostolado del “gintonic”.
Termina el “pisha”, con un ciego del quince y dándome dos golpes de martillito de despedida, contándome que esa misma mañana se ha tropezado con él. Le ha dicho que estaba desesperado, y que iba al puente de Cádiz para tirarse y acabar de una vez con su ruina.
Le han dado hora para octubre.

Crisis "bancaria"

La crisis ha afectado también a los banqueros, por eso están que trinan. Con cierto estupor y alguna náusea, hago recuento de los emolumentos percibidos por la alta directiva del BBVA.
El pobre mío Francisco González, presidente del BBVA, ganó 5,3 millones de euros en el año 2008, entre fijo y variable, más un plan de pensiones de 72,5 millones y 454.000 acciones como incentivo a su gestión. No debe estar muy contento con el sueldecillo porque, desde la diestra de Dios, pide austeridad a los españoles y se atreve a recomendarnos que no podemos aspirar a vivir por encima de las delicadas circunstancias económicas del país. Más irritado estará cuando ha ganado 0,3 millones de euros menos que el año anterior. No hay derecho.
A este descontento se han unido otros de la misma cúpula “bebeuvista”. Sin ir más lejos, el consejero delegado José Ignacio Goiriyonosequé, otro indigente, ganó 4,28 millones de euros en el mismo año, más un plan de pensiones de 52,5 millones y 383.400 acciones de incentivo. Los demás consejeros de la entidad sólo ganaron la pírrica cantidad de 3,5 millones de euros, sólo 0,2 millones más que el año anterior. Vamos, el IPC.
Como muestra de solidaridad con el resto de la ciudadanía, el Consejo de Administración del BBVA ha optado por congelar las retribuciones de 300 altos directivos para el año 2009, un acto altruista que, sin duda, reciben alborozados los tres millones de parados.
Afortunadamente, el Gobierno ha acudido en el auxilio de las penurias económicas de estos paupérrimos abnegados, corresponsables de la debacle financiera mundial y nacional, y está subastando fondos de nuestros bolsillos para que alicaten los agujeros producidos por la voracidad opulenta del ciudadano de a pie y, de paso, puedan pagar las letras de sus primeras necesidades; palacios, aviones privados y yates.
Afortunadamente, en este país, todos somos iguales.

Delincuencias

La delincuencia llama a la puerta de Jerez de la Frontera, como también suena la campanilla en el panorama patrio. La crisis salvaje, escenificada en números rojos, ahorros nulos, bolsillos vacíos, amenazas bancarias, fines de mes que duran tres semanas, subsidios perecederos, paro y más paro, pasividad general e insolidaria de quienes debieran paliar o acaso revertir la situación, desemboca históricamente en la irrupción de brotes de todo tipo de delincuencia. Y reitero, todo tipo, porque existe la delincuencia ilegal y la inmoral.
Y me explico. Es delincuencia asaltar un banco, desvalijar una casa o dar un tirón, pero también es igual de delincuente el especulador que va por las calles comprando casas al precio de la desesperación, o el que cobra un sueldo público por el mero hecho de ser amigote de yo no sé quien, o el figurón bancario que deja inamovibles las cuotas de las hipotecas cuando los intereses han bajado notablemente, por si cuela. Todas estas expresiones de la delincuencia van en el mismo saco, la delincuencia informada por la ley y la que se surte de la inmoralidad.
Y la prensa, con distintos enfoques, abundando en lo conveniente y obviando lo lesivo para sus intereses estratégicos, es fiel testigo de ese repunte de la delincuencia general, hasta niveles tales que sus páginas se han transformado en casi crónicas de sucesos.
Pero, sin ánimo de ser alarmista, me temo que la situación actual es sólo el principio, el grueso vendrá cuando se acaben los subsidios. Seguramente habrá quienes, por necesidad, recurran a una ilegalidad nada reprochable. Y digo esto porque, en el reparto de derechos y deberes, el Estado debe proporcionar una vida digna a sus ciudadanos y, a cambio, exigirles el cumplimiento de la ley. Pero, si el Estado incumple sistemáticamente ¿está legitimado para demandar la segunda parte del contrato?
Los preocupantes son otros. Pronto habrá quienes no se resignen a la pérdida de la cresta, de la raya de coca, del “piercing” y del BMW tuneado y que, por la aproximación de UDYCO a tierras jerezanas, tendrán que ganarse los cuartos en otros menesteres ilegales. Por otra parte, los de la sopa boba, los habituados al chalé, el yate y el “moetchandon” a costa de los presupuestos oficiales, de los chanchullos urbanísticos, de la ingeniería financiera, acuciados por la reciente fe de vida de la fiscalía anticorrupción, tampoco podrán dormir tranquilos y movilizarán a sus asesores para que busquen algún otro recoveco fronterizo que satisfaga su opulencia. Uno de esta ralea comentó insolentemente en mi presencia: “¿El paro…? es problema de los parados”.
Las autoridades saben bien de estas previsiones infalibles. Y en un clima de aparente normalidad, como si nada, sin alarmas, han ido añadiendo efectivos a las fuerzas de seguridad jerezanas y atrayendo células operativas que llevan siendo necesarias hace años pero que llegan, exactamente, casualmente, en este momento.

Malos tratos

Desayuno donde siempre, en un rincón, repasando la prensa. Entra un matrimonio que araña los sesenta, los dos regordetes, ella con un semblante severo y él con apariencia infeliz. Ella va delante, con paso determinado, mientras él la persigue como un perrillo.
-¡La mesa de la esquina! –señala la señora-.
Él obedece y corre a tomar asiento pero la señora le corrige.
-¡Tú en la otra silla, que no me dé el resplandor!
El hombrecillo, obviamente, cambia de silla y se traga sin rechistar el cegador resplandor de la ventana.
La señora se desprende del abrigo y él hace amago de imitarla.
-¡Ni lo sueñes! ¡Que luego te resfrías y no me dejas dormir con las toses!
Van a desayunar. La señora pide, literalmente, “un café manchado en vaso grande, un bollo con zurrapa de lomo y un zumo de naranja siempre que sea natural”.
-¿Y usted?
-Lo mismo –contesta el infeliz con una sonrisa colorada-.
La señora le mira sin contemplaciones.
-¡Ah no! A él le trae media con aceite y un cortado con sacarina, que está mal de las tripas.
Él agacha la cabeza y ella se hincha, más si cabe, como si hubiera ratificado ante un público inexistente su estatus de dominación. La señora le coloca al marido una servilleta a modo de babero y luego desayunan en estricto silencio. Él, por lógica, termina antes que ella y toma una miga caída en el plato.
-¡No rebañes!
Al fin acaban. Paga él y se disponen a marcharse.
-Ahora te llegas a por la fruta, a la carnicería y al “super”, que yo tengo hora en la peluquería. Ahí va la lista.
Le pasa al hombre una lista inacabable, con aires de pergamino, y se marchan.
Varias horas más tarde me cruzo con el mismo hombre de regreso a casa. Va congestionado y enterrado en bolsas. Me da pena y no tengo más remedio que pensar… “Y gracias que el hombre tiene infinita paciencia porque, el día que se revuelva, lo linchan”.

Educación para la ciudadanía

Con todos mis respetos para la ministra Cabrera, la asignatura Educación para la ciudadanía es un invento de sobaquillo de quienes quieren adoctrinarnos al estilo de las ikastolas, o sea, socialismo por narices. Y no lo digo de oídas, sino tras repasar concienzudamente el espurio contenido legal y respirar chamusquina en casi todos los textos que han llegado a mis manos.
Es más, la filosofía de la asignatura me ha recordado a aquella visita de la vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, a un colegio y en la que explicaba a los niños el significado de las izquierdas y las derechas. Según el peculiar sentido de la imparcialidad de doña Teresa, el mismo que impregna la EPC, la izquierda es la opción que mira hacia adelante, moderna, positiva, tolerante, “los buenos”, mientras que la derecha mira siempre hacia atrás, antigua, negativa, intolerante, o sea, “los malos”. Pues tres cuartas de lo mismo.
En mi caso hay pocas dudas. Ya en mis tiempos de Instituto mostré mi enérgica reticencia a que me inyectaran “franquismo” vía intravenosa a través de la desaparecida Formación del Espíritu Nacional, o sea la FEN. Dije entonces y digo ahora, que me traía al pairo el contenido que me pretendían inculcar, que lo que verdaderamente me sublevaba era esa vía antidemocrática de adoctrinamiento, la conculcación de mi libertad, sea cual fuere la ideología de turno que intentara sacar partido del invento. “No me fío de ninguna libertad que se imponga por cojones”, suele apuntarme un filósofo de tabancos jerezanos.
De modo que el Tribunal Supremo, como institución de un poder independiente -que me da la risa- tras la crucifixión de Montesquieu, ha decidido que la EPC de sus nuevos jefes no vulnera los derechos del ciudadano. Y es cierto, no los vulnera, sólo revienta libertades. Más debieran preocuparse de ordeñar el rebaño propio que los ajenos.
También recomendaría a la ministra Cabrera, a su homóloga andaluza y a sus emisarios provinciales, que concentraran ese tesón educativo en asuntos de mayor urgencia que en el andamiaje del futuro de sus siglas. Porque el problema principal de la educación no es la EPC sino el mismo sistema educativo que, en Andalucía, produce un fracaso escolar del 30% y en el que se suceden vejaciones a alumnos y profesores. O sea, ni se aprende ni se educa.

Soluciones domésticas

Escucho un revuelo al fondo del bar que hace olvidar el interés de la clientela por los contoneos de la escultural camarera. El dueño del bar, o el encargado, está discutiendo sosegadamente con un hombre cincuentón, con pose de torero y la cara del siglo pasado que acaba de despachar un buen desayuno apuntillado con dos “carajillos”.
-Que he dicho que no pago y no pago -contesta el cliente una y otra vez a los requerimientos del hostelero-.
Tras un variado intercambio de pareceres, la suave discusión desemboca en la crisis económica como argumento del impago. El tema del año; para muchos el tema de toda una vida. La escusa usada por el de la pinta de torero es cruda y callejera, pero más cierta de la que manejan el etéreo Solbes con discursos de marmota o los desahogados bancos con consejos de juzgado de guardia.
-Mire usted, no pago ni una “pejeta”. Ayer vino el Jacinto a cobrar el pan y usted le dio largas, como ha hecho en las últimas dos semanas. Y como no cobra, Jacinto me debe la fruta de otras dos semanas. Y como no tengo dinero, yo no le pago a usted. -argumenta el cliente sacando pecho-.
-¿Pero no se da cuenta que, como usted no me paga, mañana daré más largas a Jacinto y no le seguirá debiendo a usted la fruta? -responde el hostelero tras la barra, a punto de “saltar la verja”.
-¡Pues cuando usted le pague al Jacinto, y el Jacinto me pague a mí, vengo y liquido! -exclama el torero-.
-¿Y quién le pone el cascabel al gato?
-Zapatero –responde el del bar sin ninguna convicción-.
-¡Carajo! –replica el moroso con las mismas-.
Tras la palabra mágica, la discusión baja el tono hasta convertirse en una mera conversación no menos productiva. El cliente insinúa soluciones también de la calle, domésticas, nada voluminosas. Tan insignificantes que los políticos no las promueven desde las alturas de sus despachos de caoba, de datos desenfocados e intereses de “sillón”.
-Nos falta la sangre. -prosigue el cliente-. Un poner. Suponga que el Jacinto tuviera el crédito de su banco, como ha pasado siempre. Me pagaría a mí, yo a usted, usted al Jacinto y él al banco. Como ha sido toda la vida de Dios. Y todos contentos y a seguir remando.
El cliente moroso se marcha con su torería y deja a toda la clientela pensando. El hostelero se me acerca mascando un palillo de dientes.
-Ese no tiene ni idea. ¿Cree usted que si fuera tan fácil no lo habrían hecho ya los de arriba, que son gente estudiada y preparada?
Me quedo mirándole fijamente, sonrío con socarronería y me acabo el cortado.

lunes 26 de enero de 2009

LAS DOS CRISIS

En España cohabitan dos visiones distintas de la crisis; por una parte, la de los que trabajan a sueldo fijo y, por otra, la de los que viven de los beneficios o están en el paro.
Los primeros, como no la notan, como siguen cobrando a fin de mes, piensan que la crisis es más psicológica que otra cosa y, mientras, se miran el ombligo. A juzgar por una mirada general de sus declaraciones, Zapatero y sus siglas parecen estar alineados con la tesis de los insolidarios. Aunque también he escuchado esa monserga a muchos correligionarios integristas y bien untados. Como si la miseria que empezamos a padecer pudiera combatirse mejor con un psicólogo que con cierta sabiduría política. Aunque no es de extrañar, si los políticos no saben cuánto cuesta un café o cuál es el salario mínimo… ¡cómo podemos esperar que sepan de nuestros problemas!
Entretanto, en el otro lado, abandonados de la mano de Dios, están los que malviven de sus negocios y los parados. En este bando, que es mi bando, estamos estupefactos con la inacción y el desprecio inadmisible a la inteligencia ciudadana de sus proclamas electoralistas, de sus datos manipulados, de sus permanentes contradicciones. Pero claro, como prometen cobertura social a los desempleados, se ganan adeptos de la sopa boba, olvidando que hay otros, más dignos, que no quieren subsidios sino sencillamente un empleo.
Y, mientras tanto, los sindicatos callados, cómodamente amordazados, haciendo un servicio político y traicionando a los trabajadores.
Sólo desde esta perspectiva manipulada puede explicarse que el PSOE siga manteniendo el tipo en las encuestas, desde el amancebamiento, desde el más puro borreguismo a quienes, no hace mucho, desde Sevilla y Madrid, prometieron el pleno empleo. Porque, si no sabían que venía la crisis, se delatan como francamente torpes y, si lo sabían, demuestran que son unos perfectos desvergonzados.

LA CALLE PORVERA

La gente es muy aficionada a confundir los argumentos para armarse de razones, jugar con las medias verdades a conveniencia, o situar los hechos en una nebulosa de verdades y mentiras de manera que sean irreconocibles. Esta manía, de innegable origen político y que diariamente sufrimos impávidos en nuestras carnes, no es otra cosa que una artimaña detestable con la que se pretende engañar a la opinión pública. Y lo consiguen.
En la polémica sobre los cambios llevados a cabo en la calle Porvera está ocurriendo esto. En un bando están los indios, los perjudicados por las reformas efectuadas por Movilidad, y del otro los vaqueros, los que han perpetrado los cambios, el Ayuntamiento jerezano. Los unos y los otros se empeñan en enmarañar el asunto para, los primeros, tapar que sus negocios han estado beneficiándose del aparcamiento en doble fila y, los segundos, para disimular los nefastos resultados que son consecuencia inevitable de la imprevisión.
Queramos o no queramos, la calle Porvera tenía los mismos carriles hábiles antes que ahora. Sólo se ha cambiado el uso de uno de ellos, el que antes ocupaban perennemente los que aparcaban en doble fila para la cañita y la tapa, para comprar en los comercios o para recoger a los niños del colegio, y que ahora se destina para evitar los inacabables rodeos de los autobuses públicos y acortar ostensiblemente los trayectos. Hasta este punto, desde el prisma de la más ortodoxa legalidad, los cambios se me antojan bastante razonables.
Pero claro, a veces, la aplicación de medidas acertadas puede tener consecuencias injustas. El Ayuntamiento de Jerez, o por extensión todas aquellas instancias oficiales que toman decisiones, están obligadas inexcusablemente a hacer una evaluación previa de los daños colaterales de sus actuaciones, aunque sean de inmaculada legitimidad, y a presentar junto al proyecto medidas que palien esos perjuicios.
El Ayuntamiento no lo ha hecho, o mejor, sólo ha hecho la primera parte de sus deberes, sin pensar en los comerciantes de la calle Porvera o sin ofrecer alternativas válidas a los padres que recogen a sus hijos del colegio.
Y entonces llega una retahíla de propuestas apresuradas e improvisaciones, cada día una distinta, parches a cualquier precio para salvaguardar la cara amable socialista. En eso, tienen buena escuela.
Pero es una lástima que por esa falta de previsión, o por ese empeño en no hacer las cosas bien hechas, una decisión legítima y razonable acabe por convertirse en una chapuza y en un conflicto de difícil solución.

