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17/2/11

PAPÁ CHAVES

Cada vez que digo que he dejado de creer en los políticos, entre otras muchas cosas por prostituir la democracia, no me refiero a todos, ni siquiera a muchos, pero sí a bastantes. Y esa actitud desahogada o desvergonzada o arbitraria o sectaria afecta desde el más alto representante de la formación hasta el que limpia los polvos de la sede -los atmosféricos, se entiende-.
He leído con mucho detenimiento, para que nadie pueda cazarme, la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia de Andalucía que obliga a la Junta a investigar un incentivo de más de diez millones de euros, que se dice pronto, a una empresa cuya apoderada, casualmente, es la hija del ex presidente Chaves. Y es que el señor Griñán, en su momento, haciendo uso del principio de imparcialidad, decidió que este hecho no debía ser investigado. Al fin y al cabo casi 1.700 millones de pesetas de dinero público es una minucia.
Pues bien, de la lectura de la sentencia se derivan muchos aspectos altamente pestilentes. Pondré algún ejemplo.
Primero, la señora Paula Chaves, hija del ex presidente, intervino en el expediente sólo antes y después de la firma pero no durante. Esa presencia ausente sólo es explicable como artimaña para que no quedara constancia oficial de su intervención y papá Chaves no fuera salpicado. Como segunda muestra maloliente, esos incentivos -concretamente señalados para la minería- no existían entonces y fueron creados con sospechosa urgencia poco antes de su concesión endogámica. O tercero, que más que olor es palomino, se aumentó de manera inmotivada la cuantía del incentivo de 6 a 10 millones de euros, como una propina. O cuarto, por si fuera poco, después de ponerlo a huevo, la empresa de la hijísima incumplió flagrantemente muchos requisitos indispensables en la solicitud.
En todo caso, si tras la investigación que solicita el alto Tribunal andaluz se demuestra lo que parece, existe una triple responsabilidad del huido señor Chaves. Responsabilidad política, en cuanto a hacer las maletas y ser retirado a algún alto puesto muy bien remunerado del cementerio de los elefantes amordazados. Responsabilidad disciplinaria, en cuanto se saltó a la torera una incompatibilidad manifiesta. Pero también una responsabilidad penal que se obvia sospechosamente porque, por la mitad de eso, cualquier españolito de infantería pasaría en “chirona” buena parte de su vida.
Y ahora a ver quién es el guapo que pueda reprocharme mi terca desconfianza hacia los políticos.

2 comentarios:

Mari Carmen dijo...

a mi ya todo esto me parece de juzgado de guardia,¿cuanta gente lo esta perdiendo todo por no tener trabajo?y esta camada de sinverguenzas,ladrones robando dinero publico a manos llenas,si hay justicia que les hagan reponer todo el dinero a las arcas y vayan a la carcel,con tanto ladron de guante blanco,me estoy replanteando
no pagar impuestos,pero a mi seguro que si se me hechan encima porque me estan demostrando que la justicia no es igual para todos

Carlos Jurado Caballero dijo...

Es así Mari Carmen. Pero cometen el mayor delito de los existentes; traicionar la confianza y reírse de la gente. No hay pena suficiente para esto.
Un saludo.