PADRE CORAJE

El “Padre Coraje” se lanzó al césped de Chapín para pedir justicia y todos le comprendieron. Sólo hubo un amago inicial, o mejor inercial, de las fuerzas de seguridad para aplacar a ese padre desesperado, pero pronto desistieron. Nadie tiene legitimidad en este mundo para frenar a un padre desposeído. Así que Francisco Holgado se emplazó en el verde, con luz y taquígrafos, desplegó su pancarta y denunció la cojera de un sistema lisiado, tan “afuncionariado” como media España, tan enfrascado en formulismos que olvida su razón de existir; la justicia. Así que el “Padre Coraje”, por enésima vez, arropado por su equipo azulino, pudo sofocar con su voz ronca y cansada las termitas que le devoran por dentro. Quizás quede en ese padre una secuela obsesiva, o una rebeldía enfermiza, o una manía irrazonable, un anzuelo clavado y enquistado en las carnes, las mismas razones que, sin duda, llevan al padre de Mariluz a pelear para que los funcionarios chupatintas no desvirtúen ese sueño vendido y trucado de la justicia justa. Yo mismo desistí en mis estudios de derecho cuando descubrí que todo este sistema judicial, este carísimo entramado en el que la justicia se pierde entre montones de papeles apulgarados, sólo es una envoltura estética, sólo apariencia, un apaño. También, en mis años universitarios, presencié avergonzado cómo los partidos utilizan las clases de derecho, repletas de gente con sueños de bien, para que se desfogue su cantera de políticos. De hecho, el más torpe y vacío charlatán de mi clase, llegó a ministro. Pero ése es otro tema. Todos los padres y buena parte de los que no lo son, comprendemos a Francisco Holgado, porque somos capaces de transportar la esencia de su dolor a nuestra vida y a la de los que nos son íntimamente cercanos para que ese dolor inducido, una mínima parte del que siente el “Padre Coraje”, nos permita comprenderle, apoyarle y perdonarle sus irrupciones. La pérdida de un hijo, que sucediera en el transcurso de su juventud, que aún persistan oscuridades inexplicables en el caso, que los asesinos y sus sicarios se paseen y regodeen en sus narices, son razones más que suficientes para impedir que su herida cicatrice y brame por ese dolor implacable. Entretanto, mientras miro una y otra vez los ojos desesperanzados de "Padre Coraje", el llanto que no cesa, afloran las reflexiones. Y es muy inquietante que exista ese abismo entre la justicia legal, la que marca el hombre, y la justicia natural, la que emana del orden natural. Salvo en casos muy evidentes, los que están a huevo, la justicia corre el peligro de convertirse en una mísera lotería. Si es así, más vale que determinemos culpables e inocentes a cara o cruz, será igual de efectivo pero más barato.

MALENI

Se llama Maleni y es Ministra. Hay muchas teorías al respecto. Unos dicen que lo es porque querían foguearla para reemplazar a Chaves en la Junta, si algún día se marcha. Otros argumentan que se la quitaron de en medio para que cesaran sus hostigamientos a Cajasur, seguramente la única Caja que sigue al margen de los tejemanejes políticos.
Lo cierto es que es Ministra de Fomento, que yo nunca he conseguido comprender el parto de esa denominación. Y Maleni se hace notar. Mi duda está en si Maleni tiene una varita mágica para convertir todas sus actuaciones en escándalo o si tiene una vela negra para que se le tuerzan todas sus gestiones. O lo uno o lo otro. Lo cierto es que, de seguir así, será una digna titular del Palacio de San Telmo o, en su defecto, la mujer del tiempo en Canal Sur.
Sólo desde este prisma, presuponiendo que es la elegida para desgobernar Andalucía, puede explicarse que Zapatero, mejor “Remendón”, la rescate de todos los fangos en los que Maleni insiste en meterse; hundimientos de túneles, AVES, estación de Barcelona, caos por la nieve, inundaciones y demás. Si no, ya estaría Maleni con las maletas hechas en la estación de Atocha.
Y cuando no, siempre está el PP para echar una mano. Y la catalana Montse Nebrera, de lengua fácil, también merecedora de una fulminante patada en el envés, ha aparecido de la nada para desviar la atención de las reincidentes torpezas de Maleni. Como si lo hubieran planificado los mismos Rubalcaba y Pepiño Blanco. La diputada conservadora, con su comentario sobre el acento de chiste de Maleni, o sea andaluz, ha ayudado a que se desinfle la merecida presión en torno a la talentosa gestión de nuestra ministra.
Cristina Alberdi, ex ministra socialista y desencantada de este PSOE de tiritas, afirmaba hace unos días que los socialistas jamás desperdician estos deslices, que machacan una y otra vez con esos detalles hasta invertir la situación y transformar a los culpables en mártires. El PSOE puede haber cambiado mucho, pero sigue utilizando a la perfección los mismos trucajes políticos de antaño.

lunes 5 de enero de 2009

El Rincón Malillo

El otro día celebramos nuestra tertulia, la llamada el “Rincón Malillo”, en las Bodegas Real Tesoro, aprovechando la zambomba de la Cadena Ser y Localia y la habitual convocatoria de Eugenio Camacho. Durante la misma, al amparo de algunos vinos de Jerez, bastantes, los tertulianos, como todos los viernes, hicimos ímprobos esfuerzos por arreglar el mundo. Al final, apenas conseguimos cierto punto espirituoso y el descubrimiento de la volatilidad. Pero lo intentamos al menos.
Sinceramente, esa tertulia merece ser atendida por todos, los de a pie y los de chofer, porque en la discusión, a veces seria, otras socarrona y siempre imaginativa, aparecen elementos muy aprovechables. En todo caso, el sustrato de todos los tertulianos que participamos es de tan completa heterogeneidad que refleja con inusitada inexactitud el pulso callejero. Es más, no estaría de más que algunos consideraran la tertulia como una referencia suboficial del latido jerezano y, también, como un borrador de ideas perspicaces e insinuaciones remozables para adornar la gestión pública con alguna nota de imaginación. Falta hace.
De hecho, sorprendentemente, algunas ideas arrojadas por la tertulia, no sé si por casualidad, han sido declaradas casi inmediatamente como intención política, lo cual eleva el grado de utilidad de nuestras verborreas.
Es indudable que la legitimidad de nuestras opiniones a la hora de ser tenidas en cuenta no es demasiada, más cuando los políticos tienden a rodearse de una multitud de asesores cuyas remuneraciones no son proporcionales a su utilidad. Pero el “Rincón Malillo” es distinto. Porque no cobramos, sólo bebemos; porque no representamos a la sabiduría tecnócrata sino a la llana imaginación; porque no inventamos necesidades sino que las transcribimos desde los rincones más recónditos de la calle, ahí donde están las verdades; porque no basamos nuestras propuestas en la técnica sino en la creatividad que hace naufragar a todos los manuales; pero, sobre todas las cosas, porque surgen propuestas solapadas al margen del fundamentalismo feudal de las siglas políticas.
El “Rincón Malillo” es, definitivamente, un buen y necesario puente de lo que le falta en política, del cáncer que va corroyendo la credibilidad de nuestro sistema; el alejamiento de gobernantes y gobernados, el encierro de unos y otros en habitaciones distintas e incomunicadas, la gestión cuadriculada y carente de fantasía. Allí, en esta reunión, está representado el rumor de Jerez, un latido verídico, real, porque allí opinamos voces de todo tipo, que corresponden a los más variopintos especímenes de la fauna jerezana, gente de todos los bandos y de todos los palos, que vierten opiniones anguladas pero que, tras la oportuna criba, dejan sobre los micrófonos el grano semilimpio de la realidad jerezana.

Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos (y Magas):
He de reconocer que este año pasado no me he portado ni mejor ni peor que en los precedentes. Lo normal. Pero me reconforta saber que aún no llego a la graduación de hijoputa (o hijaputa), cualidad ésta que por aquí atraviesa una etapa esplendorosa. Así que dejo a sus reales criterios si me regalan carbón o los calzoncillos de todos los años. Para el caso, lo mismo.
Sin embargo, pediría a Sus Orientales Majestades alguna cosa para todos, más filántropa; se trata del regalo de la felicidad, la salud y el trabajo, o sea, resumiendo, dinero. Pero sé que no está el horno para bollos, que ya tienen ustedes en la tierra pajes (y pajas) muy bien asalariados (y asalariadas) que debieran resolver esos asuntos y no lo hacen. Para que lo sepan, ellos nos prometieron bienestar y pleno empleo y miren. Como prueba documental número uno, les adjunto foto de las colas del INEM.
Me permito también darles un consejo; el cese fulminante del (o la) director (o directora) de marketing de Sus Majestades, por inútil.
La competencia, Papa Noel (o Mama Noel), el regordete (o regordeta) de rojo, sigue ganando terreno. Las Navidades, como se descuiden, pasarán a llamarse Christmas. Cada vez hay más árboles en las casas y menos Belenes. Los cotillones han dejado de existir para ser sustituidos por “partys” con “botellonas”. Seguro que, ustedes mismos, en sus sacas, han cargado más Play Station que lápices de colores. Anden Sus Orientales Majestades con ojo porque, a este paso, pueden terminar los (o las) tres en el paro. Como casi todos (o todas).
Eso sí, a pesar de todo, aquí seguimos siendo profundamente antiamericanos. Bueno, aunque también decimos que somos mayoritariamente socialistas. Adjunto prueba documental número dos, foto de los modelitos de las socialistas ministras.
Y puestos a cesar, de camino, ¿pueden Sus Majestades darle el finiquito al letrista del “pero mira cómo beben los peces en el río”? Es un capricho.
Hablando de americanos (y americanas), díganle a Su Majestad Baltasar que las elecciones USA las ha ganado Obama. Se alegrará. Por fin hay un presidente negro, un rey negro y un Pepiño Blanco. ¿Que quién es? Es difícil de explicar. Adjunto foto del mencionado como prueba documental número tres.
Lo que sí pido a Sus Orientales Majestades encarecidamente es que dejen de perseguir estrellas o que cambien de camello (o camella) y se esfuercen en un más justo reparto del carbón, sin enchufes ni diplomacias. Ya sé que es un asunto laborioso, que están muy liados y todo eso, pero yo les propongo un truco para facilitar la tarea. Cogen Sus Majestades el periódico y llevan una generosa ración de carbón a todos los personajes (y personajas), miembros (y miembras) que aparezcan en ellos reiteradamente, junto a una nota que diga “Este carbón por mentirosos” (o mentirosas). Les adjunto vista general del Congreso de los Diputados y de la Junta de Andalucía como prueba número cuatro.
Puedo prometer que, si lo hacen, seguiré creyendo ciegamente en Sus Orientales Majestades.

martes 2 de diciembre de 2008

ESCRITORES Y FONTANEROS

Recibo una llamada de teléfono.
-¿Don Carlos Jurado?
-El mismo -contesto-.
Mi interlocutor se presenta ceremonialmente. Me dice que ha fundado una revista de corte literario que, dada la filosofía corrosiva que la inspira, se llamará “La Barrena” y que está buscando plumas afiladas para llenar sus páginas de contenido.
-Si busca plumas… ¿Ha probado con Boris? -ironizo-.
-¿Ve usted cómo no me he equivocado al llamarle?
A continuación comienza con la glosa de rigor de su iniciativa, chocantemente desmedida, con los aparejos y embustes de quien te vende una enciclopedia. Me comenta que cuenta ya con reputadas colaboraciones, algunas deslumbrantes, aunque no me dice nombres. Lógico. Añade que “La Barrena” llegará a todos los rincones de España e Hispanoamérica, para convertirse en referencia de los entresijos literarios en lengua castellana. Para acabar, me ofrece una colaboración semanal como si me regalara un millón de euros.
-Todo eso está muy bien pero… ¿Cuánto pagan? -le pregunto-.
-¿Pagar? Nada, por supuesto. Le parece poco con la honra… -me responde con cierto deje contrariado-.
Como no es el primer ofrecimiento “altruista” de esta calaña que recibo para que, luego, los avispados promotores de periódicos, revistas y demás se llenen los bolsillos en santidad de buenas letras, intento abreviar la negativa. Y no por desprecio a ese tipo de iniciativas sino porque uno ya empieza a estar harto de la vejación constante que sufren los escritores, como si escribir fuera el único oficio en el que no están bien vistas las retribuciones.
-Es que los escritores también comemos -le digo-.
-Pues, la verdad, no le entiendo. Se pegan tortas por entrar… -casi me espeta-.
-No quiero que nadie se haga daño por mi culpa.
Me despido muy amablemente y cuelgo.
Apenas unos minutos más tarde, me informan de que se ha estropeado el grifo de la cocina, que chorrea, así que llamo al fontanero y le detallo la naturaleza de la avería.
-A ver si la semana que viene puedo pasarme.
-¿Y mientras? -le pregunto preocupado mientras observo el cuantioso desagüe del grifo-.
-Mientras pone usted un vasito.
Tres semanas más tarde, tres mil seiscientos vasitos después, está el grifo medianamente arreglado. Diez minutos cronometrados empleó el orondo fontanero en aquella improvisada chapuza sin ningún propósito de arreglo sino de poner la mano.
-Aún gotea -le señalo-.
-Pero no inunda -me responde insolentemente-.
Antes de que me pase la minuta, rememoro la conversación con el editor de “La Barrena” y decido experimentar con el asunto de las sensibilidades. Así que, para conmoverle, le explico al fontanero matices de la crisis económica, de su repercusión en las economías familiares, de cómo nosotros, los de abajo, los que no tenemos márgenes económicos para salvar la crisis, debemos hacer frente común y solidario para no ahogarnos.
-¿O no es para usted una honra haber arreglado ese grifo?
El fontanero parece no entender del todo mi comentario pero se encoje de hombros, me pasa la cuenta y extiende la mano.
-Pues se daban tortas por venir a arreglarlo.
El fondón fontanero me mira de arriba abajo, se rasca la colorada nariz y me dedica una mirada equidistante entre la socarronería y la impaciencia. Luego me cobra setenta euros por mano de obra, diez por los materiales y veinte por el desplazamiento.
Entonces fue cuando decidí dejar las letras y tomar el oficio de fontanero. Pero, por más que lo intento, no puedo.

EL SEÑOR MORALES


Un bético muy bien informado, de los de fiar, muy considerado en la cúpula de Heliópolis, me comentó hace ya algunos meses que Nuchera jamás compraría el Xerez Deportivo. Y me lo refirió con una sonrisa socarrona y recelosa.
-Ése está tanteando, como siempre. Lleva toda la vida haciéndolo, a ver qué pilla.
Quizás por esta referencia, insisto muy de fiar, no me ha supuesto ninguna sorpresa la reciente espantada de Nuchera. Ser solvente es una cosa pero, ser serio, es otra bien distinta.
Pero más aún, la retirada de Nuchera ha sido para mí una doble satisfacción.
Primero, porque no quiero en Jerez a un alumno aventajado de Lopera, con la chequera en una mano y el santoral en la otra; lo único que nos faltaba. Y también, por otra parte, porque así Joaquín Morales está obligado a quedarse en el Xerez.
La inspiración de esta satisfacción doble se sustenta en un detalle que puede parecer poco solvente; nunca me gustaron los ojos del sevillano y sin embargo confío en la mirada del de Dos Hermanas. Las palabras mienten pero los ojos no; nunca falla.
Por otra parte, como xerecista de corazón, recomendaría a esos aficionados en horas alborotadas, a los de las pintadas, algaradas y amenazas, una cura de amnesia.
Joaquín Morales asumió un Xerez ruinoso, devastado por Oliveres y Silgados, ambos de mala mirada. Me permito recordar que estos dos presuntos golfos, casi no presuntos, llegaron aquí de la mano de algún político grandilocuente y con el único propósito de cambiar fútbol por favores y ganar publicidad gratis para enaltecer sus turbios negocios.
Cuando al señor Morales le iban sus negocios viento en popa, podía dedicar buena parte de su tiempo y recursos al Xerez, pero ahora, con el batacazo inmobiliario, es lógico y humano que quiera vender para ocuparse de su patrimonio. También porque todo cansa, más aún el desagradecimiento. Pero hay que comprender que no pueda vender al oportunista de turno, a cualquiera, ni de cualquier manera. Los candidatos que van desfilando quieren favores bajo cuerda, subvenciones municipales, trueques urbanísticos,… y no está el horno para bollos. Así que recogen velas y se marchan. Sin embargo, Morales sigue.
Yo pienso que no hay dirigente en el fútbol que no se mueva por algún recóndito interés personal pero, en el caso de Morales, de ser así, que no lo sé, ese momento pasó. Así que quiero pensar que lo único que le mueve ahora es su orgullo por sacar este club adelante, una llamada de amor propio. Y habría que agradecerle todo esto con un apoyo que nunca ha tenido. No olvidemos que otros, en esta misma tesitura, o viendo que no podrían llenar las sacas, desaparecieron y no han vuelto a dar señales de vida.
Y yo me pregunto ¿A qué vienen tantas voces pidiendo que venda? ¿Qué razones hay para el descontento, para las pintadas, para las amenazas,… con un equipo líder y al día? ¿Cuáles son los intereses políticos y periodísticos por quitar a Morales de la circulación?
¿Serán sus errores? No lo creo. Personalmente no me inspiran ninguna confianza los tipos perfectos, sencillamente porque no existen, sólo existen tipos imperfectos con dotes de mentiroso. Sólo pido, en fútbol y en política, gente de buena voluntad. O mejor, prefiero errores sinceros que golfadas disimuladas.
Quizás, a final de temporada, haya muchos gritones de ahora que se apunten a mi carro. Porque sospecho que el denostado Joaquín Morales, o alguien en su nombre, será el primer presidente que lleve a mi club y a mi ciudad a primera división. Entonces desaparecerán de repente los detractores y brotarán los amigos y los políticos advenedizos.
¡Ah! Y para los mal pensados. Ni siquiera conozco al señor Morales personalmente.

LA MONEDA DE SEIS CARAS

Leo en la prensa una noticia alarmante.
Dice que sólo seis nombres, seis personas, seis caras, manejan las mayores partidas presupuestarias para la provincia de Cádiz. Se trata de Teófila Martínez, alcaldesa de Cádiz; Pilar Sánchez, primera edil de Jerez; Francisco González Cabaña, presidente de la Diputación Provincial; Diego Sales, rector de la Universidad de Cádiz; José de Mier, delegado especial para la Zona Franca; y Rafael Barra, presidente de la Autoridad Portuaria de Cádiz.
Y me rasco la barbilla. Esto quiere decir que seis personas manejan la friolera de 1.109 millones de euros y que, de sus presuntos buenos criterios, depende una buena tajada de nuestra felicidad. Pero más me rasco la barbilla cuando reparo en que sólo dos de ellos han sido legitimados con votos; ya saben, como se estila en democracia. Y si esto es así… ¿qué decreto divino ampara a los otros para que manejen nuestros cuartos y tomen decisiones cruciales para nuestras vidas?
Como soy tozudo, como una mula de las más tercas, desando la secuencia electoral para averiguar la soberana legitimidad de esos personajes. Y hay algo común en ellos; todos, directa o indirectamente, con mayor o menor disimulo, han sido designados por los aparatos de los partidos, a los que deben sumisión y quién sabe qué más. Y entonces aparecen nuevos y terroríficos descubrimientos, de los de vello como escarpias. ¡Pero si el presidente de la Diputación, casualmente, es el jefe en Cádiz del partido vitalicio en Andalucía! ¡Pero si nadie ha votado realmente a Martínez o Sánchez sino a garbanzos o lentejas! Este descubrimiento me sobrecoge y casi tumba mis muy sinceros principios democráticos. Casi tanto como cuando descubrí que la descuidada democracia puede legitimar que nos gobiernen dictadores camuflados o idiotas sin camuflar.
Porque son, al fin y a la postre, los aparatos de los partidos, el clan político, socialistas de "luisvuiton" y conservadores de "o sea", los que verdaderamente nos gobiernan. La sibilina transición de la democracia hasta la partitocracia.
Un amigo mío suele decir que la democracia se va perdiendo por el camino. Verdad como templo.
Y sigo leyendo la información de marras, más que nada por no ahogarme en la cenagosa espiral de las reflexiones. Y dice, además, que los mil y pico millones que se manejan desde Cádiz son notablemente inferiores a los que repercuten en la provincia por parte del Gobierno central y de la Junta de Andalucía. Nueva rascada de barbilla, más aplicada. O sea que, con lo que nos cuesta la descentralización política, también llamada “agencia de colocación de los amigotes, compañeros y camaradas”, ahora resulta que seguimos dependiendo de Sevilla y Madrid, de Chaves y ZP, o mejor, de Chaves y de quien sea porque el andaluz no se despega del sillón. Y ya me duele la barbilla. Porque concluyo que, en esta bendita democracia, nuestros cuartos son manejados por quienes nosotros no hemos elegido o por quienes están absolutamente alejados de nuestra realidad y necesidades.

viernes 14 de noviembre de 2008

La pataleta cotidiana

Como cada año, y van muchos, de manera nada sorprendente, aprovechando el estreno de los Congresos Literarios de la Fundación Caballero Bonald, usando la coyuntura para orinar en las esquinas y marcar territorio, el señor Bejarano abandona los santos y las muñecas para redactar sus puntuales insultos sobre Caballero Bonald. Y como nadie suele contestarle, se repite como el ajo.
Le puede la bilis y tiene que escupirla. La almacena minuciosamente durante 365 días para vomitarla sonoramente en estas fechas, con una exactitud sospechosa, con una premeditación insana. Quizás es el único recurso que le queda para significarse, para alborotar, con ese ejercicio de la micción esquinera.
Y arremete una y otra vez contra Caballero Bonald sin que muchos de sus fieles lectores sepan la real etiología de ese enfrentamiento unilateral, acaso seducidos por la habilidad del señor Bejarano para almohadillar con plumas las espinas; como una versión refinada de Barroso.
Pero, también, como jamás nadie le replica, quizás por no propiciar una batalla estúpida y sin sentido o, también, por no darle pie a que movilice sus huestes y el ruido se haga escándalo, o por no seguirle la corriente, el plumilla jerezano prosigue con su acumulativa tarea de ensuciamiento de una figura que, ni literaria ni personalmente, lo merece.
Antes de nada, es posible que alguien debiera advertir al señor Bejarano de la letra pequeña de la libertad de expresión, o sea, que se puede pero no se debe hacer mal uso de su rincón periodístico para perpetrar engañifas, o para revanchas, o peor, para determinadas venganzas particulares. O sea, cierta responsabilidad pública.
Y hablo de venganza con argumentos porque, si no lo saben, en el señor Bejarano confluyen dos razones de odio ciego sobre Caballero Bonald.
La primera, que siente amenazado lo que estima su territorio literario, o de significación letrista, su escueta demarcación, adoptando una defensiva innecesaria y pueblerina. Puede ser que el señor Bejarano confunda la destreza literaria, o la sangre, con razones administrativas de afincamiento. Según su retorcido criterio, alguien debiera explicarle a Caballero Bonald que el coto del señor Bejarano es lugar prohibido para los de arriba y también para los de abajo, sólo está abierto para sus secuaces. Esto me confirma que aún queda mucho que remediar en Jerez respecto a esas secuelas cortijeras.
Y hay una segunda razón. La soberbia del señor Bejarano, manifiesta en el exacerbado distanciamiento entre su cuello y su cabeza, no le permite digerir que fuera relevado de su cargo en la Fundación Caballero Bonald tras varios años de una gestión sencillamente inexistente. Poco empeño podía poner en la empresa cuando cuchicheaba en camarilla que sólo el merecía una fundación en Jerez de la Frontera. De modo que, tras un tiempo de inacción al frente de la Fundación, fue devuelto al amancebamiento de una subsidiada, fría y casi siempre desierta mesa de despacho.
Como pueden ustedes comprobar, al final, las cosas tienen un motivo más mundano que los reproches literarios y demás subterfugios.

Libros del futuro

El futuro de los libros, como soporte, como papel, se encuentra seriamente amenazado por los implacables avances tecnológicos. Eso nos insinuó Javier Celaya, que mucho sabe de esto, en su amenísima e inquietante conferencia con motivo del Congreso Literario de la Fundación Caballero Bonald. Nos vino a decir que no será un exterminio absoluto sino, más bien, una cesión variable y gradual de su predominio, una especie de cohabitación en la que, de antemano, se sabe quién lleva las de perder.
Y el conferenciante llevaba entre sus manos al culpable tecnológico del desaguisado; un libro digital; un ebook; o para entendernos, una especie de ordenador ideado para la lectura, o para la consulta, o para fardar, o más que todo eso, para ser vendido. Lo cierto es que ese ingenio diabólico tiene capacidad, de momento, para contener más de mil obras.
-De esa forma –me decía el conferenciante- cuando voy de viaje no me hace falta llevarme mil libros.
-¿Tanto lees en los viajes? –le pregunté de coña-.
Y no me extraña. Yo tengo una llave de memoria que alberga sobradamente todo lo que he escrito a lo largo de mi vida, que no es poco. Así de pequeños somos.
Las mayores editoriales del mundo ya están trabajando en el asunto de los libros digitales, al parecer de manera muy avanzada y guardando el mayor de los sigilos para no alertar a la competencia. Y si esto es así, pronto, o mejor inminentemente, comenzarán a proliferar estos nuevos diabólicos soportes de la lectura. Y ya hay quien idea añadirles fondos musicales, o imágenes en movimiento, o guías de personajes. Casi películas. Los inventos de la multimedia, la informática que lo hace todo. Casi todo.
Nada de esto será repentino sino una transición por goteo. Hay que ir masticando todos estos cambios súbitos mientras nos injertan los gérmenes del esnobismo. También porque, como alguien dijo, o lo digo yo, los cambios de calado necesitan que muera la generación defensora de los métodos tradicionales y que nazca una nueva que mame esa fórmula innovadora.
Yo, francamente, espero no ver cómo desaparece la magia de los libros de papel.

Crisis de caballo

En Jerez, aquí no podía ser de otra manera, atravesamos una crisis de caballo. Los males se ensañan con los más débiles y aquí ya estábamos bastante vulnerables.
La actividad económica, que los políticos se empeñan en enmarañar, tanto que ni Solbes parece comprenderla, se sintetiza en un término bien sencillo; la circulación de dinero. O lo que es lo mismo; yo hago, tú vendes y él compra. A partir de este bucle simplista se monta todo el confuso armatoste económico. Pero claro, si el que compra no tiene dinero, se vende menos y se disminuye la fabricación. Hasta que se paraliza el invento.
¿Y por qué hay menos dinero circulando? Por varias razones. Porque el que había por aquí ha sido retirado para tapar los socavones americanos. Porque cada vez nos quitan más pellizcos del bolsillo para el pago de las hipotecas. Y porque el precio de la gasolina ha aumentado a su vez el coste de todo lo que consumimos.
Hasta aquí razones externas. Pero no es serio que desviemos toda la culpabilidad al vecindario.
Por la dejación de unos y otros, hemos vivido en los colmos de una situación ficticia, inflada, por las inyecciones de los fondos europeos, por el desenterramiento de mucho dinero negro con la transición al euro y, sobre todo, por una desmesurada actividad constructora en reprochable connivencia con los bancos. Y la imprevisión de todo esto sí es una irresponsabilidad directa de nuestros gobernantes, de todos, de los que ahora escurren el bulto. Unos y otros han permitido esta escenografía económica trucada y nuestros gobiernos actuales, desde Madrid a Jerez, no han sabido leer soluciones al asunto. Era tan simple como poner dinero en nuestros bolsillos. Ahora se han dado cuenta, años después, cuando es demasiado tarde.
Ciñéndonos a Jerez, también pagamos ahora réditos adicionales. Los muchos años de caudillaje pachequista nos han instalado sobre un sustento frágil e inestable. Ese cacareado emplazamiento de Jerez en los brazos de los servicios y el turismo ha fracasado definitivamente. Hacía falta el acompañamiento de algún soporte más sólido. Pero no.
Y para no repetir errores, para hacernos fuertes, Jerez debe olvidar para siempre los inventos febriles del mesiánico de turno para apostar a muerte por lo que mejor sabemos hacer. Hay que aunar todas las voces y todos los empeños para reflotar nuestra industria vinatera, saber vender nuestros caldos, transformar su naturaleza inmovilista y amigarlos, ponerlos de moda con imaginación y sin funcionarios acomodados al frente. Por otra parte, teniendo todo lo que tenemos a nuestro alrededor, hay que empeñarse con igual determinación en el turismo, sin medias tintas y de manera sostenible, quizás porque el medio natural es nuestro principal aliciente y no los bloques de cemento, procurando calidad.
Pero falta determinación y atrevimiento. Difícilmente se puede apostar por un turismo de congresos con las aspiraciones pusilánimes y mediocres del palacio que se está construyendo. Se gana en función de lo que se apuesta.

Una chispa de actualidad

Están ocurriendo muchas cosas en Jerez últimamente, ninguna esperanzadora sino todas indeseables.
Se ha hundido una casa en la barriada de la Constancia. Estaba cantado. Lo único benigno del asunto es que no ha habido desgracias personales aunque sí ha sembrado la preocupación entre el vecindario. Recuerdo que, cuando iba yo de niño a aquellas casas, hace la intemerata de tiempo, ya me producían una impresión ruinosa, próximas al descalabro. Así que parece mentira que nadie en urbanismo, que no será por técnicos de presunto renombre y opíparamente remunerados, haya previsto esta amenaza.
Y en este ambiente de derrumbes, más incendios, más la crisis y el paro nuestros de cada día, reaparece Pacheco de la chistera y dice que vuelve, o que no se ha ido. Yo creo que se fue, que ha esperado un tiempo en la sombra aquellas auditorías sobre su gestión que nos prometieron, y que sale ahora de la concha cuando comprueba que no van a producirse. Sólo una verdad en lo que él llama su verbo directo, yo diría más bien averiado, que Jerez es un absoluto desastre.
En efecto, aquí vamos de mal en peor y nadie, del eje Jerez-Sevilla-Madrid, es capaz de insuflar a los jerezanos una brizna de esperanza. Yo percibo la preocupación en la calle, un malestar que podría llamarse atmosférico. Pero claro, de Jerez a Madrid pasando por Sevilla, resuelven esas preocupaciones con un atadillo de datos y con algún dislate de falsas esperanzas.
Pero hay un dato mundano que delata la crisis con solo pisar las calles jerezanas; no recuerdo un Jerez más sucio y descuidado. Las calles están inmundas; hay bolsas y desperdicios por todas partes; las aceras están machacadas y llenas de cascotes; los jardines están descuidados y los árboles secos; los bancos y paredes han sido primorosamente decorados con grafitis por esa juventud de la EPD, plena de sensibilidad y ansias culturales; los parterres son escusados comunales de perros como exponente de la refinada educación predominante.
En verdad, poco ayuda este panorama desolador al optimismo que pregonan para reanimar la actividad económica. No creo que lo más eficaz para el ánimo del respetable sea ese entorno de penuria, porquería y devastación.
Algo así como pedir chistes en un velatorio.

lunes 20 de octubre de 2008

Felices

Dicen algunos, sin duda desvariados, que la vida debiera tener como norte la consecución de la felicidad y que, en consecuencia, toda la mecánica organizativa debieran ser instrumentos que ayuden a ese propósito. Véase democracias, estados, ayuntamientos y demás, todos ellos repletos de funcionarios al servicio de nuestras sonrisas.
Si esto es así, que es así, ¿creen ustedes que lo estamos haciendo bien? O mejor ¿creen que estamos empleando el sistema adecuado?
Me temo que no. Y para corroborarlo no hace falta un ejercicio desmesurado; sencillamente, abran la ventana, miren hacia a la calle y observen los ojos de la gente; apagados, sin brillos, indiferentes, resignados.
Enfrente, en el bar, una señora está esquilmando en una tragaperras el dinero de la compra. Abajo, dos conductores pugnan por una plaza de aparcamiento mientras buscan trabajo bien remunerado a sus respectivas madres. También hay cuatro parados ocupando un banco. Uno de ellos comenta, “mal asunto que tengan que solucionar la crisis quienes la han consentido y quienes no la notan”. Más allá, una madre clama porque su niño acaba de pisar una de las miles cacas de perro, como un campo de minas. Al fondo, asoma la cola del INEM, más larga que nunca, como una serpiente.
¿No les parece muy costoso el aparato para los pobres beneficios que nos comporta?
Yo recomiendo un nuevo sistema; menos leyes, el derribo del "dios dinero" y más educación.

Las Diputaciones

Los últimos sucesos vienen a confirmar con meridiana exactitud lo que tan a menudo he pregonado desde este espacio; la ineficiencia y el oscurantismo de las diputaciones provinciales con la complicidad evidente del clan político.
Los medios han destapado lo sucedido en Almería donde la diputación servía de cobijo a despojos políticos, amigotes, compañeros de partido y otros desahuciados a los que interesa mantener contentos y callados. Casi un subsidio. La cabeza de turco almeriense, por cierto, está fraternalmente amparada por el señor Chaves al hilo de su interpretación moderna de la filosofía cortijera.
A mi juicio, un país, y menos en las tristes condiciones actuales, debe esforzarse por prescindir de los gastos superfluos y, habiendo en el aparato del estado muchas instancias innecesarias, no se me antoja nada más prescindible que esos cementerios de elefantes o casas de misericordia que son las diputaciones.
El sucedido almeriense debiera ser por tanto, sería de desear, sólo el principio; el punto de partida para la auscultación de los más recónditos rincones de las diputaciones; por ejemplo la nuestra. Luego, una vez adentrados en las tripas de su funcionamiento y valorada su eficacia, será casi obvio su desmontaje.
Cuando esto ocurra, subirá el paro considerablemente pero, al menos, no estarán repartiéndose entre ellos nuestro dinero.

La resurrección del vino

Sube el paro. En Jerez más que en ningún otro sitio. Llegaremos como poco a los 25.000 y los remedios deben producirse ahora y no cuando estemos ahorcados.
La propuesta de una ciudad turística y de servicios se resquebraja. Y era previsible. El turismo y los servicios debieran ser el añadido de alguna otra cosa. Si no, siempre estaremos a la merced de la volatilidad externa.
Tampoco es posible inventarnos un tejido industrial. Nadie nos quiere para montar sus empresas, salvo si son generosamente subvencionadas. Sólo nos usan para el vino, la risa y los langostinos. Sus razones tendrán.
¿Y qué hacemos entonces? ¿Resignarnos?
No se me ocurre otra fórmula que ser consecuentes con nuestra cultura. Apostar por nuestra tradición y sabiduría. Por el vino; sí, por el vino.
Se me ocurre reflotar la industria vinatera, como objetivo número uno, sin más puñetas. Tenemos una gran marca colectiva y los mejores productos. Sólo nos falta venderlos, habilidad, trabajo, imaginación y atrevimiento para resucitarlos. Constituir la “mesa del vino” –y no el vino de mesa-, dando cabida en ella a todos los sectores, echar en esta empresa el resto.
No hay otra alternativa para abandonar la cola de los torpes, salvo más de lo mismo.

Crisis

El Ayuntamiento de Jerez está casi en bancarrota, lo estaba ya antes de llegar la crisis. ¿O sigue sin ser crisis?
Las medidas que se barajan en el cotarro político jerezano para contrarrestar esta ruina no son demasiadas y, siempre, de naturaleza irrisoria. Recortes en todo hasta el ahogamiento menos en lo más razonable, en los gastos propios.
Yo, aquí, humildemente, les sugiero algunas medidas adicionales que, sin duda, no tomarán en cuenta. Pero, al menos, es bueno que el ciudadano de a pie sepa que no lo hacen.
Una. Supresión de todos los coches oficiales. O sustituirlos por bicicletas. Una medida, por otra parte, absolutamente congruente con el plan de movilidad que ustedes sugieren.
Otra. Limpieza exhaustiva de cargos y puestos obsoletos y revisión salarial de los que no lo son. De ahí podemos ahorrar un buen pico.
Y otra. Supresión de todos los departamentos y organismos decimonónicos e inservibles. Por ejemplo… ¿alguien sabe la utilidad de las Diputaciones salvo cementerio de elefantes políticos y Jauja de los amigotes? De aquí sí que sacamos una buena pasta.

jueves 2 de octubre de 2008

Nepotismo

En el Ayuntamiento de Jerez se suceden las acusaciones entre PP y PSOE, y viceversa, sobre los tratos de favor, también llamado nepotismo, en la contratación de determinados trabajadores; dicho sea que, a menudo, llamarlos “trabajadores” pudiera ser un exceso por mi parte.
Pues bien, aclaremos el término.
Nepotismo es la preferencia de los gobernantes o funcionarios por proporcionar favores o empleos públicos a familiares y allegados; lo que en el lenguaje cotidiano se conoce como enchufe. Este uso, en sociedades que presuntamente se rigen por el factor “mérito”, como la nuestra, constituye un acto a todas luces discriminatorio y corrupto.
Pero claro, el clan de los políticos se desenvuelve a las mil maravillas en esos territorios fronterizos de la legalidad y, con mayor destreza aún, en los de la moralidad. Por eso han llegado donde están.
¿Y qué hacen nuestros políticos para legitimar ese nepotismo?
Muy fácil. Inventarse la figura de los puestos de libre designación, o sea, el puro y afilado dedo vestido de legalidad.
En todos estos asuntos, y en otros muchos, los políticos procuran siempre sembrar la confusión entre la razón y el pretexto, el asunto y el trasunto. El pretexto es rodearse de figuras de confianza, más técnicas y especializadas, que les ayuden a dilucidar sus decisiones. Y la verdadera razón, más que a menudo, cuando no siempre, es el puro nepotismo, o sea, la colocación bien remunerada de familiares, amigos y afines.
No se salva ninguna de las formaciones que conozco, acaso el partido de Rosa Diez, por recién llegado. Y esa epidemia no excluye al espectro jerezano. Véase, PP y PSOE como versiones veniales de lo que promovió Pacheco en su día.
Y si estoy equivocado, para desdecirme… ¿podrían ustedes hacer públicas las listas de cargos de libre designación desde los remotos tiempos de Pacheco? ¡Ah! y de paso ¿podrían incluirme ustedes la nómina de la Diputación de Cádiz? De ahí, si no les importa, me apuntan a todos, del primero al último, que no los ha votado nadie.
Puede ser divertido.

martes 16 de septiembre de 2008

El habilidoso señor Brenes

El señor Brenes, máximo responsable de la educación gaditana, nos sorprende con una inacabable relación de sus logros. Pero pasa que, por más que busco y rebusco en mi experiencia personal y en la de mi entorno, no consigo encontrar ninguna hazaña meritoria. O sí. Acaso el mérito de haber asimilado el extendido uso político de la media verdad, de la inexactitud conveniente o de la pura mentira.
En cualquier caso, señor Brenes, me parece poca cosa para el engrosado presupuesto que maneja.
Así que, discrepando de la inmodestia del señor Brenes, su gestión se me antoja, cuando más, entre lo torpe y lo nefasto. Y es que cada cual juzga según los beneficios o perjuicios que le comportan determinadas decisiones y a mí, señor Brenes, me han hecho ustedes la gran puñeta.
Y le explico.
Yo tengo dos hijas en edad escolar, de edades muy próximas, y ustedes han tenido la feliz idea de separarlas y mandarlas a colegios diferentes que, además, ni se acercan a los que nosotros elegimos en su día, sin falsificaciones. Así pues, primeras gracias señor Brenes.
Pero además, al amparo de la ley, recurrimos esa designación en tiempo y forma y ustedes, los de Educación, con evidente mala educación, ni siquiera se han dignado a contestarme. Quizás el señor Brenes y demás estaban tan enfrascados en su excelsa gestión que han olvidado lo más elemental; cumplir la ley.
Pero hay más. Siendo nosotros padres trabajadores, lo cual hoy es casi un milagro, y con horario más allá de las tres de la tarde, solicitamos plaza de comedor para ambas niñas. Un pequeño alivio. Pero por supuesto, han sido denegadas. Gracias de nuevo, señor Brenes.
Por último, señor Brenes, muy pronto, se creerán ustedes legitimados para inocular a nuestras hijas con esa asignatura, la versión moderna de la FEN franquista, “la educación para la ciudadanía”, otro exponente de mala educación, materia con la que pretenden abducir a los menores sobre las muchas excelencias socialistas, todo bajo el tupido velo de libertades.
El señor Brenes, y otros, desconocen que la libertad no se enseña sino que se respira.

La Plaza de la estación

La plaza de la estación de Jerez, tras años de obras, tantos como las pirámides, ya está operativa. Por decir algo.
Para empezar, dejar allí un pasajero es una temeridad. Amén del suplicio de traspasar el engendro circulatorio de Madre de Dios, un nudo de inmovilidad para coches y peatones.
Pues bien, en la plaza de la estación han suprimido los posibles aparcamientos y, sin embargo, el parking sigue cerrado. Muy listos. Yo sigo sin entender esas fotogénicas inauguraciones de lo que aún no está acabado. Ese slogan jocoso que dice: “Yo no hago, yo inauguro”.
Siempre me ha admirado el preciosista edificio de la estación de ferrocarril, de lo más emblemático de Jerez, un monumento civil poco valorado que data de 1856. Lástima que el diseño de la nueva plaza haya borrado la espléndida vista con horrendas estructuras de ladrillo y chimeneas evocadoras de ninguna cosa. Parece, más bien, como si fuera la venganza de un antiferroviario.
Para completar el desvarío, esquinada, está la casi recién estrenada estación de autobuses. El aspecto es desolador. De primeras, porque parece un mausoleo, el paradigma de la mediocridad y de la inadecuación. Eso por fuera. Por dentro es peor. Allí nada funciona, ni los paneles informativos, ni el reloj. Se ha desprendido el revestimiento de paredes y columnas. Los expositores de prensa están atados a las columnas con cuerdas. Precintos de la policía local por el suelo. Patético.
Ahora sí usarán la palabra crisis para justificar este desastre.

Ahorro

Aquí estamos de nuevo. Un poco más morenos, algo más descansados pero mucho más pobres. Muchas cosas han pasado este verano y casi ninguna grata.
Y claro, cuando el bolsillo está apretado tras los dispendios estivales, comienzan los recortes. El nuestro y el público.
Puestos a recortar, nuestra Alcaldesa ha decidido suavizar los sueldos de los altos cargos designados por los anteriores sumos munícipes, que no deben ser pocos. El resto de formaciones políticas han puesto el grito en el cielo. ¡Claro! de todos es sabido que esos emolumentos se reparten con los partidos. Ahí duele.
Pero a mi juicio Pilar Sánchez se queda corta. No puedo entender cómo se perpetúan esas designaciones digitales. Debieran ser, digamos, nombramientos temporales, que permanezcan empleados justamente lo que sus padrinos políticos. Luego a la calle, como todo hijo de vecinos. También, espero, que para evitar males futuros, nuestra Alcaldesa dé ejemplo y no haga lo mismo con los designados por ella, es decir, que sean alistados con fecha de caducidad y no con blindajes sospechosos.
Pero aún actuando así, la Alcaldesa se quedaría corta. Porque los ciudadanos debemos exigir el desmontaje de este cementerio de elefantes en el que se han convertido departamentos e instituciones; duplicidad de funciones, mesas de despacho vacías, vagos de sopa boba, alojamiento de amiguetes, retribución de servicios prestados y mordazas para enterados.
Sin ir más lejos, sigo sin comprender la supervivencia institucional de las diputaciones, organismos florales pero que manejan presupuestos desorbitados y que son repartidos a discreción con complejo de Reyes Magos, despachos que son absurdo asilo de beneficencia de los descartados, de los molestos y de muchos compromisos opacos.

Los ruidos

El ruido es la hermana pobre de las contaminaciones.
Nadie le hace caso porque su repercusión no es extremadamente grave, sólo molestias e incomodidades, tanto como otras a las que, a capón, estamos acostumbrados.
Pues bien, asumiendo de mala gana los ruidos inevitables, esos que podrían catalogarse como lógicos, alguien debiera velar porque no proliferaran los que son de naturaleza intencionada, los producidos por quienes disfrutan con el simple hecho de molestar o por quienes se saltan de oficio las más elementales normas de convivencia.
Así que obviaré el estrépito de la recogida de basuras, o el claxon impertinente de quien ha sido encerrado en su aparcamiento, o las tumultuosas broncas de los vecinos, o el vocerío de quien lleva encima seiscientas copas de más.
Me referiré, o mejor, denunciaré, a los más escandalosos e imperdonables fabricantes de ruidos; las motillos y los coches, o para ser más precisos, al macarra que los conduce.
Parece ser que seduce, o “mola”, eso de manipular los vehículos para sacar de sus tripas el mayor estrépito posible.
Este gusto por el escándalo, por liberar tubos de escape, por fabricar discotecas ambulantes y abrir las ventanas para ensordecer al vecino, es uno más de los efectos secundarios de la reinante mala educación.
En tiempos de reinado de lo verde, de lo no contaminante, el ruido no debiera ser olvidado.

Las miembras

No hay modo más eficaz de adquirir popularidad que hacer ruido; también en política. Pero como los políticos no tienen una Operación Triunfo para destacarse utilizan otros medios, aunque no menos estrafalarios.
Pues bien, le ha tocado la vez a doña Bibiana Aido.
La gaditana, titular del Ministerio de Igualdad, una cartera vacía, tal como una casa abandonada, quizá sin otra ocupación, ha decidido llevar su cruzada feminista al campo de la gramática más elemental.
Doña Bibiana, con sus “miembras”, ha decidido reinventar la lengua española, no sé si por torpeza o por mal aconsejada. En cualquier caso, la lucha por los derechos legítimos de la mujer no merece rebajarse al uso de determinadas palabrejas. Quizás debiera pelear, por ejemplo, porque las mujeres ganaran lo mismo en el ejercicio de las mismas responsabilidades. Pero no, ha ido directa al más hueco de los ruidos.
Respecto a las “miembras”, me remitiré a las reiteradas referencias de avezados lingüistas, nada dudosos, respecto a los géneros. Existe el femenino, el masculino y también el neutro, y este último, por razones prácticas y no machistas, coincide con el masculino. Así que, doña Bibiana, no se trata de un fenómeno sucedáneo del recalcitrante machismo sino, sencillamente, de una solemne estupidez.
Pero hay más monsergas erróneas en los políticos; lo de “ciudadanos y ciudadanas”, “jerezanos y jerezanas”, “andaluces y andaluzas”… un abundamiento ciertamente innecesario y con regusto a integrismo populista.
Doña Bibiana y demás políticos, las palabras tienen género… pero no “miembro”… ni siquiera “miembra”.

¿Crisis, what crisis?

A los que digan que hay crisis se les caerá la lengua. Sólo hay desaceleración y, quien lo dude, es un alarmista.
Todo va como la seda. Sólo estamos desacelerados, que conste.
Ha aumentado el paro, hasta en el mes más propicio del año. Pero hay que estar tranquilos porque Chaves ha prometido el pleno empleo. Palabrita de honor, de las suyas.
La luz va a subir un pellizco. Las eléctricas no están contentas con los pingües beneficios del año pasado y el gobierno, al parecer, tampoco cuando aprueba este subidón.
También sube el Euribor y, siguiendo la teoría que dice que la energía no desaparece sino que se transforma, supongo que alguien se estará embolsando ese dinero de más que pagamos, quien puede, por nuestras hipotecas. ¡Ah! Y ya están los buitres especuladores rondando por las calles.
La gasolina ni les cuento; un cuarenta por ciento más. Alegría para los árabes y para el gorila rojo, o primate colorado. Y mientras, a quienes tienen el transporte como medio de trabajo, se les caen lágrimas como almendras. Pero, dicen, la huelga es una medida desproporcionada.
La cesta de la compra un disparate y los supermercados vacíos. La culpa para los biocombustibles pero, curiosamente, quien se desloma con los tomates y las lechugas, vende al mismo precio.
Y así una retahíla inacabable; menos dinero, menos consumo y más penurias. Menos mal que ZP nos da cuatrocientos euros; listo el hombre como el ciervo, que Botín los cobra y yo no.
Así que poco a poco, pellizco a pellizco, van dejando mermados nuestros bolsillos, nos van haciendo pobres y desgraciados, y ni una sola medida, ni una respuesta, ni un aliento,.. Bueno sí, que somos unos alarmistas.
Estudiando la carrera, mi profesor de economía, que fue alumno de Solbes, me dijo que el ministro era un buen soldado para tiempos de paz. Así nos luce el pelo.

Correos

Correos funciona mal, o peor.
A pesar de la descarga de trabajo por la proliferación del email y de las empresas de paquetería y mensajería, Correos ha ido acaparando otras parcelas hasta empacharse de faenas más lucrativas pero que descuidan la esencia, el servicio al ciudadano, el clásico carteo.
Y si Correos, en general, funciona mal, el jerezano lo hace peor. Se lo comenté a un conocido, funcionario de Correos, y casi se irritó.
-¡Como todo! -me replicó fulminantemente-.
No le falta razón pero es un pobre consuelo.
Así que he hecho algunos experimentos, maliciosos pero muy clarificadores.
Al mismo tiempo, he expedido dos cartas desde aquí, una con destino Alicante y otra al mismo Jerez, a mi propio domicilio, a dos metros del buzón donde la he depositado. La primera ha tardado seis días y la segunda semana y media. Conclusión: parece ser que, a veces, la línea recta no es el camino más corto.
Pero he ahondado aún más en mis indagaciones.
He enviado dos cartas, al mismo tiempo, desde Madrid y con destino a Granada y Jerez. La primera llegó a Granada a las cuatro días, y la de Jerez, machaconamente, ha tardado semana y media. Conclusión; en Correos es delito sobrepasar ese retraso.
Como ven, los resultados son suficientemente acusatorios. Pero no contra los empleados de Correos, que seguramente cumplan con creces sus cometidos, sino contra el organismo, sus carencias, su engorde de negocio y su deficiente funcionamiento.
Por cierto, la puntilla; acabo de recoger del buzón un crisma navideño. En pleno agosto.

Irena Sandler

La semana pasada murió Irena Sandler, supongo que para muchos una absoluta desconocida. Me vino a la cabeza cuando falleció la madre Teresa de Calcuta, al mismo tiempo que Lady Di, y la princesa del papel couché ganó holgadamente en la medición del pesar y del interés de la gente. Ese día se confirmaron mis preocupaciones sobre el mundo de silicona que, entre todos, estamos fabricando.
Irena Sandler fue otra de esas personalidades silenciosas que alimentan la esperanza humana. Esta polaca, con una bondad que hasta a los nazis ablandaba, se las ingenió para conseguir todo tipo de pases que le permitieran atender a los judíos del gueto de Varsovia. En un principio, se limitaba a cuidar a los enfermos; un esfuerzo inútil y desalentador, o morían o eran exterminados.
Irena decidió entonces mojarse, jugándose la vida varias veces al día durante muchos años. Hagan la cuenta.
Derrochando astucia y temeridad, fue sacando niños del gueto y, luego, no menos difícil en aquellos horrendos tiempos, sacarlos adelante.
Irena decía, voy a sacar la basura, y dentro de la bolsa iba un niño.
O, me llevo prestada esta caja de herramientas, y dentro iba un recién nacido.
O también, ¿otro muerto Irena?, y llevaba un ataúd con varios críos escondidos.
Irena Sandler, con ese goteo diario, consiguió liberar y salvar la vida de 2.500 inocentes, pero es más, llevó una minuciosa relación de sus nombres reales y falsos, para que nunca perdieran su identidad.
Y la pescaron. Fue detenida por la Gestapo y torturada terriblemente pero jamás delató a sus colaboradores ni el paradero de ninguno de sus niños. Irena había introducido sus archivos en botellas y las había enterrado en un jardín, algo que no se supo hasta el final nazi.
Gracias a esta mujer, desconocida para la mayoría, hubo 2.500 niños vivos y, no menos importante, que sabían quiénes eran y, sobre todo, que surtieron de esperanza a una humanidad deshumanizada. Pero esto, seguramente, no tiene la menor importancia.

Exilio

He conocido a alguien, en un bar, un hombrecillo que llevaba agarrado a una botella de vino barato desde las ocho de la mañana. Si bien la borrachera era estimable, no había desbaratado lo suficiente cierta clarividencia y la impecable construcción de razonamientos.
Me dice que va a renunciar a la nacionalidad española, lo que es sin duda un comienzo interesante, que ama su bandera pero, también, que ésta representa mucho más que una tela de colores amarrado a un palo.
Le meto un poco los dedos y sigue.
Me cuenta que siempre ha pagado religiosamente sus impuestos, que ha sido un fiel cumplidor de la ley, que es un hombre intachable –asuntos todos que luego he podido corroborar-, pero que lo de la nacionalidad es una especie de contrato, yo doy y España me da.
Pero a cambio de su rectitud, de su amor, de su profundo respeto, sólo recibe patadas y algún escupitajo en el ojo. Luego me cuenta sus circunstancias y le comprendo absolutamente.
Me dice que está en el frío paro, siendo un trabajador competente donde los haya, entregado, mañoso y nada conflictivo. Que ha malvendido la casa de sus ahorros y vive en un agujero; no podía pagar el descarado subidón de las hipotecas. Que es muy cuidadoso en el uso de los servicios públicos y que, sin embargo, una vez que tuvo que llevar a su hija al médico, poco más y la matan. Que sus dos hijas estudian en dos colegios distintos, cada uno en una punta de Jerez, y que ha rogado y protestado y nada, sólo desprecio de funcionario apesebrado y fotogénico.
Así, por espacio de media hora, ha ido contándome verdades como puños y que claman al cielo. El ejemplo de un hombre feliz que ha sido amargado por quienes le administran, por los que, presuntamente, cobran un pico por solucionar sus problemas.
Acaba diciéndome que va a pedir la nacionalidad de Ruanda Burundi, que no te dan nada porque nada tienen, pero que, al menos, no joden.

Escritores

Todo el mundo habla de libros, de títulos, y nadie de escritores. Salvo en el caso de Ruiz Zafón, por su habilidad narrativa, o el de Boris Izaguirre, más que nada por su trasero. Pero es así, como si plantaras letras en un tiesto y germinara una novela o un poema.

También las administraciones, que hablan lindezas de la lectura, de los libros y de la intelectualidad, que hacen campañas de fomento y organizan ferias, casi escupen a los escritores; al menos a los que no comen en su mano.

Escribir es un trabajo penoso, muy considerado y mal remunerado.

Penoso como cualquier otra actividad creativa, ese esfuerzo de percibir cosas inadvertidas, de traducirlas en personajes y situaciones y de dibujarlas exactamente con palabras. Y peor aún, también hay que comer y comprar papel, y para eso hay que trabajar aparte.

Muy considerado porque publicar un libro es como las estrellas para el militar, un logro diferenciador y un revestimiento de presuntas sabidurías. De ahí el vergonzoso intrusismo de cualquier mindundi casposo en el campo de las letras. Y así nos va, que les aseguro que hay mejores libros inéditos que publicados.

Y, por último, poco o nada remunerado. Muy a menudo, escribir es el único trabajo en el que hay que dar las gracias. Si llamas a un fontanero, te desatasca las cañerías y cobra. Y qué decir si necesitas el desatasco de otras cañerías. Pero al escritor, nada de nada.

Ahora que está de moda la comparativa europea, no he conocido una nación ni una región más desdeñosa con los escritores que la nuestra, salvo con los comprometidos de carné en la boca. Y ya no es tanto la remuneración, a veces es suficiente con cierto respeto, un cuido, hacia un colectivo que, indudablemente, aporta a la sociedad muchas más cosas que otros.

viernes 9 de mayo de 2008

Resaca

Un día hemos tardado en reencontrarnos con la cruda realidad, sin piedad, de sopetón. O uno y medio si se tiene en cuenta que el domingo de feria se ha perdido, entre maniobras de desmontaje y desfiles de mulos.
Entre las impresiones positivas, principalmente, la oportunidad de las fechas, con esa fiesta intermedia que ha animado la presencia de madrileños y de sevillanos con el mono por haberse aguado la suya.
Pero también muchas negativas.
Una feria sin autobuses es un impedimento demasiado grave para disfrutarla. Y me da la impresión de que no se ha hecho todo lo posible para evitar la huelga, los unos aferrados a una actitud próxima a la extorsión y unas autoridades más preocupadas con minicumbres de vinos y gambas.
Y demasiados incidentes, con un salpicón de trifulcas más o menos graves pero que siempre trastornan a los que van, llanamente, a divertirse. Y así seguiremos hasta que nos convenzamos de que en la feria no hay lugar para litronas ni pastilleos. Pero claro, hay que mimar los votos de algunos dieciochoañeros.
También sería necesaria una revisión que mesure la teoría pachequista de las casetas privadas. Es triste pagar una caseta durante todo un año para poder almorzar en paz y que no puedas hacerlo porque están ocupadas por quienes no pagan.
Hay trabajo por hacer, pero quizás sobre miedo a la pérdida de determinados nichos votantes.

Feria de Jerez

Casi acabamos de empezar la semana de feria, un tiempo que ansiamos muchos jerezanos a lo largo del año pero que, luego, a base de copitas de más, se suele hacer larga.
Pero ya está aquí, nuestra feria distinta, uno de nuestros mayores distintivos. Incluso huele a vino y a albero, a algodón y a caballo, a gitanilla florista y a chino con invento luminoso, y ya tengo el pitido en los oídos por esa competición implacable de ruidos. A ver quién puede más.
Y hay días para todos los gustos. El día de las mujeres, el de los hombres, el de la caseta, el de los niños… pero todos, absolutamente todos, son días de alegría y olvido.
Sí, también de olvido. Porque fuera, traspasados los límites del ferial, amenazan las preocupaciones diarias, las hipotecas, las crisis, los catastrazos, los colegios, los precios,… Demasiados problemas para una España que nos pintan como casi perfecta. No vamos mal, sino que estamos desacelerados. Pues vale.
Pero dentro del ferial, bajo el alumbrado, aunque esté apagado, prevalece el olvido. Un estado de ceguera colectiva lleno de sonrisas, las que producen nuestros vinos bien bebidos y bien comidos. Una fórmula infalible para no andar a gatas. Y en ese estado de euforia estelar, todo es posible y casi nada está prohibido, cualquier cosa, que siempre podemos echarle la culpa al vino.
Apenas nos demos cuenta, habrá acabado la feria y volveremos a casa. Allí nos esperan los mismos problemas de antes, más una obstinada resaca y un nuevo agujero en nuestra economía.

Paritarias

La mayoría femenina en los gobiernos nacional y autonómico ha levantado una buena polvareda. Las reacciones han sido las previstas, unos muestran su reticencia con los nombramientos y otros los apoyan. Todo previsible, demasiado previsible. Incluso me da la malévola impresión de ser una polémica calculada, como una zanahoria en los hocicos de un pollino, con perdón, para provocar su arrancada.
Y me explico.
Parto de una premisa; que los ministros y consejeros debieran ser designados por su valía y no por el contenido de sus entrepiernas, sin cuotas ni puñetas, que me saben a reparto de botín.
Pero huelo a chamusquina. Chaves y Zapatero no sólo le han tomado el gusto a coincidir en las elecciones sino que, además, en ambos casos, han optado porque sean mujeres la mitad más uno de sus consejeros y ministros. Un gesto demasiado casual.
La zanahoria está servida y pronto han arrancado los más cándidos tras ella. Todos los que han mostrado su desacuerdo, con o sin argumentos convincentes, ya han sido hábilmente recluidos en el descrédito de los machistas e intolerantes. O sea, los malos. Incluso, de refilón, han impulsado algunos roces en el batallón enemigo. Y, por otra parte, quienes han apoyado los nombramientos, con criterios aún más sexistas, o sea, por el simple hecho de que sean más mujeres que hombres, sin ningún criterio de validez, han sido políticamente santificados. O sea, los buenos.
En eso, ni más ni menos, consiste esta reedición del truco de la zanahoria. Que valgan o no valgan para el cargo es otro cantar.

Mari Luz

Por fin atraparon al asesino de Mari Luz, esa preciosa gitanilla onubense. Pero no debe cerrarse ahí el asunto, ni mucho menos. Porque hay muchos otros cabrones impunes rondando por las calles y porque este caso ha dejado encuero nuestra justicia y nuestra seguridad.
Ahora debe llegar, perentoriamente, la fase de reflexión y normalización. Lo que vulgarmente se llama aprender de los errores.
Primero: ese presunto animal recién detenido y su cohorte de similares debieran pasar muchos años enjaulados, o todos, sin rehabilitaciones ni puñetas, ni atenuantes onanistas, en el más cruel sentido punitivo. Así quizás puedan comprobar en sus carnes lo que son carencias afectivas; las de los reclusos.
Segundo: como ese presunto animal ya debiera estar enjaulado, el estado, sin duda, es el responsable penal subsidiario de la barbaridad ocurrida y, por tanto, como puede ocurrirnos a los de a pie, debe ser sentenciado. Pero más grave aún, el asesino tenía causas pendientes por pederastia, fue detenido apenas desaparecer Mari Luz y, sorprendentemente, fue puesto en libertad. Supongo que, entonces, comprobarían su identidad y los antecedentes del cacho carne. O a lo mejor es mucho suponer.
Tercero, y especialmente urgente: hace falta un zarandeo serio de un sistema judicial y policial que ha hecho aguas. Alguien, al que pagamos generosamente, ha dejado en libertad durante años a un sujeto, o mejor presunto hijoputa, ciertamente peligroso, cuya reincidencia en la criminalidad era una mera cuestión de tiempo. ¿Cómo es posible? Probablemente sea responsabilidad de algún juez de los que viven en el infinito, o de un jefe de policía preocupado por las estadísticas de la criminalidad, o de algún funcionario de nueve a tres. Quién sabe. Pero estamos obligados a bajar a ese juez a la fría tierra de los mortales, o a enseñar a ese policía cómo se patean las calles de Rentería, o a mostrar a ese funcionario los ingratos caminos del desempleo.
Creo que, todo eso, se lo debemos a Mariluz y a su familia.

martes 18 de marzo de 2008

Inapetencia

A veces, sólo a veces, cuando tomo la pluma para escribir, se me queda la mente en blanco. Me pregunto si sirve para algo más que para vaciar de clavos mi conciencia. Si a alguien le interesa lo que puedo decir en estas líneas. Si con mi opinión puedo accionar el resorte de la rectificación, o alguna lealtad escondida.
No lo creo.
Da la impresión de que lo que pueda decir yo, u otros, que se mueven estrictamente dentro de los márgenes de la buena fe, opiniones distintas y puntos de vista menos viciados, se estrellan contra los guiones de hierro y los intereses torticeros.
Así que podría hablar de temas sobados que enturbian el panorama jerezano considerablemente; como la no devolución fulminante de ese disparate de expediente catastral; como la inseguridad ciudadana y la crispación creciente, algo que sólo perciben los que, como yo, tomamos diariamente las calles y no los que habitan burbujas; el enorme problema de la educación como proyecto de convivencia, un sistema machacado por políticos cuyos hijos estudian en Inglaterra; la reforma de un hospital cuya mejor solución, según las opiniones más capaces, es la llana demolición; la cabezonería de construir un palacio de congresos mediocre para seguir acogiendo un turismo de medio pelo; el estupor porque la Junta, ahora, milagrosamente, apueste por el gran premio de motociclismo, cuando siempre le ha importado un rábano, lo cual, políticamente da que pensar; más otros asuntos endémicos que todos solucionan antes de las elecciones y que se pasan cuatro años más sin solución.
Pero les aseguro que no servirá de nada. Parece ser que valen más crédito las opiniones de otros escritores, o sucedáneos, o grafómanos, que las de intelectuales coherentes de distintas siglas. Pero si vende más libros Boris Izaguirre que Muñoz Molina o que Caballero Bonald, todo es explicable; tendremos que enseñar el culo para luego integrarnos en la intelectualidad bananera y así ser escuchados, además de vender muchas bazofias.

Postelectoral

Escribo esto el viernes y aún no sé quién ha ganado las elecciones. Supongo que todos. Como siempre.
Y antes de conocer los resultados, antes de que las euforias o las decepciones tapen mis conclusiones, con objetividad, he reflexionado sobre lo visto.
Respecto a Andalucía, sólo una palabra; pena. Como andaluz, no es de recibo que el señor Chaves esconda su gestión tras el ruido de las elecciones generales. Andalucía merece un debate propio, sin injerencias, limpio de ramas, para que se hable nítidamente de nuestras realidades más cercanas. Por lo demás, yo echo de menos aire limpio, caras nuevas, políticas para los ciudadanos y no falsas palabrerías para crédulos, un ambiente sin nieblas para que, de una vez, el andaluz pueda votar libremente y no con disimulados encauzamientos.
En lo nacional, más que un proceso electoral, me ha parecido una campaña de desprestigio; de los candidatos y de la política en general. Un ejemplo de mediocracia.
Alguien debiera explicarle a algunas sabandijas, turbios asesores de los políticos, que no todo vale para ganar; que el voto es un simple trozo de papel y que vencer, en política, no debiera ser otra cosa que satisfacer a los ciudadanos.
Lo cierto es que jamás vi una disputa más pobre y bajuna en la historia de nuestra democracia actual. Quizás los partidos se han contagiado de la atmósfera reinante, de la gente, de las calles, de las televisiones, y han tomado nota de la zafiedad, la crispación y el insulto. O bien lo promueven. He escuchado atrocidades de puro memo, promesas hilarantes, datos encapuchados, hasta a un discriminado positivo ha estado a punto de correrse en un mitin. Lo nunca visto. Por lo demás, en mi caso, respecto a mi situación personal hace cuatro años, puedo asegurarles que gano menos y que gasto más al comprar lo mismo. Esa es mi medición y no otra. Lo demás, me trae sin cuidado.

martes 4 de marzo de 2008

Debates

Está de moda el debate político, ese espectáculo estelar, de bambalinas, de histrionismos interpretativos, de audiencias, de pura cosmética, donde los candidatos pretenden enfatizar en varios minutos cuatro años de gestión y de oposición, de aciertos y de fracasos.
Parece mentira. Despotricamos de todo lo americano y, sin embargo, irradiamos americanismo por los cuatro costados. Los imberbes van con pantalones de culo al aire, mascando chicle, con la gorra invertida, en monopatín y pintarrajeando las paredes. Encumbramos a ese intruso llamado Papá Noel en detrimento de nuestros Reyes Magos. Devoramos cine americano y hasta los actores, confesos de su antiyanquismo, pierden el traserillo por un Oscar. Las empresas adoptan las fórmulas americanas, vender el máximo a cualquier coste, machacando. Y sin embargo odiamos a los americanos.
También estos debates políticos, preelectorales, son una imitación más de los burdos hábitos americanos. Un intento de elevar a términos circenses el debate político.
Pero más importante aún es el post-debate. Datos sobre quién ha ganado, como si eso fuera crucial en el proceso electoral, y mil sondeos dispares, según el medio de que se trate, siempre dudosos, que intentan enmarañar nuestras impresiones reales, y apostillas falsarias desde los partidos.
A mi juicio, el acto del voto, esa decisión sacrosanta escrita en nuestra papeleta para elegir una opción u otra, es algo más importante que todo eso; es el premio o el castigo a una trayectoria, a los logros y los olvidos, a las confianzas y los engaños, y no a las facultades interpretativas, o a las medias verdades y medias mentiras, o a los datos muy volubles que se vierten durante media hora.
Yo soy partidario de que el signo de nuestros votos, de los que votamos una gestión y no unas siglas viscerales, de los que no llevamos una etiqueta colgada del cuello, debe inspirarse de puertas adentro, en nuestra vida diaria, en lo que tenemos y en lo que nos falta. Este sería un síntoma definitivo de cultura democrática que convalidaría, de una vez por todas, un sistema que se me antoja como estancado en la estética.

sábado 1 de marzo de 2008

Necesidades reales

Me gustaría aclarar que escribo estas líneas antes del debate de ayer, e importándome poco lo que digan o dejen de decir. Prefiero medir los logros según trayectorias y no por una función made in USA, estelar y momentánea.
Pues bien. La campaña electoral, a veces, mejor a menudo, circula por terrenos absolutamente irreales, en términos que en nada se ajustan a las auténticas necesidades de la ciudadanía.
Los de a pie, y es un útil consejo, debemos cerrar los ojos, abstraernos, y no permitir que los medios y los partidos nos digan lo que necesitamos. Sólo cada uno de nosotros sabe lo que necesita.
Un ciudadano jerezano, por ejemplo Perico, uno del montón, como usted o yo, para empezar necesita un trabajo. Tiene el derecho y también el deber de trabajar; por razones económicas, por amor propio y por responsabilidad social. De nada sirven las cifras manipuladas y las mentirosas promesas de unos y otros. La realidad es que Perico está parado.
Pero imaginemos que Perico trabaja, lo cual es mucho imaginar. Las siguientes preocupaciones son cómo va a pagar la hipoteca, los colegios, los impuestos, la cesta de la compra, la ropa, la gasolina, el café de ochenta céntimos,… Si Perico desea, además, una buena educación para sus hijos, escolar o extraescolar, o que hagan deporte, o que avancen como personas y no penetren en esa preocupante y tolerada fauna juvenil, tiene que hacer entonces un importante desembolso adicional.
Por otra parte, Perico, a cambio de lo mucho que tributa, encuentra calles sucias, salvajes al volante, atascos, agresividad, falta de aparcamientos, una incipiente mala educación, una sanidad desencantada, una administración apática y una enseñanza atemorizada.
Así que Perico, se pasa buena parte de su vida haciendo encajes de bolillos, ingeniería mini-financiera, para vivir con lo puesto o endeudándose lo menos posible. O meterse a sinvergüenza, que ese sí es un negocio seguro.
Y ahí van las soluciones políticas a los problemas de Perico; unas décimas de crecimiento del PIB, un gráfico dudoso, el recorte de medio punto de inflación, más prohibiciones para las faltillas y más exenciones para los grandes pecados, un apestado manual de educación para la ciudadanía y cuatrocientos euros de magnánimo regalo, como si los fuera a pagar ZP de su bolsillo. Así que Perico traga el anzuelo, se tranquiliza, vota y sigue con las mismas, haciendo cuentas.

sábado 23 de febrero de 2008

Racismo

He asistido a los entrenamientos de la Fórmula Uno. Ya saben ustedes, Hamilton y Alonso en pista. Además, en plena efervescencia de los presuntos insultos racistas que el piloto inglés recibiera en Montmeló. A mi juicio que todo esto está sobrepasando con creces el “castaño oscuro”, con perdón.
Y es que últimamente, con eso del talante, estamos de lo más sensibles.
Miren ustedes. Lo que yo vi en Cataluña, un grupo de tiznados que decía ser la familia de Hamilton, para mi gusto, tiene mucho más de coña marinera que de racismo. Que la FIA, casualmente comandada por un inglés, se horrorice y tome medidas antirracistas me produce casi hilaridad. Y más aún que nuestras autoridades se contagien del asunto. Y me explico.
Racismo es, por ejemplo, haber tenido sometidas a las colonias Indias y Pakistaníes, tratándolos como puros esclavos. También es racismo, y esto lo he visto yo en Londres, permitir carteles en las puertas de los bares que prohibían la entrada de perros y españoles, textualmente. O quizás es mayor racismo que los ingleses, en las proximidades de Gibraltar, esa colonia de puros ingleses de tortilla con papas, batas de “guatiné” y alpargatas a cuadros, en suelo español, existan clubes donde se prohíbe la entrada a españoles. En cuanto a energúmenos, basta con ver los comportamientos de las hinchadas británicas.
Yo he podido ver a Hamilton, de cerca, y les aseguro a ustedes que es negro. Puro negro. Como Nakajima es puro amarillento y Kovalainen puro blanco traslúcido. Como Melchor, Gaspar y Baltasar, qué puñetas. Como los hay barbudos a lo Fidel, orejudos a lo Carlos de Inglaterra y cabezones como Pacheco. Lo más natural.
Durante los entrenamientos, la grada se ha comportado exquisitamente, si me apuran sólo he detectado alguna provocación maleducada por parte de algún cateto llanito que olvida quienes son los que se tragarán el chapapote del “New Flame”.
Sólo un incidente reseñable. Se ha levantado un gitanillo, mil veces más negro que Hamilton, puro tizón, y ha gritado a los cuatro vientos.
-¡Aquí, yo soy el único que puede llamarle negro!
Habrá que detener a ese gitanillo y encarcelarle por racista.

lunes 11 de febrero de 2008

El Tempul

El zoo botánico de Jerez ha cumplido la friolera de 55 años. Lo celebraron agasajando con una tarta flotante a los hipopótamos y nuestra alcaldesa, Pilar Sánchez, atascada por las protestas del pestilente asunto de Jerecom, no pudo llegar a tiempo de soplar las velas.
El sábado hubo más celebraciones. Acudieron más de un centenar de niños, y se embelesaron con un teatrillo creativo y maravilloso, y saludaron uno a uno a sus amigos los animales, y brincaron en el parque infantil, y luego, ya en casa, soñaron con aquel rincón distinto a todo lo conocido.
El Tempul, que a mí lo del zoo botánico me suena a capricho pachequista, continúa su andadura, principalmente, gracias al empuje e imaginación de quienes lo tienen a su cuidado y acuciado, como otros tantos, por los recortes presupuestarios. Es así. La falsaria opulencia municipal de antaño, la de rontondas, estatuas y mucho ladrillo, se sufragaba con endeudamientos diferidos; una fabulosa pirámide para el culto de nuestro faraón que dejaba tras sí miles de esclavos muertos.
Es ahora, ya en tiempos del postpachequismo, cuando pagamos aquellos excesos. Y mientras, aún estamos esperando la prometida auditoría de su gestión o, al menos, una investigación cuidadosa debajo de las alfombras.
Pues bien. Nuestro querido Tempul, monos, tigres e hipopótamos, son sufridores solidarios de las ruinas pasadas. Las más que necesarias obras de ampliación y acondicionamiento están paradas, abandonadas, y ya sufren la devastación de las tribus urbanas. Cuando quieran retomarlas no van a encontrar nada.
Yo soy un admirador de nuestro Tempul y participante discontinuo de sus actividades, quizás porque es el único paisaje de Jerez que realmente me devuelve a la infancia. Lo considero como un íntimo orgullo para todos los jerezanos, silencioso pero implacable. Y pienso que no se puede recortar de todo por igual. Está bien que se purgue la Gerencia de Urbanismo de técnicos innecesarios pero generosamente asalariados. También que se racionalice el gasto. Que se rasque de uno u otro sitio para apuntalar este gran castillo de telarañas que, económicamente, es el municipio jerezano. Pero no se puede pretender que jirafas, leones y elefantes paguen el pato y, menos aún, que se quebrante uno de nuestros muy escasos orgullos.
Ahora, más que nunca, es indispensable que todos nosotros arropemos nuestro Tempul, visitándolo, participando en sus muchas actividades, para elevarlo a su real importancia. Porque quien tenga hijos y vea sus rostros asombrados clavados en aquellos animales y plantas, no sólo se sentirá feliz por ellos, sino que recuperará al instante el casi perdido orgullo de ser jerezano.

Catalán en Andalucía

Un tal José Antonio Sierra, creo que sin haber bebido demasiado, propuso el aprendizaje del catalán en Andalucía, argumentando que, si así se hacía en el extranjero, debiera enseñarse igual en el resto de las comunidades de España.
Nuestro PSOE andaluz, últimamente muy advenedizo, o quizás buscando complicidades catalanas en otras instancias, se ha apresurado a incluir tal iniciativa en su programa electoral.
Yo, en principio, no tengo nada que objetar a la propuesta, incluso me parece enriquecedora, salvo una mera cuestión de prioridades.
Los mentores socialistas de esta iniciativa catalanista, con el apoyo de algunas peñas del Barca o quizás aleccionados por la confesa vocación culé de ZP, quizás debieran concentrar sus esfuerzos en otras parcelas, menos cosmopolitas pero infinitamente más necesarias; empleo, economía, vivienda, educación,… temas preocupantes y laboriosos cuya resolución, o empeoramiento, copará holgadamente el tiempo de su hipotético gobierno.
Pero ciñéndome a la parcela estrictamente lingüista, se me antoja más urgente la enseñanza razonable de la lengua española, como herramienta diaria, para que así nuestros vástagos superen de una vez esa ominosa terminología del “colegui”, del “superguay” y del “sanfrantástico”.
Por otra parte, en algún aspecto, no me parece nada legítima la propuesta. Principalmente, porque los castellano-parlantes somos discriminados de manera vejatoria en Cataluña, en un bar, en un aeropuerto, trabajando, a veces de forma grosera, dilapidando ese “seny” del que tanto presumen. Quizás, mejor que esa propuesta que, lo reconozco, me sugiere alguna desconfianza, convendría proponer a los estamentos oficiales de Cataluña que no fuera imprescindible un examen de catalán para trabajar en todos ellos.
¿Hay alguien que pueda incluirlo en su programa?

Panorama jerezano

Mientras ZP nos promete 400 euros y Rajoy el pleno empleo, uno, que es “currito” de a pie, se pregunta:
¿400 euros si gana?, ¿pero no gobierna ya?, ¿por qué no lo hace ahora?, ¿está comprando votos?
Y también, en la otra acera de las promesas:
¿Llegará ese pleno empleo a Cádiz?, ¿no es una promesa manida?, ¿queremos los gaditanos trabajar plenamente?
Entretanto, los jerezanos seguimos y seguiremos al tran-tran, sin que haya variado notablemente el paisaje y sin atisbos de esperanza. La única novedad reseñable es que el Xerez ha ganado un par de partidos seguidos.
¿Por dónde crecemos en la provincia de Cádiz para mejorar nuestras vidas; para mejorar nuestras rentas; para involucionar el desempleo?
Porque, no lo olvidemos, uno de cada cinco parados nacionales está en Cádiz y este dato no sólo debiera preocupar sino que resulta absolutamente intolerable. Tanto que, de mediar alguna vergüenza, debieran desfilar uno a uno todos nuestros responsables, o irresponsables, para dar paso a ideas nuevas.
¿Crecemos desde la industria vinatera? No lo creo. La única esperanza puede residir en el talante rompedor de Ruiz Mateos y su Nueva Rumasa. ¿Pero les dejarán esta vez?
¿Crecemos desde la construcción, nuestro último y etéreo motor? Menos aún. El artificioso universo del ladrillo, como era de esperar, ya está dejando sus cadáveres y la subsiguiente cuota de paro.
¿Crecemos desde la industria? Tampoco. La única industria que tenemos es la negociada y a cambio de parabienes. Ningún empresario en sus cabales va a instalarse en territorios conflictivos y con mano de obra cara, menos teniendo alternativas más rentables en la nueva Europa o en países menos desarrollados.
¿Crecemos en la agricultura? Ni contesto; repasen las OCM.
Entonces ¿Desde el sector servicios?
Sería posible, pero aquí no existe ni desparpajo, ni atrevimiento, ni imaginación para que lo hagamos.
No se puede atraer un apetitoso y viable turismo de convenciones y congresos con el Centro de Congresos proyectado para Jerez, arrinconado, condenado al fracaso desde el papel y que continúa su paso por la maldita inercia política y sus intereses profundos y retorcidos.
¿La Fórmula Uno? Es muy cara. Para Valencia y Barcelona, no lo es; para Jerez, sí. En otros lugares se apuesta para ganar y aquí no se gana porque no se apuesta. Y sin embargo, hoy, la Fórmula Uno es un eficaz negocio de imagen, de beneficios directos y de indirectos.
En definitiva, nuestro único patrimonio para crecer es el hecho de estar ubicados en un rincón del paraíso, sierra y mar, naturaleza e historia. Pero ni se explota, ni se valora, ni se sabe vender. Y fracasamos porque, habiendo magníficos profesionales para planificar una auténtica revolución, son frenados por intereses de asientos políticos, por compromisos irrompibles y por falta de atrevimiento.
¿Saben? Ahora, más que nunca, necesitamos de alguien que rompa todo esto.

martes 22 de enero de 2008

LA REINA GITANA

Se llama Rosario Montoya. Es jerezana orgullosa de serlo, gitana hasta la médula y artista con mayúsculas.
Pero no se engañen, ni baila ni canta ni palmea. Nada más y nada menos que vuelca su cuerpo menudo, su mirada negra, sus rizos inquietos, y su mucho arte, sobre las teclas de un piano.
Una gitana tocando el piano.
Pero además lo borda, en creación y ejecución, entreverando ritmos dispares, tramos melodiosos con arranques de genio, pasajes de sabor clásico con volutas árabes y aires flamencos, los que lleva dentro.
Así es. Escuchar sus interpretaciones resulta una delicia sobrecogedora. No te permite, en ningún caso, ni un leve instante de impasibilidad. Porque cuando ya acaricias las algodonosas nubes a través de sus notas suaves, confiado en un plácido y lineal viaje musical, aparece el sobresalto desgarrador de los rayos y las tormentas, el sabor incierto de bulerías y tangos, de malagueñas y seguiriyas, de rumbas y salsas, todo subyacente, disimulado, pero evidente.
Pero no es sólo su piano, sus manos. También ha sabido acompañar la interpretación de sus composiciones con instrumentos dispares, agridulces, el fondo lloroso del violín, el quebranto de la caja, los austeros acordes del violonchelo, fabricando una amalgama heterogénea, un raudal a veces desgarrador y desconcertante.
Pues sí, Rosario Montoya, la reina gitana, es de Jerez. Y casi nadie lo sabe.
De ser sevillana la llevarían bajo un palio, estaría arropada como un bebé, pero aquí, en esta bendita tierra tan parecida a la sevillana, nos diferenciamos de ellos en el frío desprecio de lo propio. Como ya ha ocurrido con tantos.
Así va Rosario Montoya, la Reina Gitana, paseando el nombre de Jerez por todas las tierras de España, maravillando con esa música distinta, repartiendo emociones de miel y sal. Seguramente, cuando alcance sin ayuda las alturas que le corresponden, entonces, la llamaremos sin pudor traidora de su tierra.

NACIONALISMO VASCO

Llevo algún tiempo arrastrando las ganas de escribir alguna línea sobre el nacionalismo vasco. Hoy, por fin, me he decidido. Y sentía esa picazón porque la imagen política que nos muestran no es más que la fachada de una muy elaborada operación estética de marketing.
Así pues, diré lo que sé al respecto, que les aseguro que no es poco, y de muy buena tinta. Aún no me explico por qué motivos se silencian o son minuciosamente tergiversadas las auténticas realidades vascas.
La aspiración nacionalista vasca es bien reciente, de finales del XIX. Fue formulada sin ninguna convicción por un tal Sabino Arana, un Carlista revenido, que, entre otros inventos de menor calado, ideó la ikurriña, prefabricó una ortografía del euskera y contagió a unos pocos de su acentuado racismo. Así de reciente es esa tradición nacionalista que pretenden vendernos como una realidad casi prehistórica.
El difuso ideario de este personaje ambiguo y controvertido fue captado por unos pocos poderosos para fundar el PNV. La razón última de este partido, fuera de maquillajes, es muy simple. ¿Por qué repartir la tarta vasca con el resto más desfavorecido de España? El modus operandi es igual de obvio, presionar al gobierno central con la amenaza independentista para arañar beneficios. O sea, resulta que la doctrina vasca, como casi siempre, se agota en “la pela”. Lo demás, créanme, es torcida propaganda.
La independencia vasca es cuestión de tiempo. El plan elucubrado es tan paciente como eficaz y se van cumpliendo escrupulosamente los hitos establecidos al término del franquismo. La estrategia era bien simple. Un brazo político, el PNV, y los estragos de ETA. Los segundos matan, extorsionan, amenazan, y los peneuvistas ponen la mano.
Mientras tanto, mediante las ikastolas –escuelas fundamentalistas vascas, para entendernos-, han ido envenenando a los niños en el odio a España y en el amor a su invención reciente. Esto ocurre desde hace treinta años. Y los bebés de entonces ya votan.
Por otra parte, han procurado de todos los modos la expulsión de los que no piensan de igual manera, con amenazas, cartas, pintadas, agresiones, muertes,… Poco a poco, aburridos y aterrados, ha ido desertando buena parte de los discrepantes del nacionalismo.
Con lo uno y lo otro, ahora, calculadora en mano, ya empiezan a salir los cálculos para proponer, o forzar, un referéndum.
Ese, y no otro, les aseguro que es el panorama real en el País Vasco.
Cuando esa unidad de propósitos entre PNV y ETA comenzaba a resquebrajarse, llegó ZP que, con el talante en la mano, se dejó engañar con diálogos imposibles. Él mismo ha reconocido su error, pero era evidente.
No se puede negociar con alguien que te apunta con una pistola por debajo de la mesa. Además, ETA no se acabará con razones porque no es posible razonar con fanáticos o con seres descerebrados e innecesarios. Y los Kale Borroka, esos agitadores callejeros, no son otra cosa que unos “macarrillas” de tres al cuarto que conforman la cantera etarra. Reciben en el móvil una consigna y queman lo encomendado. Al día siguiente, recogen un sobre con una gratificación para gastarse en litronas, piercings y porros. Yo he visto una tarifa de los “kale borroka”, sellada por ETA; diez mil por quemar un cajero, cien mil un banco, etcétera. Supongo que habrá otra similar por asesinar diputados o guardias civiles.

EL COTARRO ELECTORAL

Al ciudadano de a pie, supongo, se le debe estar haciendo muy cuesta arriba encontrar destinatario para sus votos. No tanto en las andaluzas, en las que Chaves, parapetado una vez más tras el fragor de las elecciones generales, repetirá en su empeño de proponer una Andalucía puntera y ejemplar; fundamentalmente en pobreza y desempleo, materias en las que seguimos siendo la cola aventajada de Europa; lo que, al parecer, nos gusta.
En las elecciones generales la cosa se complica; las opciones no son de demasiada confianza o, en todo caso, votaremos la menos mala, lo que en democracia es francamente preocupante.
Por la derecha, Rajoy, o quienes le asesoran precariamente, desfenestrando a Gallardón, ha desperdiciado una ocasión pintiparada de ensanchar hacia el centro su potencial votante. Una torpeza, porque buena falta le va a hacer ese puñado de votos. También, con esa rumorosa eliminación, ha descartado una futura amenaza para los Aguirre, Zaplana, Acebes, Arenas, etc… políticos atravesados para el electorado nacional y necesariamente renovables.
Pero además, dos torpezas en una, esta decisión ha amordazado el anuncio de su fichaje estrella, Pizarro, un brillante gestor capaz de dar respuesta a la principal preocupación del españolito, esa alarmante situación económica que sólo Zapatero es incapaz de vislumbrar.
Por la izquierda, encontramos más de lo mismo. El PSOE, como siempre por estas calendas, intenta caldear las viejas rencillas entre los españoles, como si en España fuera posible una nueva confrontación civil. Una baja artimaña, un engañabobos. Lo que no puede presentar es un balance afortunado de su gestión, que ha sido torpe, indecisa y débil. Si no miren; fortalecimiento de ETA, debacle económico salvo para la banca, irrisoria política social, menos educación y más paro y empleo precario… Eso sí, mucho talante, pero poco talento.
Tampoco esta vez dispone del recurso de las mentiras del PP como arma arrojadiza; Zapatero mintió descaradamente al asegurar que no se había reunido con ETA después del atentado de la T4, y lo hizo. Sin embargo, ahora no ha habido mensajitos, ni juicios, ni acometida de los medios, ni estrategias de Rubalcabas. Raro, raro.
Más a la izquierda, la dama apostólica del PSOE, Izquierda Unida, manejada por un celestial Llamazares que despide odios irredentos en cada una de sus palabras, sólo ofrece respuestas a los encasillados en sus siglas. Y aquí no le valen sus subterfugios congresuales, cambiando las reglas inopinadamente para asegurarse su continuidad.
Así que, me temo que, si quiero votar en conciencia, mejor ese día me quedo en casa.

miércoles 19 de diciembre de 2007

PROMESAS

Acaba el año, llegan los fríos y las lluvias, se suceden las zambombas por todos los rincones jerezanos, preparan los camellos los Reyes Magos y los renos ese invasor barbudo llamado Papá Noel. También se acercan las elecciones.
Ante esta cita inminente, presuntamente crucial, afloran todas las mentiras programáticas, gusanos en anzuelos, caramelos de Reyes para que los niños se aproximen, mendigando los votos que ninguno ha merecido en la palestra política.
Son siempre los mismos engaños, ni siquiera se entrevé un mínimo esfuerzo imaginativo. Embustes cada año más fantasiosos en sus magnitudes, desaforados, irrealizables. Debiera haber un órgano estatal que penara los incumplimientos, o bien que obligara los cumplimientos. Quizás así se acortaran las largas lenguas que repentinamente florecen para ganar fraudulentamente cuatro años más de confianza.
Y he hecho mis cálculos malignos.
En España, de haberse verificado las promesas pasadas, habría cien millones de puestos de trabajo. Tres por cabeza. Trabajarían hasta los gatos.
Las sacrosantas pensiones, el patético premio de nuestros mayores, lo que ahora es un acto de irritante misericordia, estarían poco menos que en el doble. Un respiro para esos muchos arrugados “quinientoeuristas”.
La enseñanza, la sanidad, la justicia y los transportes serían gratuitos. La jornada laboral de cinco horas, viernes libres, y remunerado derecho al aperitivo y al bocadillo.
Existirían siete viviendas por cada españolito. Si no las hay ya, en ladrillos deshabitados y especulativos.
Les invito a que tomen un trozo de papel, que anoten con letra clara cada una de esas promesas, de los unos y los otros, que las cuelguen en lugar bien visible para revisarlas dentro de cuatro años, y que entonces, refrescada la memoria, voten el cumplimiento y castiguen las falacias. Puede ser un ejercicio divertido.

COMPRENSIÓN LECTORA

Días pasados, en el transcurso de una entrevista, un periodista me objetaba un comentario aparecido en uno de mis libros. Yo aseguraba en esas páginas, poco más o menos, que Jerez participaba solidariamente de los atrasos endémicos andaluces, y él me rebatía enérgicamente lo de Jerez y lo de Andalucía, pero con unos argumentos próximos al estupor.
Pero no han tardado en darme la razón. Los últimos datos aparecidos no sólo corroboran mi aseveración, sino que agravan mis estimaciones.
Según un informe de lo más serio, en los últimos cuatro años, el nivel de comprensión lectora de los alumnos españoles ha descendido de forma "muy notable", el de matemáticas es "ligeramente inferior" y el de ciencias apenas varía.
A mí, que soy de letras, me alarma sobremanera lo referente a la lectura. Porque esos datos expresan que los niños españoles cada vez comprenden con mayor dificultad lo que leen, si leen alguna vez. Y siendo así, vienen a decirnos que ha disminuido consecuentemente su capacidad de reflexionar, de razonar, de imaginar y de sentir. Y todo esto apunta necesariamente a la menor solvencia de sus opiniones.
Pero hay más en ese estudio. Porque Andalucía está muy por debajo de la media española, a la cola rezagada en los tres apartados.
Pero nadie puede sorprenderse por esto; es un asunto que se presume fácilmente en la calle, a través de los periódicos,... sin necesidad de estudios e informes. La educación en general, y la animación a la lectura en particular, en España y más en Andalucía, son temas de segundo orden; la política, desgraciadamente, sigue estando por encima de nuestros intereses

jueves 6 de diciembre de 2007

EL PRIMATE COLORADO

Le llaman el gorila rojo. Lo de gorila salta a la vista; lo de rojo, por la indumentaria y, también, por su ideario socialista en su versión bananera y apulgarada.
Lo cierto es que la trayectoria política de Chavez, el orondo y deslenguado venezolano que me ocupa, tiene una similitud hitleriana. Ambos, Hitler y el gorila, acceden al cargo a través de las urnas, y ambos lo hacen aupados por las desvergüenzas de sus predecesores.
Y yo me pregunto si es legítimo, o aceptable, o asumible, que un dictador acceda al poder a través de unas elecciones libres.
No lo creo. A la democracia sólo deben jugar los que aceptan las reglas del juego. Y aquí en España, también.
La irrupción política de este tosco “primate rojo” pudiera sugerir una dolencia mucho más preocupante; que los venezolanos, votando a un previsible dictador, hayan dejado de creer en la democracia. Así de fácil, así de grave, y así de aleccionador. Y es más, parece ser que éste es un fenómeno preocupantemente reiterativo en Sudamérica.
La escasa esencia democrática de Chavez se muestra a las claras en sus últimas actuaciones, quizás cegado tempranamente por una desmedida borrachera de poder. De ahí su berrinche cuando le mandan callar porque está interrumpiendo e insultando a mansalva. De ahí que intente zarandear la vida política española. De ahí que amenace todo aquello que sepa a español. Es el pútrido estilo de los iluminados dictadores de baja estofa.
Afortunadamente, el pueblo venezolano ha reaccionado en las urnas y ha dicho basta, reprobando que un dictador se legitime con la cosmética democrática. Quizás han advertido que, mientras el muy graso y proletario “primate rojo” desmantela el sistema, empieza a haber colas para conseguir un poco de pan, leche y aceite.

miércoles 28 de noviembre de 2007

ARRIBA Y ABAJO

He advertido que, por lo general, existe una percepción errónea del servicio público. Por arriba y por abajo.
Los que están arriba, los administradores, piensan y se sienten por encima de los administrados; ellos formulan soluciones a su mal o buen criterio y los demás, en cualquier caso, debemos acatarlas. Aunque sean próximas al disparate. Pues bien, esta es una fórmula muy próxima a la tiranía.
Pero, entretanto, los de a pie, o sea, los de abajo, tenemos el vicio de aceptar esos atropellos en el convencimiento ciego de que provienen de instancias casi divinas. Y a esto se le llama pleitesía o servilismo.
A mi juicio ya va siendo hora de enmendar este asunto. Les apunto un nuevo concepto, sin duda más acorde con un sistema democrático idóneamente interpretado. Nosotros, los de a pie, tenemos la manija, damos votos pero exigimos que sean minuciosamente utilizados. Y ellos, los administradores, del primero al último, no son divinidades sino empleados nuestros, ejecutores de nuestros deseos y no incomodadores caprichosos de nuestra vida diaria.
Este, y no otro, es el primer precepto de obligado cumplimiento para estrechar a los unos y a los otros, para evitar políticas verticales, y también, para salvar un distanciamiento que sería altamente peligroso.

LA MALA EDUCACIÓN

Hoy les comentaré alguna cosa sobre la educación. No de la buena o de la mala, que ese es otro asunto inquietante, sino de la regulación que alguien, probablemente discapacitado para la función pública, ha articulado para orquestar la educación de nuestros hijos.
En la manía enfermiza de regular sobre nuestras decisiones más domésticas, nuestros responsables -o irresponsables- de la parcela educativa, han propiciado un sistema -más bien engendro- por el cual se arrogan la elección del centro dónde deben educarse nuestros hijos.
La intención inicial no es criticable, en absoluto, eso de procurar un espacio común e igualitario en el campo de la enseñanza. Pero luego, como suele pasar, las buenas intenciones se transforman en pésimas ejecuciones.
A tal efecto, el resultado es hondamente deplorable. A aquellos a los que la educación de sus hijos siempre les importó un rábano, han encontrado una versión gratuita para reconfortar su dejadez. Por otra parte, los que van sobrados, los muy pudientes, no tienen inconveniente alguno en pagar los mejores colegios para sus hijos, sin despeinarse. Mientras, los que han ideado el plan educativo, casual y milagrosamente, encuentran huecos en los colegios más convenientes. Pero nosotros, el resto, los de a pie, los que estimamos primordial la educación de nuestros hijos y estamos dispuestos a sacrificios por conseguirla, estamos obligados a enrolar a nuestros hijos en centros educativos que no estimamos acordes con nuestras aspiraciones. Y no reclamen, ni llamen, que no sirve de nada.
De este modo, sólo si es usted un buen falsificador de datos, o un intrigante de las oficinas públicas, o un adinerado, o un “ex” de cualquier cosa -toxicómano, convicto, etc.-, conseguirá la prerrogativa de educar a sus hijos según sus gustos o, al menos, en un centro medianamente potable.

lunes 26 de noviembre de 2007

El año en que paró el tiempo (Planeta 1995)

Héctor Sinfónico acudía diariamente a misa de siete para adornar la celebración con fondos de mandolina. Apenas sonar el primer toque de campana ya estaba junto al altar afinando el instrumento, manipulando las clavijas con dejes de sabiduría y sentimiento, saboreando cada sonido con la mirada perdida en el infinito. Emerencio Sacristán le arrimaba un vasillo de vino para que humedeciera la inspiración y el músico lo consumía a buchitos, sin apartarse del desvanecimiento artístico, y luego continuaba precisando las notas sin parar de recorrer su particular laberinto de melodiosas nubes.
La discutible pericia armónica de Héctor Sinfónico fue de eclosión tardía, pues anduvo media vida preguntándose qué le hacía verse diferente a cuantos le rodeaban, detectar lo desapercibido, sentir el mundo como un turbión de detalles, gozar acariciando la piel de un bebé o quebrantando una hoja seca, poseer aquel torbellino de sensibilidades extrañas por desacostumbradas. Anduvo desorientado hasta que, curioseando en el desván, encontró la mandolina atrapada entre telarañas y arrancó por accidente de sus cedidas cuerdas los primeros sonidos desafinados. Luego se encerró con la mandolina en una cueva a media montaña y se prometió no regresar sin que los ruidos se hicieran música. Héctor Sinfónico estuvo meses analizando y combinando estridencias, ajeno a las idas y venidas del sol y la luna, procurando transmitir a la mandolina el extraño sentir que le brotaba de adentro, pero hasta los pájaros callaban y escapaban presurosos del martirio. Hasta que meses más tarde, una buena mañana, se quedaron los pájaros y comenzaron a trinar desde los árboles como agradados, acostumbrados o llanamente resignados a las melodías de Héctor Sinfónico. Sólo entonces regresó a La Sagra y hacía música por las esquinas, en bodas y bautizos, en fiestas y celebraciones, y Padre Dionisio le llamó para que se ganara el pan alegrando con sus notas la misa de siete.
Padre Dionisio salió de la sacristía como Lázaro del sepulcro, con el recogimiento y la palidez del recién resucitado, y fue recibido por un solemne arpegio de mandolina. Avanzaba con pasos cortos y suaves ‑más que pies parecían ruedas‑, recogiendo las manos sobre la frente con tal fastuosidad que el orondo monaguillo que le seguía hacía ímprobos esfuerzos por contener la hilaridad. Padre Dionisio ojeó el rebaño desde el altar, memorizando cuantas ovejas habían tomado el sendero equivocado, la existencia de algún carnero que otro y cómo aquella corderita de la tercera fila había sido esquilada a conciencia hasta quedar preñada.
- Amados hermanos. Henos aquí congregados para llamar a presente la pasión de Nuestro Señor y trasferirle infinita gratitud por eximir las máculas de nuestras omisiones existenciales. Reflexionemos sobre todo ello.Nadie reflexionó sobre nada que nadie comprendía palabra, se limitaron a responder por mera cortesía con un barrunto ininteligible. Luego se hizo en el templo un denso y respetuoso silencio, alterado sólo por retortijones fragorosos en algún lugar de las primeras bancas que eran respondidos puntualmente por quebradas notas de mandolina.

Teoría sobre los jerezanos y sus duendes (Almuzara 2007)

SOMOS LO QUE BEBEMOS

Caballero Bonald, uno de nuestros jerezanos más ilustres, eligió la sentencia "somos en tiempo que nos queda" como título de su colección poética, lo que quizás sea un aviso de esa irremediable mirada hacia el final que preside el último tercio de nuestras vidas. Pero yo, que también comienzo a vislumbrar el final más cercano que el principio, y creyendo ajustarme a la más íntima filosofía vital del escritor jerezano, apuesto mejor por el lema "somos lo que bebemos", lo que además, en Jerez de la Frontera, es particularmente indiscutible.
Y es que, puestos a pensar, resulta un descubrimiento sorprendente que la ingestión desigualmente moderada de vino haya sido el cauce constante de nuestras principales emociones y, si me apuran, de todos los pasajes de nuestra vida que han sobrepasado lo ordinario. Basta con hacer un simple recuento retrospectivo de las experiencias de cada uno.
De modo que voy a permitirme un acto de liviana desobediencia hacia esa súbita manía gubernamental por las prohibiciones, hacia ese exceso normativo inspirado, seguramente, en un paternalismo inaceptable o, a lo peor, en una conculcación de las libertades más domésticas, para proclamar que aquí, en Jerez, "somos lo que bebemos".
La tozuda realidad refrenda que no es posible elaborar una mala radiografía del jerezano sin condicionar sus conductas a la clarividencia beoda, o a la procacidad después de algún vaso, o al achispamiento por inhalación, o a las derivaciones no etéreas de un territorio eminentemente vinatero, porque en estas influencias vínicas se encuentra, sin lugar a dudas, la única razón que nos sella y diferencia.
Así que casi todos los jerezanos, ya sean nativos o adoptivos, podrían sentirse aludidos con desigual concisión por las caricaturas de este libro, y yo el primero. Reconozco, a veces con algún sonrojo, que siempre me ha apasionado ese Jerez diverso, la singularidad de sus liturgias, sus luces y aromas, los lutos y las juergas, sus sesgos sociales, la gente a secas, los señores y los señoritos, los que van a pie y los que van a caballo, la naturaleza de sus excentricidades y manías, sus rancios orgullos, sus desmanes y tradiciones,… un entremezclado y nada unánime cajón de virtudes y defectos. Bien distinto es que legitime todos esos atributos. A mi juicio, ni podemos obviar que los vicios heredados han sido y son el panorama indiscutible y frecuente de nuestras vidas, como tampoco podemos negar que su superación significa el principal estímulo vital del jerezano.
La persuasión que me inspiran esos asuntos no es de corte sospechoso, sino que pudiera tratarse de una fijación entre afectiva y literaria, o de un ánimo indagador sobre los jerezanos laterales o mediáticos, variopintos o típicos, estrafalarios o apasionantes, arbitrarios o ecuánimes, crueles o ejemplares, que sugieren la nada descabellada hipótesis de que existen gérmenes secretos circulando por las calles jerezanas.
De existir esos gérmenes, bien pudieron envenenar a los "acostados" descritos por Caballero Bonald, hombres y mujeres de su familia que un buen día decidieron encamarse y no levantarse nunca más, o a Benito Pérez Galdós, que a lo largo de su obra manifestó la adscripción de algunos de sus personajes y la suya propia a esa injerencia secreta, o a Lola Flores, cuando apuntó que, tras cada esquina de Jerez, había un duende escondido -ella tenía un puñado de ellos dentro-, o al mismo Rafael de Paula, que manifiesta en todos sus actos cierta proclividad a esos gérmenes inopinados, o a tantos otros, célebres o no, pero evidentemente inoculados por los duendes.
Tengo firmes sospechas de que esos gérmenes, o duendes, mucho tienen que ver con el vino o, al menos, con las fragancias que despiden las bodegas. Quizás eso explique demasiados asuntos inverosímiles.
En otro orden de cosas, duendes aparte, he encontrado más dificultades que las puramente etílicas o las livianamente sobrenaturales a la hora de elaborar una teoría del jerezano.
En primer lugar, porque no soy demasiado adepto a la construcción de teorías, es más, siento algún rechazo por esos estudios de las pintorescas monerías de unos pocos que luego son enarboladas como bandera del conjunto, quizás porque así sólo se logran versiones muy pintorescas pero tan simplistas como falseadas. Hay quienes gustan de encerrar las conductas humanas en módulos estancos, algo así como guardar viento en tarros de cristal, o pasar la apisonadora sobre las singularidades individuales hasta que respondan a cerrados patrones de conducta que quepan en un par de renglones, pero no es mi caso.
Luego, y no es un aprieto menos importante, porque es complicado hablar del jerezano sin incurrir en la temeridad. Mis paisanos, sobre todo los más gritones y los dueños de la razón absoluta, son muy suyos con aquello de la sensibilidad patria y suelen repeler los juicios dietéticos con la crucifixión del desaprensivo. Así que, me temo, diga lo que diga en estas páginas, calle lo que calle, o haga lo que haga, siempre habrá alguien que me crucifique inapelablemente, aunque reconozco que esto no me acongoja en absoluto sino que, más bien, me añade cierta dosis de determinación.
En cualquier caso, me sería imposible hacer de rapsoda castrado y formular gratuitas lisonjas a la carta. Y no se trata de una heroicidad, ni mucho menos, ni tampoco de una provocación que busca determinadas reacciones airadas del lector -uno de esos ruidosos trasfondos que son usados para alegrar las ventas-, sino que, simple y llanamente, esa clase de acosos suele agudizar mi insana afición a nadar contracorriente y, también, significar un estímulo añadido para la ecuanimidad.
Creo contar con cierta ventaja de partida respecto a otros, la de una perspectiva visual menos integrista y más serena del panorama jerezano, y es que la intermitencia de mi presencia en Jerez me ha desembarazado de muchos dogmas y fijaciones. Lo que no es poco.
Por lo demás, yo no me atrevería a asegurar que las particularidades reales del jerezano tengan mucho que ver con la imagen externa que proyectamos, sino que ésta pudiera ser una versión maquillada y agrandada de la estética colectiva que conviene difundir, algo así como colocarnos castañuelas y peineta para hacernos atractivamente distintos ante el visitante.
Sin embargo, estas maniobras no son nada novedosas. Desde siempre y en todas partes, las tribus han tenido la urgente necesidad de encontrar sus sellos y banderas, unas maneras propias, alguna forma de identidad, y para tal fin han elaborado las etiquetas colectivas, reclamos publicitarios con los que se muestra al exterior una fisonomía determinada.
Esta irrelevante argucia comercial se aprecia nítidamente en Andalucía, donde somos muy dados a la exaltación desaforada de lo propio y solemos vendernos como los mejores, como los más graciosos, como los más devotos, como los más felices, como los más espontáneos y como los más cálidos. Luego, de remate, como segunda parte de tan pormenorizada planificación, aparecen algunos otros que procuran convencernos de ser lo que jamás hemos sido.
Por tanto, no creo que los principales distintivos del jerezano tengan mucho que ver con esas florituras, sino que, más bien, son herencia de determinadas circunstancias históricas, o el resultado del envenenamiento de esos duendes misteriosos que circulan por las calles, o mejor aún, ambas cosas solapadas.
Respecto a lo histórico, no existe la más mínima unanimidad. Unos observan el pasado bodeguero de Jerez -nuestro más agudo condicionante- como una lacra, o cuando menos, como una traba que angostó determinados aspectos de su desarrollo espiritual. Otros, desde la acera opuesta, no sólo atribuyen a ese esplendor vinatero las culpas de la prosperidad, sino que le achacan además buena parte de los trazos de la identidad jerezana. Y yo pienso, en cambio, desde una perspectiva distinta, sin deber nada a nadie y nada prisionero de siglas y etiquetas, que se trata de una circunstancia histórica inamovible que, bien o mal, indudablemente nos ha llevado de la mano hasta el presente.
El segundo aspecto, lo de los duendes, es a mi gusto un tema absolutamente incuestionable.
En términos generales, los jerezanos no somos todos iguales, ni siquiera parecidos, ni entre nosotros ni en comparación con el resto, aunque sí tengamos cierta tendencia a la apropiación de puntuales aspectos del paisanaje para insertarnos en ese espacio común de las estéticas y las costumbres lugareñas, una forma de sentirnos acogedoramente integrados en el enjambre. En cualquier caso, esas semejanzas forzadas no son un asunto que me interese sobremanera, ni que estime prioritario a la hora de bosquejar al jerezano, porque lo que me importa realmente es la indagación acerca de esos duendes, de esos gérmenes que planean en el ambiente, de ese acto inoculador que determina conductas y personajes sorprendentes.
De modo que, definitivamente, lamentándolo mucho, no desarrollaré un tratado axiomático sobre el jerezano, ni siquiera llevaré a cabo un trabajo medianamente riguroso, sino que me contentaré con hacer un repaso liviano, jacarandoso, un reojo inspirado en las anotaciones que permanecen en mi embustera memoria. Quién sabe si, bajo esta declaración de intenciones, podré lograr resultados más verídicos, más ecuánimes y menos serviles de los que he leído hasta el momento.
Y para una mejor comprensión de mis propósitos, permítanme alguna recomendación aclaratoria o, más bien, la invitación a un útil ejercicio táctico. Les aseguro que no viene nada mal para desenmascarar mi estrategia.
Se trata de emplazarnos ante una pintura impresionista. Vista muy cerca, no reconoceremos nada coherente, acaso manchas emborronadas, trazos desangelados, un amasijo de colores que no vienen a cuento. Pero, si retrocedemos unos pasos, lentamente, apreciaremos cómo esas abstracciones se van relacionando, cómo se casan las manchas con los trazos, cómo los colores netos se hacen matices y, más tarde, tras el último paso de alejamiento, cómo por arte de magia aparece un paisaje.
Si contemplamos una pintura romántica, la cosa cambia. Todo es visible y reconocible, evidente, y sin embargo, hay algo imperceptible que no nos permite el sosiego observador. Averiguaremos que esa turbación procede de la dislocación de los edificios, apreciaremos que la prominente espadaña de la iglesia jamás podría aparecer junto a aquel arco. En definitiva, que el autor ha manipulado los elementos a su antojo, sin ninguna obediencia topográfica, en aras de su visión estética. Pero no rechacemos de primera esa alteración de la realidad, esa vulneración de la lógica, la ruptura de los elementos visuales que yacen en nuestra memoria, sino aceptemos esa versión falsaria tal cual y saquemos conclusiones de lo que vemos y sentimos, y no de lo que queremos ver.
Bajo estas premisas pictóricas he dispuesto mi intención narrativa, como pinceladas inconexas, trazos desgarrados y borrones confusos, o a base de elementos intencionadamente trastocados, falsos o dudosos, lo que, traspasado del lienzo al papel, se transforma en una confesa manipulación de personajes jerezanos, de situaciones, de extravagancias, de degeneraciones, de hábitos, de peculiaridades y de gustos que pueden no ser reales, pero sí posibles.